Abrazos, sonrisas, miradas cómplices. El cariño entre Celta y Berizzo sigue intacto cinco meses después, superior incluso. El exentrenador argentino tuvo un rencuentro dulce con el equipo de su corazón, al que después derrotó con el equipo para el que trabaja.
Borja Refojos | Tinta Celeste

Sevilla 2-1 Celta

Sevilla: Soria; Corchia (Kjaer, min. 75), Geis, Lenglet, Escudero; Pizarro, N’Zonzi; Sarabia, Franco Vázquez (Banega, min. 65), Nolito (Krohn-Dehli, min. 83); y Muriel.
Celta: Rubén; Hugo Mallo, Cabral (Brais, min. 79), Sergi Gómez, Jonny; Lobotka (Radoja, min. 69), Pablo Hernández, Wass; Iago Aspas, Pione Sisto (Guidetti, min. 79) y Maxi Gómez.
Árbitro: Del Cerro Grande (Comité madrileño). Amonestó con tarjeta amarilla a los jugadores locales Corchia, Pizarro y Soria y a los visitantes Iago Aspas y Jonny. Expulsó a Robert Moreno, segundo entrenador del Celta (min. 37).
Goles: 0-1 Maxi Gómez (min. 13). 1-1 Muriel (min. 36). 1-2 Nolito (min. 48).
Ramón Sánchez Pizjuán. 35.000 espectadores.

Ya pasaron cinco meses. Y fue en el Pizjuán. Y cada equipo tiene sus problemas. Y en un mundo tan sórdido como el del fútbol, parece cursi acordarse de las cosas del corazón. Pero las hubo antes de arrancar. Vaya si las hubo. Eduardo Berizzo volvió a ver el celeste delante, ese color que va a juego con su corazón. Volvió a ver a los jugadores que le hicieron grande, a los que él hizo grandes. Hubo abrazos, muchos. Largos y sentidos. Uno a uno, el Toto tuvo gestos de aprecio y de cariño para los que fueron sus hombres, así como para la que fue su afición –aunque fuera en forma de pequeña representación en el coliseo hispalense-.

Pero tras los sentimientos, llegó la hora de trabajar. Y ahí no puede haber rescoldos para el amor. Ambos equipos salieron a por todas en un inicio de partido en el que Mudo Vázquez falló hasta tres ocasiones claras y en el que Maxi Gómez apareció para ejecutar un magnífico cabezazo que ponía por delante al Celta. Era el sexto tanto del uruguayo que se aprovechó de un error de colocación de Soria y del guante que tiene Pione Sisto en su bota derecha.

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Con lo bien que empezó la cosa…

El gol fue un mazazo para el Sevilla, grogui como los de la UFC esa que tanto os mola después de pillar un directo en la mandíbula. Pero a diferencia de en el MMA, el Celta no se echó sobre su rival y lo cosió a palos. O mejor dicho, no supo conectar los golpes. Maxi marró un cabezazo más sencillo que el del gol tras un fabuloso centro de Wass y la pizarra de Unzué –espectacular mejoría del equipo vigués en esa parcela desde la llegada del técnico navarro- ideó una ocasión en la que Wass y Sisto parecía que parían un bluff cuando ideaban una fantástica maniobra de distracción que terminó en gol de Pione. Del Cerro Grande anuló el tanto por mano del extremo danés, que había recibido a la espalda de la defensa un envío de Hugo Mallo.

Cuando perdonas…

Los tópicos son un coñazo, sin duda, pero se vuelven tópicos porque pasan. El Celta pudo matar y acabó muriendo. El equipo de Berizzo –joder, qué raro es escribir esto de otros- se recuperó del golpe y ganó aire. Mucho más cuando Muriel le ganó la posición a Jonny y cabeceó al fondo de la red. Empate a uno en balones parados.

El partido siguió con alternativas pero, en la primera jugada de la segunda parte, otro ex hizo su trabajo. Nolito ganó el segundo palo a Hugo Mallo y con un testarazo firme batió a Rubén tras un excelso desborde, con bicicleta incluida, de Sarabia a Jonny.

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Seguramente la primera vez que no celebramos un “golito de…”

Los de negro no se descompusieron. Al contrario, atacaron con energía y generaron ocasiones muy claras: Maxi y Pablo Hernández fallaron dos casi en el área pequeña. El ariete uruguayo completó su hat-trick de errores más tarde, con un nuevo remate al aire. Paradójico que en su mejor partido en cuanto a juego, fallase tanto en su punto fuerte: el remate.

Lo que se dice y lo que se hace

Desde que llegó a Vigo, Juan Carlos Unzué pregonó un estilo basado en el toque, la posesión y el control. Un estilo que parece olvidar cuando va perdiendo y necesita hacer gol. Ya lo hizo más veces y en el Pizjuán repitió: el navarro partió al equipo por el medio con los cambios para acumular gente en la delantera. Es importante tener camareros para servir los platos, pero si no tienes quien se los cocine, poco podrán servir.

Diversas voces dijeron también que el cambio de estilo era claro, como si con Berizzo el Celta jugase al patadón o a encerrarse atrás. El caso es que el argentino sí apostó por el control en los momentos candentes. Introdujo a Banega para tener más manejo –qué espectáculo de futbolista- y reaccionó a la apuesta de Unzué retirando a Nolito para meter a Krohn-Dehli y blindar el centro del campo. Así, el Sevilla terminó el partido plácidamente, sin acusar que Corchia se hubiese tenido que marchar lesionado porque el entrenador del Celta quitó a Sisto. Aun así, Wass tuvo una falta en la frontal que a punto estuvo de convertirse en segunda ocasión cuando a Soria, muy desafortunado, se le escapó la pelota y Guidetti y Hugo Mallo se lanzaron a por el rechace. Fue el epílogo del partido, el final de una jornada laboral que volvió a dar paso al corazón.

Nos vemos en Balaídos. Nos vemos en casa.

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One thought on “Corazón y trabajo

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