En los últimos tiempos se está repitiendo ya demasiado la misma situación: esa en la que el Celta, tras protagonizar grandes noticias, acaba besando la lona de forma cruel, muchas veces por culpa de errores propios, de planteamiento o puntuales. Y el celtismo se marcha a casa cabizbajo, con cara de pocos amigos. Preocupado por el constante mal fario. Esa sensación se acentúa en el primer partido de Liga, ya sea por la ilusión vertida en un nuevo comienzo, o por el hastío provocado por el cambio de ciclo tras tres buenas temporadas. Elijan la sensación que más se les adapte.
Miguel Gallego | TintaCeleste

El Celta de Juan Carlos Unzué es un proyecto nuevo y, en ciertos aspectos, revolucionario. Sin embargo, también es un Celta continuista, con muy pocas caras nuevas, y con algunos de los vicios heredados de generación en generación. Por ejemplo, la debilidad defensiva y la tendencia a tirar por la borda todo el trabajo con un par de errores absurdos. Cierto que, en esto, influye la decidida apuesta del nuevo técnico por sacar el balón jugado. Pero el resultado final, esa sensación de haber perdido lo que el rival no fue capaz de ganar por sí mismo, amenaza con pasar a formar parte del escudo.

Fútbol valiente

Hay una cosa que no cambia, que se persigue desde los despachos y se alienta desde la grada. Es el fútbol de salón que llevó al Celta a la élite, después al hoyo, y finalmente otra vez al lugar que le corresponde al equipo, la máxima categoría. Esa propuesta valiente, que sucesivamente buscan los técnicos elegidos, sirve como consuelo cuando llega el palo, la decepción. Después llegan interminables discusiones entre los entusiastas de ese tipo de juego y los aficionados más resultadistas, que por supuesto también abundan entre el celtismo.

Unzué asegura que su hoja de ruta no va a cambiar, que insistirá con esta apuesta porque solo así llegarán los resultados

El Celta de Unzué también va a ser valiente. Va a buscar la posesión de la pelota, y va a intentar mantenerla a base de rápidas combinaciones. No importa el lugar del campo en el que se encuentre, el balón va a circular con velocidad. Lo hizo contra la Real, tanto en campo propio como cerca del área rival. El riesgo es evidente, y se magnifica durante estos compases iniciales del campeonato, cuando los automatismos aun no están consolidados. El técnico pidió paciencia tras la inesperada derrota, fruto de errores defensivos difíciles de explicar. Y aseguró que su hoja de ruta no va a cambiar, que insistirá con esta apuesta porque solo así llegarán los resultados.

Confianza

Es normal que se resienta. Después de tantos desenlaces crueles, de acariciar la gloria para acabar con solo una palmada en la espalda como premio, los futbolistas experimentan sensaciones parecidas a las de su afición. Llega el error, el rival aprieta y amenaza la ventaja que tanto trabajo ha costado y que con tanta clase se ha conseguido, y aparecen las dudas. Los músculos se atenazan, las piernas no obedecen, y se repite el error. Y otra, y otra vez. Desde la banda se alienta, se premia la insistencia en la arriesgada apuesta. Pero los nervios pueden más que cualquier dinámica de partido. Y eso ya lo hemos visto en demasiadas ocasiones.

Los nervios pueden más que cualquier dinámica de partido

El fútbol moderno se ha llenado de cuerpos técnicos multitudinarios, con ayudantes varios que se reparten las diversas parcelas de la vida del equipo, e incluso se incorporan psicólogos para trabajar con veinteañeros cargados de presión. Toda arma es poca en un mundo en que cualquier detalle, por pequeño que sea, separa el triunfo del fracaso. En este contexto es inevitable señalar a dos futbolistas sobre los que influyen de manera especial las incidencias del partido. Sergio Álvarez y Jonny. Capaces de protagonizar actuaciones soberbias, de ser determinantes en algunas de las victorias más recordadas del Celta. En otras ocasiones, tras un fallo se vienen abajo y pierden toda su confianza, con el agravante de que forman parte de la línea defensiva, la más expuesta del equipo. Contra la Real exhibieron un catálogo de nervios impropio de su experiencia. Errores en el control y errores en la entrega que acabaron costando los tres goles encajados por el Celta. Urge que recuperen su confianza lo antes posible porque son dos piezas clave en el entramado de Unzué.

El efecto inaugural

La gravedad de la situación no deja de ser relativa. El Celta ha perdido un partido. Un partido que iba ganando cerca del final, es cierto, pero un partido. Sin embargo, el debut siempre tiene el poder de magnificar su efecto: una victoria, incluso una goleada que permita saborear el liderato catapulta automáticamente las expectativas de la afición. Una dolorosa derrota en casa suele llenar el futuro de dudas, e incluso provoca nuevos y desesperados fichajes.

No entra en ninguna quiniela que el club se plantee incorporación alguna para la parcela defensiva

El Celta se sigue moviendo en el mercado buscando ese hombre de ataque con gol que complete la plantilla. Ese hombre ya no será Larsson. Lo que no entra en ninguna quiniela es que el club se plantee incorporación alguna para la parcela defensiva, la más castigada por el Celta-Real Sociedad. Si ocurriese algo así sería toda una sorpresa, teniendo en cuenta que la directiva no es, ni mucho menos, de gatillo fácil a la hora de gastarse el dinero. Así que habrá que armarse de la paciencia que solicita Unzué.

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