Es joven, es alto, es guapo. Es deportista, habla bien, es educado. Es el yerno que todo el mundo querría tener. Es el central con el que el Celta debe crecer.
Borja Refojos | Tinta Celeste

A nadie se le escapa que el inicio de curso del Celta no ha sido bueno. En muchos aspectos, seguro, pero seguramente en la parcela defensiva es en la que más se han cargado las tintas. En tiempos de simplificación resulta sencillo achacar la culpa de los goles encajados a defensas y porteros, cuando en el fútbol moderno atacan once y defienden once. Pero el análisis táctico quedará para otra ocasión.

Tras esa sonrisa profident y ese peinado esculpido ha emergido un central completo

En medio de estas dudas, en las que Roncaglia se vio relegado al ostracismo primero y a la enfermería después y Fontàs no termina de encontrar el momento físico óptimo, ha asomado la cabeza Sergi Gómez para reclamar su sitio junto a Cabral en el centro de la zaga. Y es que tras esa sonrisa profident y ese peinado tan en su sitio que parece esculpido, ha emergido un central completo, con buenos registros en todas las facetas que exige su puesto.

Poco queda de aquel chico prometedor pero sin experiencia que llegó hace algo más de tres años para dar el salto a Primera. Una piedra por tallar. En todos los sentidos. Porque Sergi ha crecido y no solo en lo futbolístico. Ha ganado masa muscular, contundencia e incluso velocidad. Pero tras ir de menos a más, conociendo su lugar en todo momento y cumpliendo con corrección con lo que le pedían, el de Arenys ha ganado confianza. Se ha ganado la titularidad.

Es el central más completo y con más margen de mejora de la plantilla

La educación con la que siempre aceptó su rol hacía pensar en un buen complemento para los contratiempos de una temporada. Pero si algo han dejado claro los once partidos de Liga disputados hasta la fecha es que Sergi Gómez no solo ha llegado al nivel de sus compañeros, sino que incluso les ha superado. Está siendo el central más fiable y demostrando que es el más completo. Quizá no tenga la salida de balón de Fontàs, la contundencia de Cabral o la velocidad de Roncaglia, pero en un compendio medio de todas las virtudes sale ganando. Porque, además, es muy joven -25 años para un central es casi la adolescencia de la posición- y la sensación es que está en plena progresión: mejoría táctica palpable, disminución notoria de lagunas de concentración y una muy productiva evolución en las jugadas a balón parado en ataque.

El tanto que abrió la lata contra el Athletic Club fue su estreno goleador en Balaídos y ¿esta temporada? –Sergi sostiene que el tanto que el árbitro otorgó a Pione Sisto en Eibar debería ser suyo-. Es un gol que premia la evolución y el buen trabajo de un chico que tiene mucho más que dar al Celta. Recién renovado y en este momento de forma, solo necesita que el equipo –sí, todo el equipo- termine de carburar a nivel defensivo para que su progresión siga su curso.

El fútbol ha cambiado. Antes, los centrales eran tipos rudos, malencarados y desaliñados. Con aspecto enfadado, más llenos de barro que ninguno para intimidar a los rivales. La cara de buen chico de Sergi Gómez le lleva la contraria sus antecesores. Pero lo que no ha cambiado ni nunca lo hará son las ganas de ser mejores, de competir, de crecer. Las ganas de ganar. Por eso Sergi se ha hecho mejor, compite mejor y ha crecido. Sigue siendo el yerno perfecto para cualquiera. Ahora, además, aspira a ser el central perfecto para el Celta.  

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