El Celta cedió un frustrante empate ante el Getafe en un partido en el que volvió a dejar claro que sigue inmerso en pleno proceso de trasvase al ideario de su nuevo entrenador, que no ha conseguido dar todavía con la tecla en este inicio de curso. El cuadro celeste dejó unos buenos minutos en el primer acto e incluso se puso por delante. En el segundo, cuando más controlado parecía el duelo, el equipo se descosió por el medio y dio vida a la escuadra de un Bordalás que acertó con los cambios y ayudó a su equipo a lograr el gol de la igualada a falta de cuatro minutos para el final y en un nuevo error en cadena de zaga viguesa.
Borja Refojos | Tinta Celeste

Celta 1-1 Getafe

Celta: Sergio: Hugo Mallo, Sergi Gómez, Fontàs, Jonny; Pablo Hernández, Brais (Emre Mor, min, 60), Jozabed (Wass, min. 81); Iago Aspas, Pione Sisto (Lobotka, min. 74) y Maxi Gómez.
Getafe: Guaita; Damián Suárez, Djené, Cala, Antunes; Bergara, Arambarri; Fajr (Álvaro Jiménez, min. 56), Portillo (Ángel, min. 56), Amath (Jefferson Montero, min. 75); y Jorge Molina.
Árbitro: Trujillo (C.T. Tenerife). Amonestó con tarjeta amarilla a los jugadores locales Jozabed y Maxi Gómez y a los visitantes Antunes, Damián Suárez y Álvaro Jiménez.
Goles: 1-0 Maxi Gómez (min. 25). 1-1 Ángel (min. 86).
Balaídos. 15.068 espectadores.

¿Habéis perdido la cartera alguna vez? Es un coñazo. Ya no tanto por el hecho de perderla en sí o incluso de palmar la pasta -siempre dependiendo de cuánta llevases-, sino por la tarjeta (o las tarjetas en el caso de los más sandungueros), el carné de conduci y, sobre todo, el de identidad. Los procesos de recuperación son un peñazo. Le ha pasado al Celta. En verano extravió la cartera y, aparte de unas fotos y otros bonitos recuerdos, perdió los documentos que lo identificaban. Ahora está en ese impasse  que va entre la pérdida y la cita en comisaría para hacerse el DNI nuevo. En tránsito, como el disco de Serrat. Mientras eso no sucede, es un indocumentado. Dio de baja las tarjetas pero no puede pedir unas nuevas, ni sacar talegos en el banco porque no tiene DNI. No puede sacarse el carné de conducir porque no tiene DNI. No puede volar en avión porque no tiene DNI. Y las listas de espera están a reventar, por lo que ahí sigue, esperando.

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Pedro Pablo I de Tucumán.

Y mientras espera, muchos desesperan. Es el sino de estos tiempos, que no aguardan por nadie. Los cinco partidos de Liga disputados hasta la fecha han dejado en evidencia el limbo legal en el que vive el Celta. En el último, ante el Getafe, arrancó bien. Mucha posesión, tranquilidad y paciencia. Buenos ingredientes para que la receta tuviera éxito.

Gol de Maxi; nada menos… y nada más

Como viene siendo habitual, el equipo de Unzué manejaba bien la pelota hasta llegar a la zona de tres cuartos. Ahí comenzaba el atasco, propiciado por el conjunto visitante, bien plantado y muy organizado. Las dificultades para combinar volvían a asomar con un Aspas más ansioso que un niño la noche de Reyes y un Sisto demasiado contemplativo. El danés produce cuando tiene la pelota, pero se echa en falta un poco más de personalidad para entrar más en acción. Y Maxi. De nuevo Maxi. El uruguayo había perdido todas las pelotas que tocó y, sin embargo, en un balón ganado arriba por Hugo Mallo aprovechó la indecisión de la defensa azulona para batir a Guaita en el área pequeña.

Era el cuarto gol del atacante uruguayo que, en cuanto a efectividad de cara a portería ha caído de pie en Europa. La duda existencial radica en saber si sus goles compensan sus limitaciones fuera del área. Aspas no encuentra su espacio, ni tampoco un socio con el que tirar una pared o simplemente un jugador que pueda dar continuidad al circuito futbolístico del equipo. La efectividad del charrúa dentro del área contrasta con su inoperancia fuera de ella.

Tucu y diez más

Más allá de las dificultades en el último tercio del campo, el Celta no sufría en los otros dos. No lo hacía porque al Getafe le faltaba profundidad y porque Pablo Hernández emergió, colosal, para hacerse el dueño y señor de la zona ancha. En una posición que en principio no es la suya, el chileno dio sentido al juego, se ofreció, aportó soluciones y mostró esa agresividad de tiempos pretéritos para recuperar un porrón de balones. Él solo cortocircuito a un cuadro madrileño que solo tuvo dos amagos de ocasión por parte de Bergara.

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Iago no encuentra su sitio; abarca mucho, aprieta poco.

Junto al Tucu, la otra gran noticia fue el debut en Primera de Brais Méndez. El canterano aprovechó la oportunidad con un partido muy digno y dejó buenas acciones técnicas además de una buena lectura táctica para ocupar el espacio que dejaba Aspas en la derecha. Incluso tuvo una ocasión desbaratada por la defensa visitante en un balón que, de haberle caído en la izquierda, podría haber tenido otro destino.

El roto y el descosido

El Celta entraba a la segunda parte con el dominio total del partido. Sin brillar, los hombres de celeste estaban por delante ante un rival inofensivo. El tan manido modelo Barça habla de defenderse con el balón en este tipo de situaciones. Unzué, en cambio, pensó en matar el duelo con  un atacante más. El problema fue que Emre Mor entró por Brais y el equipo céltico se quedó en una suerte de 1-4-2-4. Entregó el medio al Getafe.

Arambarri y Bergara aprovecharon el agujero en el centro del campo y la escuadra azulona empezó a asomar más por el área de Sergio. De repente, un partido bajo control era un correcalles. El Celta se fue desmontando hasta el punto de no saber cuál era la posición de cada futbolista de ataque. Una especie de totum revolutum del que esperabas que en un chispazo individual se resolviese el partido.

Aspas y Mor lo intentaron pero no cristalizaron mientras que el Getafe acosaba cada vez más, eso sí, sin generar ocasiones claras. Unzué percibió la situación y metió a Lobotka por Sisto para recuperar el control perdido. Ya era tarde. Los jugadores estaban inmersos en una desorganización de la que era imposible salir y, a pesar del sentido que le dio al juego el eslovaco, el partido continuó en el alambre. Del alambre te puedes caer a un lado o a otro. Desgraciadamente, la suerte tampoco termina de acompañar al equipo vigués y volvió a salirle cruz. Un balón al área desde la derecha se paseó por delante de la portería sin que Sergi Gómez, Hugo Mallo ni Sergio se decidiesen a atacarlo. Todo lo contrario que Ángel, que apareció en el segundo palo para firmar el empate. Era el minuto 86 y una nueva jarra de agua helada para un equipo que sigue a la espera de la cita para hacerse su nuevo DNI. Pero, igual que en En tránsito, la sombra del pasado aparece en la primera canción (No hago otra cosa que pensar en ti). Esperemos que el Celta termine cantando Hoy puede ser un gran día, el último corte del disco, como signo de esperanza en el futuro.

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