Llegados al segundo parón liguero, el de octubre, y con mes y medio de competición a la espalda, toca hacer balance sin que el ya manido “aún es pronto para ver resultados” se pueda seguir utilizando sin rubor. Un equipo profesional como el Celta, que lleva trabajando desde principios de julio, debería tener ya claro a qué juega. No es el caso. El Celta ha sufrido una metamorfosis en los últimos partidos hacia un juego más práctico, más directo, que ha venido acompañada de cuatro puntos. Unzué ha demostrado cintura. Pero las facilidades que concede en defensa siguen costando disgustos, como un nuevo empate ante otro recién ascendido en un partido en el que acabaron jugando todos los defensas de la plantilla. Parece que el problema va más allá de las piezas.
Miguel Gallego | TintaCeleste

Cuando un equipo tiene problemas se suelen buscar soluciones. Y si los problemas se pueden relacionar directamente con algún futbolista concreto, el remedio suele llevar aparejada tarde o temprano la desaparición del mismo de las alineaciones. En el Celta de principio de temporada fallaban dos cuestiones importantes. El juego combinativo y las prestaciones defensivas. En los últimos dos partidos se intentó poner cerco a la primera de ellas con un juego algo más directo. La nueva apuesta coincidió con la entrada en el once de Rubén Blanco, que pasa por ser algo menos preciso que Sergio con el balón en los pies, pero tiene otras virtudes. En cualquier caso, y a falta de ningún tipo de confirmación del cuerpo técnico, el cambio podría deberse simplemente a una cuestión de rotaciones. En los próximos partidos saldremos de dudas.

No es tan fácil dejar de equivocarse. Muchas veces no llega con proponerselo

El otro problema, el del rendimiento de la defensa, no parece tener una solución tan obvia. Se puede cambiar la manera de sacar el balón hacia campo contrario. Es una cuestión de voluntad. Lo que no es tan fácil es dejar de equivocarse. Muchas veces no llega con proponérselo.

Que pasen todos los defensas

Una vez confirmado que no iba a venir ningún defensa nuevo al Celta de Unzué, la afición empezó a entretenerse discutiendo cuáles son los que deberían jugar, básicamente entre los cuatro centrales de la plantilla, ya que en los laterales no hay competencia. Pues bien, el empate a tres contra el Girona, otro concienzudo ensayo sobre lo que no hay que hacer en defensa, complicó aun más el debate, ya que Unzué empleó a los seis defensas durante el partido.

Unzué solo tiene que pensar en dejar un defensa fuera del equipo. Así es más difícil alimentar la discusión sobre cuáles son los que rinden, y cuáles los que fallan

Tras insinuar que no está satisfecho con el desempeño de Roncaglia en los entrenamientos, Unzué echó mano del argentino, único internacional absoluto de la defensa, para paliar la lentitud de Fontàs. Es la segunda vez que ocurre. El problema llegó cuando, poco después, se lesionó Hugo Mallo. Con Sergi y Roncaglia en la defensa llegó el tercero del Girona. Confirmadas las tres semanas de baja de Hugo Mallo, Unzué tiene un problema. O tal vez no. Ahora solo tiene que pensar en dejar un defensa fuera del equipo. Así es más difícil alimentar la discusión sobre cuáles son los que rinden, y cuáles los que fallan. Hasta el momento todos se han equivocado en alguna ocasión.

Juego directo

Que el Celta ha dejado aparcado el juego asociativo y se ha abrazado un poco a la efectividad de sus hombres de ataque es algo que queda evidenciado por los últimos goles. En Eibar, tres tantos a balón parado y uno a la contra. Contra el Girona, uno de falta y dos en rápidos ataques con pases entre líneas. Todo un ejemplo de que Unzué no está dispuesto a que los resultados le chafen el plan. Sigue convencido de lo que quiere lograr, y así lo defendió tras el partido. Sin embargo, es probable que la sangría de goles en contra le haya despertado un poco el sentido práctico, y más ahora que han empezado a desfilar los primeros técnicos en la Liga. Porque está claro, y en ello lleva insistiendo el técnico desde el inicio, que los resultados mandan. Y solo ellos darán tiempo para trabajar.

Es probable que la sangría de goles en contra le haya despertado a Unzué el sentido práctico, y más ahora que han empezado a desfilar los primeros técnicos en la Liga

Estos cuatro puntos antes del parón mantienen al Celta en un limbo nada claro, entre el desencanto y la incertidumbre sobre lo que viene. Escuchando a los protagonistas queda claro que no contemplan el fracaso como opción. Ahora, ese aplomo y ese trabajo, con quince días por delante, tienen que empezar a dar sus frutos.

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