Las eliminatorias de Copa son apasionantes porque enfrentan a dos equipos con la seguridad de que uno de ellos quedará eliminado. Da igual lo bien que lo haga, o la resistencia que oponga. Al acabar los 180 minutos se despedirá del torneo hasta el año que viene. El formato actual de la competición le resta algo de encanto a estas primeras eliminatorias, que uno de los contendientes puede resolver ya en el encuentro de ida, convirtiendo la vuelta en un engorroso trámite. En estos casos, ese segundo partido se convierte en un tedioso espectáculo, solo salvado por los jugadores poco habituales, que quieren reivindicar su condición de miembros de pleno derecho de la plantilla. Con el Celta lanzado por la victoria de Ipurúa, la vuelta de la eliminatoria entre el equipo vigués y el Eibar pasará a la historia por tener un único vencedor: Sergio Álvarez.
Miguel Gallego | TintaCeleste

La situación del gato de Catoira es complicada. Después de toda una vida como celeste, se ha encontrado con la triste realidad. El fútbol moderno es un negocio sin espacio para los sentimientos, y así lo manejan quienes mueven los hilos. Por eso Carlos Mouriño dejó bien claro en la asamblea de accionistas que el club no va a hacer excepciones, y va a renovar año a año a los futbolistas de la cantera que pasen de la treintena. Sergio Álvarez, salvador en Liga y héroe europeo hace no demasiado tiempo, pensaba que el club obraría de otra manera. Ahora parece claro que, al menos desde el punto de vista institucional, tiene por delante a Rubén Blanco y a Iván Villar en los planes de futuro del club. Debe meditar seriamente sobre su continuidad en Vigo.

Unzué, el entrenador

Y en medio de esta situación llegaba la vuelta de Copa, con la oportunidad para los menos habituales y una duda razonable. ¿Sería ya el momento de Iván Villar, que se empeñó en formar parte de la primera plantilla el verano pasado? Duda despejada por Juan Carlos Unzué, entrenador del Celta y, en teoría, más alejado que la dirección deportiva de este tipo de planes. Unzué afirmó en la previa que apuesta por la Copa, incluso por mejorar las dos últimas semifinales. Es una declaración de intenciones que hay que defender en el campo. Y allí cuenta, a día de hoy, con sus dos mejores porteros: Rubén Blanco, que está jugando en Liga, y Sergio Álvarez, portero de la Copa. Así que Iván Villar si siquiera entró en la convocatoria.

El fútbol moderno es un negocio sin espacio para los sentimientos, y así lo manejan quienes mueven los hilos

La titularidad de Sergio deja claro que Unzué apuesta por la Copa, y que no está dispuesto a experimentar más de la cuenta en ella. Y también que la inclusión de Iván Villar en la plantilla fue un contratiempo el pasado verano que, de momento, no va a convertir en una opción. Así que, a día de hoy, tenemos una bifurcación entre A Madroa y Praza de España. Unzué apuesta por el rendimiento inmediato de un portero en plena madurez deportiva. Miñambres lo hace por el futuro de dos porteros internacionales en las categorías inferiores. Y, en medio de este dilema, Sergio respondió como debe hacerlo, con una soberbia actuación que mantuvo la eliminatoria muy favorable al Celta en todo momento. No se sabe si hará recapacitar a los que mueven la plantilla, pero desde luego ha dado argumentos a los que hablan de injusticia en la oferta de renovación por una sola temporada.

Sin noticias del banquillo

Otros futbolistas no tienen ese problema. Son fichajes del perfil que quiere el club, jóvenes y con proyección internacional. Bien pagados y con años de contrato por delante. En una situación envidiable pero, a nivel deportivo, sin muchos más minutos que Sergio. El partido contra el Eibar era una oportunidad para Guidetti, para Emre Mor, para Hjulsager. Y ninguno pasó la prueba. Es cierto que es difícil dar lo máximo en un ambiente gélido, en un partido que cuesta jugar y con poca repercusión. Pero el tridente ofensivo copero dejó bien poquito a lo que agarrarse para reclamar más protagonismo en la temporada. El más voluntarioso fue el turco, al que no le salió prácticamente nada. Su esperado desembarco en el once titular liguero tendrá que esperar.

El tridente ofensivo copero dejó bien poquito a lo que agarrarse para reclamar más protagonismo en la temporada

Mención aparte merece Guidetti, que se quejó en Suecia de su escaso protagonismo. La situación no es fácil para él ya que, a diferencia de sus compañeros, ya sabe lo que es triunfar en Vigo, y ahora se ha visto relegado a un papel muy secundario. La Copa puede parecerle poca cosa pero, de momento, debe aferrarse a ella. En el partido de ida consiguió marcar. En la vuelta estuvo mucho más gris, y sufrió en los enfrentamientos físicos. Unzué asegura que lo ve trabajando a tope. Debe seguir haciéndolo si quiere volver al rol que una vez tuvo.

Iago, el delantero

Cuando el partido se complica y no hay manera de abrirlo, siempre hay un as en la manga. Ese as se llama Aspas, vive su mejor momento como profesional y lo demuestra en cada balón. Así que, cuando falla el plan inicial en Copa, siempre hay oportunidad de introducirlo en el campo para que, con bien poquito, consiga la jugada de la victoria. Y, claro, desde el puesto de delantero centro lo tiene aun más fácil. Un par de balones le bastaron para sacar un penalti y transformarlo en el gol de la victoria. Pero no se engañen: el triunfo en un partido soporífero no fue para el Real Club Celta, ni siquiera para Iago Aspas, que aprovechó para reivindicarse como delantero centro. El triunfo fue para Sergio Álvarez, o gato de Catoira.

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