Pocas veces se recuerda a un portero por otra virtud que no sea su destreza bajo palos. Casos como los de René Higuita o José Luis Chilavert suponen auténticas excepciones en una demarcación en la que pocas veces se dispone de la oportunidad de entablar una relación con las redes rivales. A mediados de la década de los 70 se pudo vivir un caso similar cuando Carlos Alberto Fenoy fichó por el Celta.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Por entonces ver a un guardameta lanzar un penalti resultaba todavía más excepcional que hoy en día. El loco Fenoy, nacido en Buenos Aires en 1948, contaba en su currículum con experiencias al más alto nivel —Newell’s, Vélez y Huracán— en el fútbol argentino. Pero lo de ejecutar penas máximas no fue algo premeditado. De hecho durante su primera campaña en el Celta él no se encargaba de dicha tarea. En aquel curso, el 1975/76, Fenoy —indiscutible primero para Mariano Moreno y después para Carmelo Cedrún— tan solo encajó 20 goles. Por entonces destacaba por sus reflejos y sus excelentes prestaciones en el mano a mano con los atacantes rivales. El Celta, que acababa de perder la categoría, logró el ascenso a Primera.

De penalti

Fue en el curso siguiente en el que, tras un entrenamiento, el bonaerense convenció a Carmelo Cedrún de sus virtudes a la hora de patear sobre la portería contraria. El técnico olívico decidió que Fenoy sería el encargado de lanzar los penaltis durante la temporada 1976/77, en la que el Celta volvía a enfrentarse a los grandes. En la tercera jornada de liga iba a llegar su primer tanto, tras batir desde los 11 metros a Arconada. Elche y Las Palmas recibirían sendos goles suyos en la quinta y la séptima jornada, respectivamente. Dos semanas después cometió su primer error cuando Miguel Ángel rechazó su lanzamiento pero el loco capturó el rechace y lo llevó a las redes madridistas. Con cuatro tantos en nueve jornadas Fenoy figuraba entonces en los primeros puestos de la lista de máximos artilleros de la liga española.

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Fenoy dejó huella durante su paso por Vigo (Foto: yojugueenelcelta.com)

Desgraciadamente aquel ritmo no se pudo mantener y el de Buenos Aires tan solo conseguiría transformar un lanzamiento más, durante la segunda vuelta, en la visita a la Unión Deportiva Las Palmas. Un nuevo fallo ante el Hércules en la jornada 31 cerró aquel capítulo, por entonces tan llamativo. Además el buen inicio del equipo no tuvo continuidad y los de Vigo terminaron penúltimos, lo que les condenó a retornar a la División de Plata. La escasez goleadora del equipo dejó a Fenoy como máximo anotador de un conjunto sin pólvora, que vio como ningún otro futbolista pudo superar la ridícula cifra de tres tantos.

Fenoy, víctima de la impotencia, cometió el error de realizar un corte de mangas a la afición

Al año siguiente, primero con Toni Cuervo y después con Maguregui, Fenoy volvió a su rol de arquero, en el más tradicional de los sentidos. Los de Vigo, en plena fiebre ascensora, regresaron a Primera tras finalizar en tercera posición. Lamentablemente aquel fue el principio del fin. Durante el curso 1978/79 el peculiar cancerbero sudamericano cedió buena parte del protagonismo bajo palos a Fermín Hortas y tan solo jugó 16 partidos de liga en otro curso nefasto, que terminó con los de celeste en Segunda. Con más de 30 años Fenoy estallaría al inicio de la temporada siguiente, con unas declaraciones —“no me sirve de nada ser un ídolo en Vigo ya que vine a ganar plata”— que anunciaban que su carrera debería continuar en otro club.

Punto de preocupación

El 7 de octubre de 1979 Fenoy iba a vivir su última experiencia como futbolista del Celta. El equipo, dirigido por Pedro González Pedrito, no había iniciado bien el curso y venía de una dura derrota —4-2 en Palencia— que le había dejado en zona de descenso. Aunque tan solo iban consumidas cinco jornadas la temporada ya no apuntaba en una buena dirección, con varios futbolistas nerviosos por no haber podido cerrar su renovación y la grada más que disgustada tras el último descenso de categoría. Con esos condicionantes se presentaba en Balaídos un Alavés que llegaba en segunda posición, tras haber sumado siete de los diez puntos disputados. El equipo que comandaba por segunda temporada consecutiva Txutxi Aranguren venía confirmando las buenas sensaciones con las que había finalizado la campaña 1978/79.

