Ya es oficial: el Celta de Unzué aun no ha conseguido plasmar en el campo el ideario que su técnico defiende. Lo intenta en Balaídos, con más errores que aciertos y claros problemas para sumar. Pero, cuando juega lejos de Vigo, la situación es dramática. El equipo no es capaz de conseguir nada de lo que, en teoría, debería buscar. Empezando por tener el balón; siguiendo por asociarse con criterio; y terminando por crear situaciones de peligro. El resultado es una imagen que el celtismo no veía desde el tormentoso año de la vuelta a la élite. El último en el que un técnico no acabó la temporada. Tiempo tiene Unzué para arreglarlo, y calma parece tenerla toda. Habrá que ver si la histeria que empieza a aparecer en el celtismo no se adueña de los que deciden en las próximas fechas. Los resultados, como siempre, serán determinantes.
Miguel Gallego | TintaCeleste

Hay partidos buenos, malos y regulares. El del Celta en Cornellá se sale de cualquier escala razonable. A los habituales regalos defensivos, que multiplican su efecto devastador cuando se producen en los minutos iniciales, se sumó una incapacidad total de generar juego. Incluso se acumularon los errores individuales y las pérdidas de balón. No hubo ningún jugador del once inicial que ofreciese algo parecido al nivel que se le supone. Y todo ante un rival que llegaba con las alarmas encendidas, sin haber conseguido ni una sola victoria. Una dura derrota que mina la pequeña dosis de confianza que el equipo de Unzué consiguió ante el Alavés.

Una sangría imparable

Cuando un equipo va mal, sus defectos se hacen mucho más evidentes. Pero cuando sus defectos son un mal endémico que no se arregla tras años y años de sufrimiento, pasan de ser ese elefante en la habitación del que nadie habla, a convertirse en la principal causa de, por ejemplo, un décimo séptimo puesto. Y los errores defensivos del Celta son una constante desde que el equipo apuesta por el fútbol de combinación. Lo que ocurre es que, en otras temporadas (la pasada, sin ir más lejos), la gran pegada del equipo permitía soslayar las debilidades defensivas. Ahora mismo estas están batiendo récords históricos sin que nadie parezca capaz de ponerles freno.

La pareja titular de centrales, Fontàs y Cabral, ha salido claramente desgastada de las primeras cuatro jornadas del campeonato

Con el mercado cerrado, y sin posibilidad de modificar una línea defensiva elaborada con tan poco tino que, por ejemplo, solo cuenta con dos laterales diestros, no queda otra que confiar en los futbolistas que la forman. Pero, a día de hoy, ninguno parece tener el aplomo ni la confianza suficientes para solventar la situación. Ríos de tinta (celeste y de la otra) han corrido en los últimos tiempos alertando de la necesidad de incorporar algún defensa. O incluso un portero. Nada de ello ha ocurrido desde la llegada de Roncaglia, hace ya más de un año. Y no parece el internacional argentino el preferido de Unzué, aunque es probable que pronto se le vuelva a ver en el once. Su pareja titular de centrales, Fontàs y Cabral, ha salido claramente desgastada de las primeras cuatro jornadas del campeonato.

Aspas se quema

Cuando Iago Aspas está enchufado, canta la afición local, especialmente la más joven, aquello de “Aspas on fire”. Y, en este Celta huérfano de referentes, se espera que el moañés tire del carro. Pero su pasión y su celtismo son su mayor virtud y, en situaciones como esta, un gran lastre. Porque Aspas está tenso, se le puede ver bajo una gran presión. Y no es la primera vez que le pasa. La temporada pasada comenzó de manera similar, sin puntos en los tres primeros partidos, y Aspas pasó por un momento similar, muy ansioso antes de conseguir su primer gol.

La dura derrota de Cornellá mina la pequeña dosis de confianza que el equipo de Unzué consiguió ante el Alavés

En Cornellá Aspas fue de lo poco salvable del Celta, pero buscó el gol con demasiado ahínco. Él mismo reconoció tras el partido que, hasta que consiga ese primer gol, no estará completamente tranquilo, y eso es una mala noticia para el Celta. Al igual que el resto de sus compañeros, debe adaptarse al nuevo sistema, y le está costando asociarse con un rematador como Maxi. Así que, en ocasiones, acaba pecando de individualista.

Lo mejor, desde el banquillo

Los cambios pueden significar dos cosas: que el técnico dio con la tecla leyendo las necesidades del equipo tras un mal inicio, o que dejó en el banquillo piezas importantes que podrían haber dado un mayor rendimiento desde el principio. Claro que esto es algo que solo se puede analizar después del partido, a la cálida luz del resultado y del desarrollo del juego.

El Tucu y Emre Mor convirtieron al Celta en un equipo más vertical, capaz de crear algo de peligro

En este caso, está claro que el Tucu Hernández y Emre Mor le dieron otro aire al equipo. Sin llegar a desarmar al Espanyol, que no sufrió demasiado para conservar el resultado favorable, convirtieron al Celta en un equipo más vertical, capaz de crear algo de peligro. Tras lo visto durante la primera hora de partido, no parece poco. Fueron los dos últimos en llegar, y Unzué no los ha utilizado aun como titulares, algo que incluso el tucumano aceptó como normal al principio de la Liga. Pero el verano, al menos el climatológico, ya se ha esfumado y, con él, el primer mes de competición y la friolera de nueve puntos. Así que debería ser tiempo de dejar de pensar en adaptaciones y estados de forma, y empezar a buscar soluciones que mejoren el juego del equipo, única forma que conoce el Celta de conseguir resultados.

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One response to “El runrún de Preferencia: un equipo sin alma

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