Hoy toca recordar a uno de esos futbolistas que, más allá de exquisiteces, siempre destacó por su lealtad a unos colores. La profesionalidad, la honestidad y el buen hacer del gran Atilano Vecino Escuadra merecen un repaso a su carrera y, dentro de ella, a una de sus tardes más felices. Sucedió el 21 de noviembre de 1982, en un Camp Nou que pocos meses antes había servido de marco para la inauguración del mundial de España. Aquel día Atilano batió a Artola y anotó su primer gol con la casaca celeste.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

La localidad zamorana de Coreses alumbró el nacimiento de Atilano en agosto de 1958. Las estancias en el CD San Lorenzo, el Zamora CF y la UD Melilla supusieron sus primeras experiencias de cierto calado dentro del fútbol nacional. Cuando el Celta —que acababa de lograr dos ascensos consecutivos— se fijó en él de cara a apuntalar su línea defensiva, nada parecía indicar que se tratase de un futbolista que fuese a teñir toda su carrera de azul cielo. En un principio las negociaciones no terminaban de cristalizar pero, una vez iniciado el curso 1982/83, tan solo hubo que esperar un par de meses para que el acuerdo con el Zamora se plasmase por escrito. Cuatro millones y medio de pesetas completaron el montante de la operación para que Atilano desembarcase en Vigo en octubre de 1982 y se integrase dentro del plantel que dirigía Milorad Pavić. Por entonces no había problema en incorporar a un futbolista con ficha de ‘amateur’ fuera del mercado veraniego.

Y a decir verdad, Atilano encajó a las mil maravillas en el esquema del técnico balcánico. El 31 de octubre, con motivo de la salida al estadio Benito Villamarín, saltó al terreno de juego como titular. Desde entonces siempre gozó de la confianza de Pavić, habituado a realizar pequeñas modificaciones en una zaga en la que casi siempre se mantenía el de Coreses.  

Atilano6_san lorenzo 78-79
Atilano durante sus inicios en el San Lorenzo de Zamora (Foto: cdsanlorenzo.es)

 

Víctima propiciatoria 

La visita del Celta al Camp Nou a finales de noviembre de 1982 llegaba en un momento delicado, tanto para el Barcelona como para el club olívico. Los hombres dirigidos por Udo Lattek, situados en la tabla clasificatoria en cuarta posición, acumulaban problemas tanto en el terreno de juego como fuera de él. Bernd Schuster se encontraba en pleno ataque de rebeldía contra sus compañeros y contra el club, lo que motivó su exclusión de la convocatoria para el partido frente a los de Vigo. Mientras, Pavić no había podido contar con su once de gala durante las once primeras jornadas de liga a causa de los problemas físicos del brasileño Ademir y de Pep Mercader, el cual al menos había podido jugar ya la semana anterior frente al Real Madrid. Los de celeste eran penúltimos, con tan solo seis puntos y otros tantos negativos. Las declaraciones del técnico balcánico previas al partido ponían de relieve la sensación de inferioridad con la que viajaban sus hombres, que partían como víctimas propiciatorias para un equipo local que necesitaba los puntos como terapia balsámica.

Al contragolpe

El técnico céltico situó a Maté bajo palos. Por delante dispuso una línea de cuatro hombres, con Mina y Gelo como laterales y Antonio Gómez y Atilano como centrales. El cuarteto de zagueros se veía complementado con la inclusión de Javier Canosa, cuya principal misión no era otra que la de ‘secar’ a Diego Armando Maradona a base de pegarse como una lapa al astro argentino. No resultaba extraño por entonces encomendar la realización de un marcaje individual cuando algún futbolista rival destacaba sobre el resto. El centro del campo contaba con tres buenos arquitectos como Pep Mercader, Andrés Fernández y Nene Suárez. Como extremo izquierdo se situaba Juan del Cura y en punta, como llanero solitario, Pichi Lucas.

Atilano3_CCF04022011_00000
Atilano jugó en el Celta durante 12 temporadas (Foto: yojugueenelcelta.com)

Tal y como cabía esperar el Celta saltó al Camp Nou con una actitud netamente conservadora. El equipo esperaba bien arropado atrás para tratar de cazar a los de azulgrana en algún contragolpe. El Barcelona, que echó en falta a Bernd Schuster casi desde el primer minuto, se las veía y se las deseaba para atravesar la tupida telaraña que había diseñado Pavić. Con Maradona muy vigilado, el público local lamentaba la falta de más jugadores de calidad que pudiesen abrir la lata celeste. Con todo, a los 34 minutos se produjo una jugada aislada que finalizó con un cabezazo de Víctor Muñoz que terminó en las redes de Javier Maté. El 1-0 pareció insuflar ánimos a los de casa, que antes del intermedio gozaron de tres buenas oportunidades para ampliar la renta. Por si la desventaja fuese poca cosa, Pavić se vio obligado a realizar sus dos cambios en el último cuarto de hora del primer tiempo. Las lesiones de Mercader y Lucas obligaron al ingreso de Santomé y de Pedro, sin que tácticamente se pudiese observar modificación alguna.

