Aquel fue, quizás, uno de los derbis más trascendentes dentro de los disputados por Deportivo y Celta en la máxima categoría del fútbol español. Para los de Vigo no solo estaba en juego la permanencia, sino también la posibilidad de dar un empujón casi definitivo a sus rivales del norte hacia la Segunda División. En una tarde primaveral de 1970 Cesáreo Rivera fue el hombre más determinante de un partido fundamental para el futuro inmediato de ambos clubes.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Cesáreo Rivera nació en la localidad ourensana de O Carballiño en marzo de 1940. Desde pequeñito frecuentaba con su padre y sus tíos el estadio de Balaídos, algo que le iba a marcar para siempre. En aquella época pudo seguir en primera fila a los Atienza, Pahiño, Mekerle, Mauro o Torres, verdaderos ídolos de los que hoy apenas se conservan imágenes. Sus inicios en el mundo del fútbol hay que localizarlos en su localidad natal aunque el club que de verdad le catapultó hacia la élite fue el Ourense. Rivera era un centrocampista creativo con una muy buena llegada al marco rival y con un notable olfato goleador. Con apenas 19 años convirtió un total de 27 goles —entre liga y copa— con el equipo de As Burgas en la División de Plata correspondiente al curso 1959/60, lo que le llevó a la selección española sub-21. Por entonces el interés del Celta en contratarlo ya era manifiesto pero la escasez de cuartos en caja propició que un club con más recursos como el Sevilla se lo llevase para tierras andaluzas.

El centrocampista ourensano iba a quedarse en tierras hispalenses durante cinco campañas, de las que cabe destacar la última de ellas, la correspondiente al curso 1964/65. No fue esta su temporada más realizadora, pues tan solo logró convertir seis tantos, pero sí fue la única en la que logró una titularidad sostenida en el tiempo que le llevó a rozar los 2.800 minutos de juego efectivo entre liga y copa. Curiosamente fue entonces cuando por fin cristalizó el interés del Celta en su contratación. El club olívico, hundido en la Segunda División en plena década oscura, desembolsó dos millones de pesetas y Rivera, fiel a un sentimiento celtista que llevaba dentro casi desde que nació, renunció a jugar en la máxima categoría para buscar el ascenso con el equipo de su corazón.

Objetivo: Primera

Lo cierto es que el objetivo de volver a Primera, tema recurrente en Vigo durante aquella década, no iba a resultar tarea fácil. Durante el curso 1965/66, en el que Rivera marcó ocho goles y fue pieza fundamental para el técnico Rafa Yunta, se alcanzó la promoción de ascenso. Sin embargo no se pudo alcanzar el objetivo al sucumbir ante el Sabadell por un global de 0-2. Más discreta resultó la temporada siguiente, tanto para el Celta como para Rivera. El carballinés tan solo logró dos tantos y el club olívico terminó lejos de Real Sociedad y Sporting, los dos primeros de la tabla.

Rivera4_Orense 1959 11 22
Rivera en el Ourense 1959/60 (Foto: equiposdefutbol2.blogspot.com)

En el apartado individual hay que señalar la campaña 1967/68 como la mejor de Cesáreo Rivera con la casaca azul cielo. Fueron un total de 40 encuentros entre liga y copa disputados de principio a fin por parte del centrocampista ourensano, a lo largo de los cuales anotó 20 goles. Dos de ellos se los llevó el Deportivo en su visita a Balaídos, donde sucumbió por 3-2 en un gran partido del volante olívico. Las cifras, espectaculares para un hombre al que le gustaba moverse en la zona de creación, no resultaron suficientes para que los de celeste alcanzasen la promoción de ascenso, que se quedó a cinco puntos de diferencia. Sin embargo el equipo dirigido por Iñaki Eizaguirre ya avisó de que al año siguiente todo sería diferente al alcanzar las semifinales de la competición del KO, en las que no pudo con el Real Madrid. Efectivamente, un año después se concretaría el salto de categoría al finalizar la temporada en una segunda posición que permitía conseguir el ascenso automático. Curiosamente, Rivera tan solo fue capaz de aportar un gol durante aquella campaña, en la que gozó de la confianza absoluta de Eizaguirre y superó los 2.600 minutos de juego.

El volante ourensano participó en los dos encuentros de la eliminatoria frente al Aberdeen

Una vez en Primera el de O Carballiño continuó como titular a las órdenes de Roque Olsen aunque la irregular marcha del equipo desembocó en la sustitución del técnico argentino por el navarro Juan Arza.

Derbi a cara de perro

Al paso por el mes de abril de 1970 el Celta buscaba oxígeno que le permitiese amarrar la permanencia. Durante todo el curso el equipo se había movido en la zona media-baja de la tabla y, a tres jornadas de que la liga echase el cierre, tan solo dos puntos le separaban de la decimocuarta plaza. Una posición que en aquel momento ocupaba el Deportivo y que implicaba dejar la máxima categoría y regresar a la División de Plata.

