Cuando llegó al Celta ya contaba con un currículum lleno de referencias importantes en los banquillos. Los pocos momentos de estabilidad deportiva que vivió el club olívico entre 1975 y 1985 contaron con el recordado Milorad Pavić como referencia pero el inoportuno descenso de 1983 desencadenó su marcha. Luis Cid Pérez Carriega llegaba para cumplir una vieja aspiración personal y para intentar recuperar el sitio del Celta entre los grandes. Desgraciadamente, el ilustre técnico ourensano no iba a completar la temporada con los de celeste.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Nacido en Allariz en 1929, Carriega no alcanzó fama como futbolista a pesar de haber jugado durante ocho temporadas en la División de Plata. Militó entre 1949 y 1957 en las filas de la UD Orensana, Racing de Ferrol, Oviedo y Burgos aunque sus cifras como delantero no llamaban la atención. Sus mejores registros anotadores se recogieron durante el curso 1953/54, en el que convirtió ocho tantos defendiendo la casaca verde del Racing.

Como técnico se inició también en Segunda, en este caso para dirigir al Cartagena, al que consiguió mantener en la temporada 1961/62 pero no en la siguiente, en la que incluso fue reemplazado antes de que se consumase el descenso. Otra caída con el Langreo en 1968 se vio compensada con un ascenso en el banquillo del Sporting de Gijón, que se hizo con el título liguero de Segunda en 1970. Fue aquel un gran equipo, que ya contaba en sus filas con los hermanos Castro y que tanta guerra iba a dar a los ‘grandes’ una década más tarde.

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Carriega durante su época como jugador del Oviedo (Foto: realoviedo.incondicionales.com)

Primera dimisión

Un segundo y un tercer puesto con el Zaragoza de Los Zaraguayos supusieron el paso previo a un subcampeonato copero logrado en 1976, año en el que los blanquillos cayeron en la final ante al Atlético de Madrid. Los banquillos de Sevilla y Betis también vieron desenvolverse a un Carriega que llegaría a dirigir al Atlético de Madrid a principios del curso 1981/82. Tras apenas tres meses al frente del club colchonero, Carriega presentó su dimisión al doctor Cabeza como consecuencia de una mala racha de resultados. El peculiar presidente atlético había destituido a García Traid tras un incidente con el brasileño Dirceu en pretemporada y la salida del técnico alaricano le permitió repescar al preparador maño y, de paso, rentabilizar la ficha que ya le venía pagando. Verdadero encaje de bolillos.

El último club al que dirigió fue el Ourense, cuando relevó a Manolo Tomé durante la segunda vuelta del curso 1989/90

Un breve paso por el Elche sirvió de prolegómeno a su llegada a Vigo. A principios de junio de 1983 Carriega tomaba el testigo de Pavić y centraba su discurso en conseguir una cierta estabilidad deportiva para el club a medio plazo, más que en buscar el ascenso por la vía rápida. Las bajas de Canosa, Ademir, Nené Suárez o Noly fueron cubiertas con las incorporaciones de Alvelo, Cortés, Vicente y Bautista. Se trataba de dejar atrás al Celta ‘ascensor’ e intentar dar forma a un proyecto más sólido que pudiese ofrecer durabilidad a largo plazo.

Igualada en Las Palmas

Tras derrotar por 2-1 al Palencia en Balaídos en el arranque de la temporada el Celta visitaba el estadio Insular. La UD Las Palmas había descendido pocas semanas antes junto con los de Vigo y con el Racing de Santander, por lo que se preveía un duelo igualado entre dos claros candidatos al ascenso. El equipo amarillo, entrenado por el uruguayo Héctor Núñez, también había sumado dos puntos en la primera jornada, tras derrotar al Recreativo de Huelva.

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Tomando el testigo de Pavić tras su fichaje por el Celta (Foto: fameceleste.com)

En una noche calurosa Carriega situó una línea compuesta por Lemos, Atilano, Antonio Gómez y Bautista por delante de Javier Maté. Andrés, Alvelo, Emilio y Cortés componían la medular, con Pep Mercader en la función de enlace y Pichi Lucas como único delantero puro. El partido mostró las razones por las que los dos equipos habían perdido la categoría y sembró más dudas que certezas en ambos banquillos. El equipo local asumió la iniciativa en el choque pero apenas logró desbordar la tupida red tejida por el técnico de Allariz. El trabajo y las ganas que demostraron Alvelo y Cortés fueron lo único rescatable en un Celta que apenas gozó de ocasiones para marcar.

