Todos los años se conocen casos de futbolistas que llegan a un club casi de rebote. En las grandes —y no tan grandes— operaciones de verano algunos jugadores actúan como moneda de cambio para completar transacciones de mayor enjundia. Así llegó al Celta en 1995 Carlos Cano, arquero que pasó por Vigo sin pena ni gloria. Con todo, el cancerbero andaluz disfrutó de alguna tarde más o menos destacada con el club olívico. El estadio Ramón Sánchez Pizjuán fue testigo de ello.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Carlos David Cano Marín nació en 1969 en la localidad almeriense de Berja. Formado en las categorías inferiores del Real Madrid, en la temporada 1990/91 —con el filial blanco en Segunda B— gozó de la confianza de Mariano García Remón durante la primera vuelta. Sin embargo otro joven portero como Juanmi le iba a ‘comer la tostada’ durante la segunda fase del curso y también durante la campaña siguiente, en la que el Real Madrid B compitió en la División de Plata.

El ascenso de Juanmi al primer equipo le dejó vía libre de cara al curso 1992/93, en el que superó los 3.000 minutos de juego por primera y única vez en toda su carrera y encajó un total de 34 goles. Su saber estar bajo palos y su agilidad parecían avales suficientes para pensar en que Cano podía llegar pronto a jugar en Primera. Tras aquel año de fogueo y ante la marcha de Juanmi al Real Zaragoza, se incorporó al primer equipo como tercer portero pero, al igual que le sucedió a Pedro Jaro, no disfrutó de oportunidad alguna durante la campaña 1993/94. Paco Buyo acaparaba por entonces el protagonismo bajo los palos y jugó la friolera de 50 partidos desde el primer al último minuto.

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Plantilla del Celta 1994/95 (halacelta.com)

Del Belmonte a La Romareda

En el verano de 1994 y ante la falta de oportunidades Cano aprovechó el interés del Real Madrid en incorporar a Santi Cañizares para buscar su sitio en un equipo de Primera como era el Celta. Carlos Aimar, recién aterrizado en el banquillo céltico como sustituto de Txetxu Rojo, parecía contar con el almeriense por delante de Patxi Villanueva. El 4 de septiembre de 1994 el arquero andaluz debutaba en partido oficial con el Celta en el Carlos Belmonte, en un choque que terminó en tablas frente al Albacete. Durante los cinco encuentros siguientes Cano encajó tan solo cuatro goles, justo antes de visitar La Romareda. Aquella noche de octubre el de Berja iba a tocar fondo al recibir cuatro tantos del Zaragoza de Víctor Fernández. Y no tanto por el número de goles, sino por lo poco afortunado que se mostró en la jugada del segundo. Un balón sin aparente dificultad, botado desde el córner por el Paquete Higuera, se le escapó de las manos. Darío Franco, muy atento, tan solo tuvo que empujarlo a las mallas. Esa jugada marcó dramáticamente el futuro inmediato de Carlos Cano, que desapareció por completo de las alineaciones de Aimar desde el partido siguiente en beneficio de Villanueva. Durante los meses siguientes tan solo jugó el partido de Copa del Rey frente al Lugo, permaneciendo en el ostracismo más absoluto.

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Foto: yojugueenelcelta.com

La permanencia en el Pizjuán

Corrían los últimos días de mayo de 1995 y tocaba afrontar la jornada número 35 del campeonato nacional de liga. El Celta, en plena carrera por evitar la caída a los puestos de promoción de descenso, visitaba a un Sevilla que, dirigido por Luis Aragonés, luchaba por una plaza en Europa. Carlos Aimar dispuso aquella tarde un 4-4-2 clásico por delante de Carlos Cano, en el que el Flaco Gil y Rafa Berges cubrían las espaldas de Míchel Salgado y Borja Agirretxu, centrocampistas de banda. El centro de la zaga venía ocupado por Alejo y Patxi Salinas, con Merino como mediocentro y Jon Uribarrena en la función de enlace con Juan Sánchez y Vlado Gudelj, puntas de lanza. Llamaba la atención la titularidad del arquero almeriense, ya que en liga no entraba en el once desde aquella fatídica séptima jornada en La Romareda. Carlos Aimar—interrogado por la prensa al respecto— lo justificó por motivos tácticos sin dar otra explicación, que seguramente la habría. 