Rivera3_rivera
Cesáreo Rivera jugó durante siete temporadas en el Celta (Foto: yojugueenelcelta.com)

Bajo un sol espléndido Juan Arza situó sobre el césped de Riazor a Bermúdez bajo palos. Pedrito, Manolo y Herminio formaron una zaga de tres hombres que recibía el apoyo permanente de Quique Costas. Lezcano y Manolo Jiménez actuaban como extremos, mientras que Cesáreo Rivera, Almagro y Juan trabajaban en la zona central del mediocampo. Como ariete y hombre más avanzado quedaba Abel Fernández Valencia.

El partido transcurrió, en su mayor parte, bajo control celeste. Pero la historia pudo sufrir un vuelco a los nueve minutos de juego, cuando un disparo del deportivista Sertucha fue rechazado por el palo. El mismo futbolista pidió penalti en la jugada siguiente tras una caída que no fue sancionada por el colegiado Sánchez Ríos. A partir de ahí el partido fue de los visitantes. El gran trabajo de la medular céltica permitía buenas incursiones por las bandas, en las que de manera especial Manolo Jiménez torturaba a Miguel, lateral derecho blanquiazul. Cesáreo Rivera, verdadero cerebro de los de Vigo, fue aquella tarde el mejor hombre sobre el terreno de juego y marcó permanentemente el ritmo de partido para su equipo y también para sus rivales.

Rivera2_Rivera periodico FAME
Rivera, con su gol en Riazor, condenó al Deportivo (Foto: fameceleste.com)

Pasada la media hora de juego, las oportunidades de las que disfrutaron Abel y Jiménez avisaron de que el gol olívico estaba cerca. Así, a los 41 minutos, un libre indirecto lo tocó Costas para que Rivera enganchase un poderoso zapatazo que sorprendió por bajo a la barrera que había situado Benito Joanet, guardameta local. Tras el intermedio los de Vigo, siempre más verticales que sus oponentes, caían con frecuencia en fuera de juego. Con todo, se intuía que estaba más cerca el 0-2 que la igualada. Juan, Abel y Lezcano disfrutaron de buenas oportunidades para aumentar la diferencia mientras que los coruñeses, que acumulaban seis encuentros consecutivos sin conseguir la victoria ante su público, se mostraban completamente inoperantes en ataque. Bajo la batuta de Rivera se llegó al final del partido y el Celta daba un paso prácticamente definitivo para asegurar la permanencia. Un logro que quedaría definitivamente sellado una semana más tarde, tras derrotar por 1-0 al Pontevedra en Balaídos. El Deportivo, a pesar de lograr la victoria en sus dos últimos compromisos, no pudo evitar el descenso.

Epílogo UEFA

Para Rivera aquel fue el último de los cinco tantos que convirtió durante aquel curso, en el que tan solo se perdió dos encuentros de liga. Tampoco iba a disminuir su importancia en el equipo a lo largo de la temporada 1970/71, en la que el Celta alcanzó por primera vez en su historia la clasificación para una competición europea. Con una base muy similar a la de la temporada anterior, las incorporaciones de Pedro Gost y Fernando Rodilla resultaron determinantes para que el club olívico alcanzase plaza en la Copa de la UEFA.

Rivera5_1964-65
Rivera, tercero en la fila inferior, jugó en el Sevilla antes de llegar al Celta (Foto: yojugueenelsevillafc.blogspot.com)

Con 31 años Cesáreo Rivera afrontó su última temporada en el Celta consciente de que los jóvenes pedían paso. El volante ourensano participó en los dos encuentros de la eliminatoria frente al Aberdeen pero su peso en el mediocampo vigués comenzaba a disminuir. La pujanza de Juan Fernández Vilela y de Santi Castro comenzaba a restarle minutos, aunque finalmente conseguiría superar la cifra de los 1.500, si se tienen en cuenta las tres competiciones que afrontó el club. Quizá al ver que su final se acercaba, Rivera decidió en 1972 ceder su brazalete de capitán al gran Manolo y poner el punto final a su carrera vestido de corto.

Desde pequeñito frecuentaba con su padre y sus tíos el estadio de Balaídos, algo que le iba a marcar para siempre

Desde entonces jamás ha rehuído su responsabilidad como celtista y ha presidido la peña de su localidad natal durante tres décadas. Hoy en día, con algún que otro achaque atribuible a sus 77 años de edad, Cesáreo Rivera mantiene ese mismo sentimiento que un día le impulsó a dejar la Primera División para intentar reflotar al club de sus amores, aquel que por entonces vivía sus días más negros en la Segunda División. Una categoría a la que cayó el Deportivo como consecuencia, entre otras cosas, de un gol suyo conseguido en abril de 1970.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s