Llegaría a dirigir al Atlético de Madrid a principios del curso 1981/82

Los dos goles del partido llegarían en sendas jugadas a balón parado. Se adelantaron los de casa en el minuto 10, tras un saque de falta que botó Saavedra y remató el chileno Contreras tras varios rechaces en el área céltica. El empate, 20 minutos más tarde, subió al marcador tras un lanzamiento de falta directa que convirtió José Antonio Cortés, futbolista que cobraría importancia anotadora durante el curso siguiente pero que en la campaña 1983/84 no volvería a ver puerta. Los dos equipos dieron por bueno el empate, que les servía para posicionarse en la parte alta de la tabla.

Buscando un revulsivo

Una semana más tarde el Castilla de Míchel, Butragueño y Martín Vázquez pasaba por Balaídos y bajaba a la tierra a los de celeste, que completaron una campaña irregular. Los de Carriega se mantuvieron en todo momento en la zona media-alta de la tabla pero varias malas rachas de resultados impidieron que el club olívico asaltase las primeras plazas. Al paso por la jornada 28 y tras el empate frente al Linares en Balaídos llegó la dimisión del técnico de Allariz, que fue aceptada por la directiva del Celta. El ourensano, que jamás puso traba económica alguna para rescindir su contrato, siempre ha calificado este como el momento más triste de su carrera deportiva. Pero entendía que era necesario como revulsivo porque todavía quedaba tiempo suficiente para que la plantilla reaccionase.

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Carriega apenas entrenó durante unos meses al Celta (Foto: yoentrenealcelta.com)

Félix Carnero llegó para tratar de mejorar en las últimas diez jornadas lo que no se había podido dejar encaminado anteriormente y no estuvo lejos de lograrlo. El dominio de dos filiales como Castilla y Bilbao Athletic posibilitó que el quinto clasificado se hiciese con una plaza de ascenso a la que el Celta aspiraba en una última jornada en la que precisaba el pinchazo del Elche ante el filial bilbaíno. Sin nada en juego para los vizcaínos sucedió lo que cabía esperar, que no fue otra cosa que una cómoda victoria ilicitana. El triunfo del Celta por 1-0 ante el Oviedo tan solo sirvió para confirmar una sexta plaza que resultaba insuficiente para terminar la temporada con un buen sabor de boca.

Últimos banquillos

La estrella de Carriega fue languideciendo en la segunda mitad de los 80, en la que entrenó de nuevo al Betis —con nueva dimisión en marzo de 1986— y también al Figueres. El último club al que dirigió fue el Ourense, cuando relevó a Manolo Tomé durante la segunda vuelta del curso 1989/90, con el equipo en Segunda B. Desde entonces, ya retirado, se deja ver por su tierra natal. Incluso en los últimos años ha mostrado su interés en conocer cómo trabajan algunos entrenadores y los métodos que utilizan en sus equipos. Al Carriega retirado le divierte más contemplar entrenamientos que ver partidos de fútbol.

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En 1980 Luis Cid Carriega entrenaba al Betis (Foto: manquepierda.com)

Resulta paradójico que uno de los técnicos gallegos con mejor cartel durante las décadas de los 70 y los 80 apenas pudiese entrenar durante unos pocos meses al Celta. Luis Cid Carriega, quien dejó un legado de 11 victorias, ocho empates y nueve derrotas tras su paso por Vigo, no consiguió sacar al club olívico de la inestabilidad que lo caracterizó durante aquellos años. Posiblemente una planificación más a largo plazo hubiese encajado mejor con su forma de trabajar pero, tal y como sucede en la actualidad, la paciencia no sobraba ni en las directivas ni en las aficiones. Y en ese sentido el de Allariz lo tenía muy claro, antes dimisión que cese. Como ya había hecho en Madrid. Como hizo en Vigo. Como haría más adelante en Sevilla.

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