Recordar su paso por el Celta se asemeja a examinar una verdadera joya de coleccionista. En una época en la que el nivel de los zagueros se medía proporcionalmente a su capacidad para repartir leña el equipo vigués fichaba a un irlandés que se distinguía por otras virtudes. Quizás la inteligencia y el sentido común de Jimmy Hagan eran las características que necesitaba el club olívico para dejar atrás una irregularidad que le impedía mantenerse entre los grandes.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Jimmy Hagan, nacido en 1956 en la localidad norirlandesa de Monkstown, llegó ya con 30 años a Vigo. Antes, una etapa en la que las lesiones no le dejaron brillar en el Coventry City dejó paso a cinco años en el Birmingham, club desde el que llegó al Celta. El central irlandés mostraba un gran perfil como líbero ya que sabía sacar el balón jugado y defendía basándose en su excelente colocación e intuición.

Cuando Hagan se incorporó a la plantilla dirigida por Colin Addison a principios de 1987 parecía un muy buen refuerzo con vistas a posicionar al equipo de cara a los play-off de ascenso. El irlandés llegó cuando solamente faltaban seis jornadas para finalizar la temporada regular pero desde su debut ante el Castellón el 1 de marzo se convirtió en insustituible dentro del esquema del técnico británico. El Celta, cuarto al término de las 34 jornadas que daban paso a la fase de ascenso, realizó un gran play-off y superó a Deportivo y a Sestao, sus grandes rivales en la lucha por el ascenso. El empate sin goles obtenido en Las Llanas el 21 de junio de 1987 devolvía al club vigués a una máxima categoría en la que Jimmy Hagan, a pesar del cambio de técnico, iba a seguir brillando.

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Foto: yojugueenelcelta.com

Retorno perfecto

Tras el brillante ascenso logrado en el curso anterior el Celta iniciaba con mucha ilusión la temporada 1987/88. Corrían los últimos días de agosto de 1987 y, en partido adelantado al sábado, tocaba visitar el estadio de la carretera de Sarrià. Allí aguardaba un Espanyol que, bajo la batuta de Javier Clemente, había conseguido una sensacional tercera plaza en el campeonato anterior. Los periquitos, tan solo superados por Real Madrid y Barcelona, afrontaban un ejercicio en el que iban a alcanzar la final de la Copa de la UEFA. Por su parte José María Maguregui, tras haber sufrido en sus carnes el descenso del Racing de Santander, regresaba al banquillo vigués una década después, para dirigir a los de celeste en un campo que conocía muy bien.

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Espanyol-Celta (29/08/1987)

Así las cosas el club olívico parecía la víctima perfecta para un equipo que aspiraba a codearse de nuevo con los ‘grandes’. Pero el primer tiempo dejó claro que las célebres tácticas de Maguregui iban a crear un serio problema a los de casa. El técnico vasco plantó de entrada un 4-4-2 que, ni de lejos se correspondía con el autobús por el que tanto se le recuerda. El Espanyol, muy espeso, apenas alcanzó a crear una situación de peligro al filo de la media hora, cuando Lauridsen no pudo superar a Javier Maté tras recibir un pase lateral. Antes Baltazar ya se había encontrado mano a mano con Tommy N’Kono aunque no estuvo fino en la definición. Jimmy Hagan, el mejor hombre sobre el terreno de juego, dirigió magistralmente a una zaga céltica que se vio permanentemente acosada a pesar de la escasez de oportunidades.

Sus últimos servicios con la camiseta azul cielo tuvieron lugar en Balaídos, el día de San Juan de 1989

Como cabía esperar las cosas empeoraron para los visitantes tras el intermedio. El veterano Pichi Alonso sustituía a un muy joven Sebastián Losada para acompañar a Valverde y a Pineda en punta y los de Clemente se lanzaron con toda su maquinaria a por el gol. La respuesta de Maguregui, más que previsible, consistió en retirar a Alvelo del mediocampo e introducir a Noly para conformar una zaga con cinco hombres. La última media hora, angustiosa para el Celta, supuso un verdadero bombardeo sobre la portería de un Javier Maté protegido por los palos y por una legión de hasta ocho hombres vestidos de celeste que no salían de su área. Cuando en el minuto 87 fue expulsado Vicente por doble amonestación parecía que el heroico esfuerzo de los visitantes podía resultar baldío pero el fútbol casi siempre se guarda alguna sorpresa. En el tiempo de prolongación una galopada de Moyano finalizó en una falta al borde del área espanyolista. Baltazar, en una ejecución fabulosa, colocó el balón en la escuadra derecha de la portería defendida por N’Kono. El lanzamiento, propio de un verdadero superclase, hizo completamente inútil la estirada del ágil guardameta camerunés y sirvió para consumar un retorno perfecto a la máxima categoría.

