Tras tres cuartos de partido de una notable superioridad, el Celta dejó escapar en diez minutos nefastos tres puntos que parecían asegurados. Errores individuales –y uno arbitral- privaron a Unzué de un estreno con victoria en un partido que demostró que el fútbol de alta competición está muy lejos –prácticamente es otro deporte- de los amistosos de pretemporada.
Borja Refojos | Tinta Celeste

Celta 2-3 Real Sociedad

Celta: Sergio; Hugo Mallo, Cabral, Fontàs, Jonny; Radoja, Wass, Jozabed (Lobotka, min. 76); Iago Aspas, Pione Sisto (Hjulsager, min. 86) y Maxi Gómez (Pablo Hernández, min. 67).
Real Sociedad: Rulli; Odriozola, Aritz, Raúl Navas, Kevin; Illarramendi, Zurutuza; Canales (Vela, min. 57), Xabi Prieto (Aguirretxe, min. 81), Oyarzabal (Juanmi, min. 67); y Willian José.
Árbitro: Mateu Lahoz (Comité Valenciano). Amonestó con tarjeta amarilla a los jugadores locales Maxi Gómez, Jonny y Hugo Mallo y al visitante Illarramendi.
Goles: 1-0 Maxi Gómez (min. 22). 1-1 Oyarzabal (min. 33). 2-1 Maxi Gómez (min. 50). 2-2 Juanmi (min 80). 2-3 Willian José (min. 88).
Balaídos. 16.961 espectadores. Se guardó un minuto de silencio en memoria de las víctimas del atentado terrorista de Barcelona.

Uno de los muchos tópicos que rodean al fútbol se da cuando un lesionado –sobre todo de larga duración- está listo para volver a jugar. Siempre se dice que tiene el alta médica, pero no la competitiva y que necesita minutos para estar a un nivel óptimo.

Lo sucedido en el partido de debut de Juan Carlos Unzué al frente del Celta tiene muchas similitudes con esta premisa. El equipo venía de bordarlo ante la Roma en un primer tiempo que fue claramente lo mejor del técnico navarro desde su llegada y un segundo que fue un trámite. Pero cuando acaban los simulacros y empieza el fuego real –contra la Real- ni es tan fácil golear ni lo es salir indemne cuando te desenchufas. El equipo vigués tenía el partido muy controlado con 2-1 en el marcador, pero en lugar de seguir atacando como venía siendo usual en los últimos tres años, se refugió en dos líneas de cuatro para contener a un equipo txuri-urdin que tiene calidad. Los errores individuales permitieron que Juanmi empatase primero y Willian José rubricase la remontada desde los once metros, en un penalti que claramente fue fuera, pero que viene de un error muy grave de Jonny.

Maxi Gol

Antes del fatal desenlace, el Celta volvió a dejar muy buenas maneras en una primera parte brillante en la que encontró menos premio del que mereció. Sirvió para ver a Jozabed brillar y entender como nadie el libreto de estilo de Unzué, a Sisto encarar como siempre y levantar la cabeza como nunca y a Iago Aspas intentarlo aun sabiendo que está lejos de su mejor nivel y también lejos de su mejor posición. Pero sobre todo, sirvió para ver el olfato goleador de Maxi Gómez. El uruguayo es una tintorera y el área es su estanque. Fuera de ella se ahoga, sufre, se vuelve inofensivo. Pero ay dentro. El estilete se encuentra en su hábitat natural y tiene lo que más se paga: gol.

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Otra cosa no, pero el muchacho tiene gol.

Se estrenó como titular y como goleador para estrenar la cuenta goleadora del Celta este curso. Un centro de Sisto lo dejó muerto Wass en el segundo palo para que Maxi empujase. Ya en la segunda parte volvió a aparecer para cazar otra peinada, esta vez de Cabral en un córner, y rematar cruzado muy lejos del alcance de Rulli.

Morir en el intento

Decía Unzué en la sala de prensa tras el partido que pretende “morir con su idea”. Tanto es así que los apoyos de Sergio en la salida de balón, hasta el momento impecables, encontraron en su primer error el gol de Oyarzabal, que recogió la pelota servida por el de Catoira para meterla dentro con un gran toque con el interior. Fue el principio del calvario del guardameta celeste, muy nervioso desde ese momento. La exigencia desde el banquillo seguía siendo la misma; la confianza no. Sergio cometió sucesivos errores y los pitos desde la grada no fueron precisamente de ayuda. Entremedias logró hacer una buena parada a un disparo de Illarramendi desde la distancia y, sobre todo, iniciar con un saque en corto la jugada que terminó en el córner que sirvió para volverse a adelantar en el marcador.

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El caloret.

La red

Si a algo se había acostumbrado el Celta en los últimos años es a jugar sin red. A buscar otro gol nada más marcar, a presionar más intenso, más arriba, como si no hubiese un mañana.  A tirar hacia arriba, sin mirar hacia abajo, escapando permanentemente del precipicio. Esto le costó derrotas y disgustos. Pero si algo demuestra el fútbol es que no existe la propuesta perfecta. Con las tan denostadas marcas individuales abolidas, el equipo volvió a mostrarse frágil atrás y encajó tres goles. Y con ventaja en el marcador, Unzué decidió guardar un poco la ropa, primero cambiando a 1-4-4-2 y luego poblando el centro del campo para tratar de atascar a la Real.

La idea era buena –todas lo son en las cabezas de los entrenadores- pero no funcionó. El equipo donostiarra encontró la manera de hacer daño, primero obligando a Sergio a cometer errores, segundo introduciendo veneno con Juanmi, Vela y Aguirretxe y, tercero -sobre todo tercero- aprovechando las ocasiones para marcar. Primero Juanmi en el 80 tras un error en cadena y luego Willian José, que aprovechó el doble fallo de Jonny y del árbitro –señaló penalti cuando la falta era fuera- para infringir un castigo demasiado severo y seguramente también injusto, aunque la justicia es muy relativa cuando hay fuego real.

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