Un gol y un positivo

Tras el descanso, lejos de apreciarse una mejoría en el fútbol de los de azulgrana, se intuía una mayor ambición en los visitantes. Un córner cabeceado por Atilano y una muy buena jugada colectiva que finalizó Suárez avisaban de que el Celta no se resignaba a una suerte que parecía escrita de antemano. Las incorporaciones al ataque del zaguero céltico durante el segundo tiempo trajeron por la calle de la amargura a una defensa local más nerviosa de lo habitual. Tras un disparo de Carrasco que se estrelló en el palo el Celta iba a conseguir el merecido empate. Una excelente jugada de Juan del Cura por banda finalizó con un envío medido al área que Atilano empalmó con tres dedos y envió a la red, lejos del alcance del guardameta Artola. El gol recuerda asombrosamente a aquella gran ocasión que malogró Jorge Otero 12 años después, en los octavos de final de USA‘94 ante Suiza.

Atilano4_escanear0015oz7
Atilano, entre Capó y Mina, en una imagen correspondiente a la temporada 1983/84 (Foto: alineacionesinternacional.blogspot.com)

El tramo final del partido terminó por acentuar la crisis blaugrana. Un controvertido penalti por mano de Del Cura posibilitó que Maradona anotase el 2-1 pero para entonces el Celta ya había advertido que su rival estaba tocado. Durante el último cuarto de hora los de celeste, con un incisivo Juan del Cura, se hicieron definitivamente con las riendas del juego. El Barcelona, atemorizado y bloqueado ante la posibilidad de dejarse algún punto, se echó atrás. Entre los silbidos del público y los olés para los pases del Celta Pedro tuvo en sus botas el empate tras un robo cerca del área local. Una igualada que llegaría finalmente en el minuto 85, tras un centro de Antonio Gómez que Nene Suárez controló con el pecho y envió a la red tras disparar cruzado. El Celta se marchaba con un valioso punto y el Camp Nou estallaba contra los suyos.

Titular durante una década

Para Atilano aquella tarde fue lo más parecido a un sueño. Poca idea se podía hacer de lo que iba a pasar aquel 21 de noviembre dos meses antes, cuando todavía acostumbraba a batallar con el Zamora en Tercera División. En el que era su cuarto partido oficial con la casaca azul cielo conseguía su primer gol, que además servía para sumar un punto en un campo de los considerados ‘imposibles’. El Celta escalaba un puesto y, por encima de todo, recargaba su moral para la lucha por la permanencia. Una lucha que finalmente terminaría en fracaso, tras una amarga derrota en Pucela que condenó al club olívico a regresar a la División de Plata.

Atilano5_n_celta_de_vigo_historia-11618842
La temporada 1986/87 fue para Atilano la más completa en cuanto a cifras (Foto: halacelta.com)

Aquella fue la primera campaña del zaguero zamorano en Vigo pero no iba a ser la última precisamente. Desde entonces y hasta el curso 1990/91 se vivieron ascensos, descensos, play-off, años duros en Segunda y otros muy exitosos en Primera. Técnicos como Luis Cid Carriega, Félix Carnero, José Luis García Traid, Colin Addison, José María Maguregui, José Manuel Díaz Novoa o Txetxu Rojo dirigieron con distinta suerte los destinos de un club olívico que no conseguía asentarse en Primera. Atilano vivió en primera fila todos los acontecimientos de aquella época y contó con la confianza absoluta de cada uno de sus preparadores, quienes le ubicaban en cualquier demarcación dentro de su línea de retaguardia. En ninguna de sus primeras nueve campañas como céltico jugó menos de 2.000 minutos en liga aunque si hay que destacar una esa fue la 1986/87 —la de los play-off—, en la que el de Coreses participó en un total de 40 partidos ligueros.

Cuatro millones y medio de pesetas completaron el montante de la operación para que Atilano desembarcase en Vigo

Nunca destacó en el apartado anotador —tan solo 7 goles repartidos a lo largo de 12 campañas— pero al repasar sus dianas cabe destacar la que convirtió al cabecear un córner frente al Rayo Vallecano en junio de 1987, en la semana anterior a la histórica visita a Sestao. Aquel gol sirvió para sumar dos puntos que colocaban al Celta muy cerca del ansiado ascenso, el cual quedaría definitivamente certificado pocos días después cuando el club olívico consiguió escapar vivo de Las Llanas.

Celeste hasta hoy

Tras cumplir los 33 años su participación disminuyó considerablemente, si bien durante la primera mitad del curso 1992/93 recuperó la titularidad en la máxima categoría. Su último gol lo convirtió en la victoria por 4-0 ante el Albacete, en una eliminatoria de la inolvidable Copa del Rey que se perdió ante el Real Zaragoza en 1994. Al finalizar aquella campaña Atilano colgó las botas pero continuó en el Celta como adjunto al jefe de prensa, al cuerpo técnico y como relaciones públicas. Hoy en día no resulta complicado verle por las inmediaciones del estadio de Balaídos cada vez que su equipo de toda la vida, el Celta, juega en casa.

Atilano2_2017062501342354431
Bajcetic, Atilano, Alemany, Santi Castro, Oubiña, Alejandro Lago y Salva, todos ellos vinculados al Celta (Foto: atlantico.net)

Historia viva del celtismo a lo largo y ancho de los últimos 35 años, Atilano Vecino Escuadra inició su relación con el Celta a finales de 1982. Aquel golazo que consiguió en el Camp Nou no supuso más que el inicio de una carrera futbolística que después se trasladaría a los despachos. En la actualidad continúa como hombre de club, un poco más en la sombra que Vlado Gudelj pero con la misma lealtad y alegría que siempre. Igual que aquel 21 de noviembre, en el que el Celta de Pavić sorprendió al Barcelona de Diego Armando Maradona.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s