En la actualidad continúa en el cuerpo técnico que encabeza Enrique Martín Monreal

Como cabía esperar el partido se inició con claro dominio sevillista. El primer tanto del partido no se iba a hacer esperar y llegó tras un pase en profundidad de Monchu que Davor Suker envió a las redes de Cano de disparo cruzado. Sin embargo la ventaja no se incrementó durante los minutos de supremacía local y el paso del tiempo sirvió a los de Carlos Aimar para asentarse y ‘aplatanar’ un tanto el encuentro, muy condicionado por los 33 grados centígrados de la primavera —casi verano— hispalense. En el minuto 34 Ángel Merino aprovechaba un rechace tras cabezazo de Sánchez al larguero para poner las tablas en el marcador. El estupor de los de casa se hizo extensivo a su guardameta —el actual técnico de los de celeste, Juan Carlos Unzué—, quien en el minuto 42 se comió un balón enviado desde el córner por Vlado Gudelj y permitía a los célticos marcharse con ventaja a los vestuarios.

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Cano, a la derecha, con Luis César Sampedro durante la época en la que entrenó al Albacete (Foto: 5maseldescuento.es)

Tras el paso por la caseta el Sevilla se lanzó con todo sobre la portería de un inspirado Cano, que salvó en más de una oportunidad a su equipo de recibir la igualada. A la contra Vlado Gudelj pudo matar el partido pero el 1-3 nunca iba a llegar. Esto dio vida a un Sevilla más que revolucionado, que por fin encontró el premio del empate en el minuto 87. Carlos Cano falló en su salida y Marcos, sin oposición, colocaba el empate y renovaba los ánimos del equipo local. Curiosamente, cuando más probable parecía la remontada, iba a llegar la estocada definitiva de los de Aimar. A los pocos segundos del saque de centro, Prieto perdió un balón ante Vlado Gudelj. El bosnio enfiló la portería de Unzué y batió al guardameta sevillista para establecer el 2-3 definitivo.

Sin renovación

Los dos positivos situaban al Celta muy cerca de la permanencia, que quedaría matemáticamente certificada en Las Gaunas en la última jornada. El Sevilla, a pesar del tropiezo, conseguiría clasificarse para disputar la Copa de la UEFA. Poco podían imaginar ambos clubes el monumental lío en el que se iban a ver envueltos apenas un par de meses más tarde con la ‘crisis de los avales’.

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En la actualidad Cano continúa como entrenador de porteros en el Albacete (Foto: latribunadealbacete.es)

Tras aquel partido, y tal y como había sucedido al inicio del curso, Cano disputó todos los minutos hasta finalizar la temporada. En realidad fueron tan solo tres partidos más, insuficientes para que el club se plantease reconsiderar su marcha. El guardameta andaluz partía hacia Oviedo, donde iba a vivir tres temporadas en las que, a la sombra de Mora y Esteban, apenas contó para sus técnicos. Después emigró hacia Albacete, la ciudad en la que debutó en Primera, y en la que iba a permanecer durante seis años. La temporada 2000/01, ya con 31 años, fue la más destacada de todas ellas. Su técnico Julián Rubio lo alineó en 29 partidos y el Albacete finalizó en quinta posición dentro de aquella División de Plata que vio quedarse sin ascenso al Atlético de Madrid. Tres años más tarde Cano todavía completaría un buen curso en el Almería, con el que superó los 2.600 minutos de juego. Allí, en su tierra, dejó el fútbol en activo hace más de 12 años.

Presente manchego

Su vinculación con el fútbol se mantiene desde aquel 2005, ya que tras dejar Almería regresó a Albacete para hacerse cargo de la preparación de porteros en las categorías inferiores. Dos años después se ganó la confianza del club para trabajar en el primer equipo, en el que lleva ya diez años como entrenador de porteros. En la actualidad continúa en el cuerpo técnico que encabeza Enrique Martín Monreal y en cuya agenda figura como objetivo prioritario la permanencia del club en la Segunda División.

El de Berja iba a tocar fondo al recibir cuatro tantos del Zaragoza de Víctor Fernández

No se puede decir que Carlos Cano dejase una huella muy profunda en Vigo. De hecho, a aquellos 11 partidos que llegó a disputar con la elástica del Celta en la máxima categoría tan solo le siguieron otros siete —todos con el Real Oviedo—. Pero recordar la gran victoria conseguida sobre el Sevilla de Luis Aragonés, con una muy buena actuación personal, deja claro que también aportó su granito de arena para conseguir una de aquellas costosas permanencias de mediados de los 90.

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