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Jimmy Hagan, en el centro de la imagen junto a Noly, como integrante de la plantilla 1987/88 (yojugueenelcelta.com)

El equipo regresaba hacia Vigo con sus dos primeros positivos en un adelanto de lo que sería una excelente campaña, en la que incluso se flirteó con la posibilidad de lograr la clasificación para Europa. Se daba así carpetazo a una década repleta de sobresaltos y en la que el equipo no era capaz de encontrar acomodo en ninguna categoría. Los de Javier Clemente, por su parte, no brillaron en liga pero sí lo hicieron en competición europea. Tras cargarse a Mönchengladbach, Milan, Inter, Vitkovice y Brujas, la victoria por 3-0 en el partido de ida de la final ante el Bayer Leverkusen parecía asegurar el título de la Copa de la UEFA para los blanquiazules. Pero en un amargo partido de vuelta los alemanes consiguieron forzar la tanda de penaltis, en la que el Espanyol claudicó.

Clase y limpieza

Jimmy Hagan completó una campaña inmaculada con la elástica celeste en la que rozó los 3.400 minutos de juego en liga. Una única tarjeta amarilla en 38 encuentros deja claro que ni las marrullerías ni las protestas formaban parte de su catálogo como defensa. Durante aquel curso su capacidad de mando, su elegancia y su limpieza llamaron la atención en los mejores estadios de España y contribuyeron de manera decisiva a que el Celta mirase durante todo el año más hacia arriba que hacia abajo. El mérito de todo el equipo fue incuestionable, más si se tiene en cuenta el enorme esfuerzo colectivo que hubo que realizar para compensar la baja de Baltazar durante prácticamente media temporada por problemas en el pubis.

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Hagan también conoce lo que se siente al dirigir banquillos (Foto: fameceleste.com)

Durante la campaña siguiente, ya con José Manuel Díaz Novoa como técnico, Jimmy Hagan no participó tanto y debió repartir minutos con otros zagueros como Gustavo Loureiro o Noly. Con todo, sus credenciales se mantuvieron y tan solo recibió otra tarjeta amarilla a lo largo de los 22 encuentros en los que intervino. Sus últimos servicios con la camiseta azul cielo tuvieron lugar en Balaídos, el día de San Juan de 1989. Con el Atlético de Madrid como rival los puntos en juego no tenían trascendencia alguna. En el minuto 78, momento en el que Jimmy Hagan fue sustituido, el público vigués le dedicó una cariñosa ovación de despedida. Sin duda dejó una huella más que entrañable luego de sus dos temporadas y media con la casaca celeste. Y, casualidades de la vida, tras su marcha el Celta volvería a caer a la División de Plata en una muy mala temporada 1989/90.

Retorno por sorpresa

Lejos de retirarse, al líbero irlandés todavía le quedaban varias temporadas en activo. El Colchester United inglés y el Oddevold sueco conocieron su clase, que terminaría por extinguirse en su país natal, donde alternó su condición de futbolista en activo con la de entrenador-jugador en varios equipos hasta 1995.

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En el centro de la fila superior, durante su reencuentro con compañeros de su época en el Celta (Foto: foro.delcelta.com)

Las últimas referencias de Jimmy Hagan datan de diciembre de 2015, cuando se presentó por sorpresa en la reunión que celebró la Agrupación de Antiguos Jugadores de Fútbol del Real Club Celta. Allí tuvo la oportunidad de reencontrarse con viejos conocidos como Maté, Lucas, Otero o Alvelo.

Sabía sacar el balón jugado y defendía basándose en su excelente colocación e intuición

No cabe duda de que todo aquel que recuerde aquellos años guardará en la retina la clase y el porte de Jimmy Hagan. Un Celta que trataba de volver a codearse con los grandes lo logró durante dos excelentes temporadas. A lo que hay que añadir la inolvidable campaña 1986/87, en la que se logró el ansiado ascenso. Su planta de mariscal imprimía una confianza y una seguridad a una zaga que sustentó a un muy buen equipo de fútbol. Y también a una afición que jamás le olvidará.

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