Solo el Celta (y no exclusivamente el de Unzué, ojo, sino todos los de la época moderna) es capaz de mantener el suspense en un partido a pesar de acumular una cómoda renta. Con el paso de los años se ha ganado a pulso ese alto grado de desconfianza. Y esta temporada, además, ayudado por la gran cantidad de puntos que se han ido por el retrete en los minutos finales de los partidos, especialmente en Balaídos. Así que, cuando ante el Athletic el Celta sacó petróleo de una primera media hora de efectividad absoluta de cara a puerta, nadie se dio por satisfecho. Gran parte de la grada, y probablemente también los futbolistas, veía el horizonte lleno de nubarrones. Ni siquiera cuando, con el paso de los minutos, dos goles de ventaja se antojaban ya suficientes. No para Balaídos, que acabó pidiendo la hora para asegurar tres puntos fundamentales.
Miguel Gallego | TintaCeleste

El Celta de Unzué sigue jugando a trompicones. Con una idea teórica bien definida, con un planteamiento y un esquema de juego reconocibles, pero sin ser capaz de plasmar las intenciones del técnico. Se volvió a ver en la importante victoria contra el Athletic, un partido que el Celta solventó con oficio y con la gran pegada que le caracteriza en los últimos tiempos, pero sin adueñarse completamente del juego. A pesar de ello hay que quedarse con varias cosas positivas: el resultado, la aproximación de Aspas al gran delantero centro que es y, quizá lo mejor de todo, una defensa que va encontrando su sitio, aunque sea muy poco a poco.

Aspas se va centrando

Era un secreto a voces, una cuestión cada vez más comentada desde el inicio de la temporada, más aún cuando lo demandaba el propio protagonista. Iago Aspas se encuentra más cómodo como delantero centro que jugando pegado a la banda y lejos del gol. El debate adquiría tintes dramáticos con la sequía goleadora del moañés pero, con Maxi Gómez en estado de gracia Unzué, entrenador él, tenía la excusa perfecta para mantener su idea inicial y no plegarse a las exigencias de la tribuna. Ni siquiera tras el hat trick con que respondió Aspas desde la punta del ataque a la sanción del uruguayo le tembló el pulso al técnico. Devolvió a Maxi al centro y a Aspas a la derecha. ¿O no?

Con Maxi Gómez en estado de gracia Unzué, entrenador él, tenía la excusa perfecta para mantener su idea inicial y no plegarse a las exigencias de la tribuna

Contra el Athletic, Unzué alineó su delantera tipo: Sisto, Aspas y Maxi. Pero no jugaron en sus posiciones habituales. Tanto a Pione Sisto, especialmente en la primera mitad, como a Iago Aspas, este durante todo el partido, se les vio más centrados, mientras Maxi salía un poco más de su zona de confort, sin aumentar su presencia en el juego vigués, pero creando espacios para sus compañeros. Y Aspas, más cerca del gol, le devolvió al Celta la pegada que, sobre todo la temporada pasada, sostuvo al equipo. El moañés anotó dos tantos, uno con la derecha y el otro de cabeza. Ni siquiera necesita exprimir su zurda. Le llega con acercarse a la portería para perforarla. Es una gran noticia para lo que viene. Y a Unzué le permite mantener su plan inicial con un nueve con pegada en el once, y sin renunciar a las dotes goleadoras del 10. Y la grada, satisfecha. No hay como una victoria para solucionar los problemas.

La defensa va progresando

Hay que tener en cuenta que el Athletic llegaba a Vigo en crisis y después de jugar en Europa. Los vascos se fueron de Balaídos con un solo gol, eso sí, en un remate fácil, y no añadieron demasiados problemas a la portería de Rubén. Eso hay que apuntarlo en el haber del portero de Mos, al que solo se le echa en falta algo más de seguridad en las salidas, y del resto de la defensa, en la que destaca Sergi Gómez, que ha ganado confianza a las órdenes de Unzué y, a día de hoy, parece el central más en forma por delante de Cabral y de Fontàs.

Es una buena noticia que los defensas marquen, pero es aún más necesario que cumplan con su deber de impedir que el rival consiga goles

Y, además de otra actuación aseada en el área propia, Sergi Gómez volvió a asomarse por la rival, consiguiendo abrir el marcador con un certero remate de cabeza. Es una buena noticia que los defensas marquen, pero es aún más necesario que cumplan con su deber de impedir que el rival consiga goles. Así que, al menos en este caso, no se le puede pedir más a la zaga del Celta.

La inseguridad

Es una pena que el Celta se haya acostumbrado a sufrir así. A pesar de que, desde el punto de vista visitante, la victoria no llegó a estar en peligro, el celtismo vive siempre en el alambre. El 3-0 parecía una gran renta, pero no definitiva. Y, con el 3-1 empezaron a desfilar fantasmas por el Val do Fragoso. No había motivos para no confiar en la victoria, pero a la mayoría de los presentes se le acumulaban en la mente. Goles fatales en los últimos minutos que cuestan puntos, que impiden despegar al equipo vigués. El temor a una nueva remontada estaba ahí, esperando salir para atenazar al equipo.

Con el 3-1 empezaron a desfilar fantasmas por el Val do Fragoso

Y, por más que trabajen para evitarlo, los futbolistas no son ajenos a todo esto. No lo fueron tampoco contra el Athletic, y dieron un pequeño paso atrás que evidenció lo necesaria que era la victoria. Una vez conseguida, y en pleno parón competitivo, llega el momento de recapacitar sobre este Celta. Sobre sus metas reales y sobre su capacidad. Y también sobre esta debilidad mental que debe dejar en la caseta si realmente quiere aspirar al objetivo final del que se ha hablado, de momento, sin demasiada base futbolística para ello.

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