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Momento en el que Fenoy lanzaba un penalti para batir a Arconada (Foto: yojugueenelcelta.com)

Así las cosas el encuentro comenzó con poco ritmo aunque con cierto control por parte de los de casa. Con Mori como hombre más destacado en el frente de ataque celeste, Culafić y Carlos dispusieron de dos buenas oportunidades para adelantar al Celta cuando ya se había superado la media hora de juego. Poco antes del descanso fue Ademir quien, tras sacar una falta, creó cierta incertidumbre en el área blanquiazul aunque sin fruto alguno.

No me sirve de nada ser un ídolo en Vigo ya que vine a ganar plata

A la vuelta de vestuarios el camino parecía quedar franco para los de Pedrito cuando el defensa Zuloaga era expulsado tras una durísima entrada a Del Cura. El Celta se hizo dueño y señor del partido y su dominio no tardaría en cristalizar. En el minuto 60, Manolo se sumó al ataque y aprovechó para desviar un disparo de Salvador y colocar el 1-0. Los de casa, cada vez más cómodos, ampliaban su renta nueve minutos después tras un remate de cabeza de Ademir tras centro de Canosa desde la derecha. En ese momento pocos podían imaginar lo que iba a suceder en un último cuarto de hora en el que los locales se recrearon en su ventaja y cometieron el peor error en el que se puede caer: dejar correr los minutos sin buscar el tercer tanto que hubiese sentenciado el choque. El Alavés iba a recortar distancias en una jugada a balón parado. Con la zaga céltica dormida, la media salida de Fenoy se convirtió en un regalo para Salamanca, que cabeceó a la red y situó el 2-1 en el electrónico a falta de 12 minutos para la conclusión. A partir de ahí los nervios hicieron el resto. A tres minutos del final, en un calco de la jugada anterior, fue Amuchastegui quien aprovechó los regalos de defensa y portero célticos, tras un nuevo lanzamiento de falta.

Locura transitoria

Vamos, que si se repasa el partido todo suena muy Celtiña. Sucedió hace casi 40 años pero la película podría perfectamente haberse rodado el domingo pasado. El 2-2 final supuso un mazazo de dimensiones gigantescas para el club olívico, sobre todo tras haber tenido el partido en el bolsillo. Cuando los jugadores se retiraban a vestuarios Fenoy, víctima de la impotencia, cometió el error de realizar un corte de mangas a la afición. Aquella fue la última vez que defendió la portería del Celta.

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Fenoy, al lado de clásicos de los 70 como Juan, Manolo o Santi Castro (Foto: geocaching.com)

A la salida de vestuarios Fenoy, a quien los aficionados aguardaban —y no para felicitarle las pascuas precisamente—, se vio obligado a abandonar el estadio de Balaídos por una puerta diferente a la habitual. Fue, sin duda, una despedida tan triste como desagradable para un portero a quien se recuerda en Vigo mucho más por los buenos momentos que dejó bajo palos.

Lejos de Vigo

Con 32 años se marchó a Valladolid, donde se iba a mantener como titular durante ocho temporadas inolvidables tanto para él como para su club. Los de Pucela llegaron a conseguir un título oficial —la Copa de la Liga 1983/84— y siempre se mantuvieron en la máxima categoría. Allí no se prodigó en el lanzamiento de penas máximas pero sí consiguió batir a Tommy N`Kono en septiembre de 1984 para que su equipo se llevase un punto del estadio de la Carretera de Sarrià. A finales de la década de los 80 Fenoy se retiró y regresó a su país, donde vive actualmente alejado de todo el circo del fútbol.

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Reportaje de la revista Don Balón (Foto: todocoleccion.net)

Él sostiene que jamás hizo nada para que le apodasen loco. Pero lo cierto es que en Vigo su ‘locura’ dejó huella. Su carácter extrovertido y la facilidad para asumir responsabilidades dejaron bien claro que no se trataba de un portero más. Su despedida no fue más que un pequeño borrón dentro de una carrera más que consistente. Y para la historia del Real Club Celta dejó el título oficioso de máximo goleador del club en la temporada 1976/77. Seguramente habrán de pasar muchos años —quizá varias generaciones— hasta que un portero vuelva a conseguir lo que logró en Vigo Carlos Alberto Fenoy.

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