Aleksandr Vladimirovich Mostovoi. Tres palabras que marcan la referencia absoluta dentro de la historia moderna del Real Club Celta. Un verdadero genio que dejó grabado a fuego su sello en el corazón del celtismo. El Real Madrid se llevó varios ‘recuerdos’ del Zar a lo largo de los años en los que vistió la elástica azul cielo. Aunque para rememorar su primera gran actuación ante los blancos hay que remontarse al mes de abril de 1998.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Nacido en San Petersburgo en 1968, Mostovoi se formó como futbolista en las categorías inferiores del CSKA de Moscú. Con apenas 16 años pasó al Spartak, equipo en el que comenzó a dejar muestras de la clase que enseñaría durante tantos años en Vigo. Con el equipo de la capital rusa él y Valery Karpin visitaron Balaídos por primera vez en agosto de 1990, para disputar un trofeo Ciudad de Vigo en el que ya se pudo apreciar el carácter indomable de dos futbolistas a los que la liga rusa pronto se les iba a quedar pequeña. Unos meses más tarde aquel Spartak conseguiría alcanzar las semifinales de la Copa de Europa al eliminar, entre otros, al Nápoles de Maradona y al Real Madrid.

No iba a resultar fácil la adaptación de Mosto al fútbol latino y durante las dos temporadas que pasó en el Benfica no terminó de funcionar bien. Mejor le irían las cosas en Francia, donde primero en las filas del Caen y después en las del Estrasburgo, dejó claro que su madurez futbolística se aproximaba. Con la recién creada selección rusa intervino en la primera competición en la que participó, el mundial de USA’94, si bien fue en la Eurocopa de 1996 en la que su calidad alcanzó una mayor resonancia.

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El Spartak de Mostovoi eliminó al Nápoles de Maradona de la Copa de Europa 1990/91 (Foto: tumblr.com)

Fichaje inesperado

A decir verdad, cuando en aquel verano de 1996 se conoció la noticia de que el centrocampista ruso fichaba por el Celta a cambio de 325 millones de pesetas, todo el mundo en Vigo se frotaba los ojos. La clase, la calidad y el porte de aquel finísimo volante parecían a todas luces diseñados para mayores empresas que las que por entonces abordaba el club olívico. Un análisis un poco más frío revelaba que, con 28 años y un carácter controvertido, sus oportunidades de vestir la camiseta de un grande parecían haber desaparecido. Los de celeste, que habían eludido el descenso por cuarta temporada consecutiva, no partían con un objetivo más ambicioso que en años anteriores. Y eso que, junto con el Zar, se incorporaba un campeón del mundo como Mazinho, además de gente como Revivo o Dutruel, menos conocidos pero que se convertirían en piezas estructurales dentro del entramado céltico en las siguientes temporadas.

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El Estrasburgo fue el último equipo en el que militó Mostovoi antes de fichar por el Celta (Foto: Getty)

Lo cierto es que cuando Aleksandr Mostovoi llegó en su primer día a la playa de Samil no era consciente de que seis años antes ya había estado allí. Con todo, su sorpresa fue mayúscula al comprobar que el Celta no poseía ciudad deportiva ni campo de entrenamiento propio. El paso de los meses le enseñó de primera mano la realidad de la pomposamente llamada ‘liga de las estrellas’, en la que no todos los equipos disponían de agua caliente siempre que lo deseaban ni partían con el objetivo de ganar la liga. La dureza de su primer año se plasmó en una sequía realizadora que le impidió ver puerta hasta el 9 de febrero de 1997. Riazor asistió al primero de tantos goles del ruso con la elástica celeste, en un choque que terminó con empate a dos tantos. Hasta seis dianas acabaría por convertir el de San Petersburgo durante la segunda vuelta de aquel curso, en el que no se pudo cerrar la permanencia hasta la última jornada. Por entonces, una goleada sobre un Real Madrid de Fabio Capello que no se jugaba nada permitía salvar los muebles.

De Gijón al cielo

Sin duda el episodio más recordado de aquella campaña tuvo lugar en Gijón. Aquel día los nervios pasaron factura al Zar, cuya discusión con Patxi Salinas pasó para siempre a los libros de historia del Real Club Celta. Probablemente influyó el hecho de que se le había anulado por falta previa un tanto aunque su amago de abandonar el campo respondió, claramente, a un cúmulo de frustraciones que le hicieron comportarse de manera infantil y poco leal con el equipo. Por suerte tanto Patxi como el resto de compañeros le hicieron entrar en razón.

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Un once del curso 1997/98 (Foto: todocoleccion.net)

Afortunadamente para Mostovoi y para el Celta el curso siguiente las cosas iban a cambiar. Y en eso tuvo mucho que ver la llegada de Valery Karpin, su antiguo compañero en el Spartak. En un inicio de campaña verdaderamente brillante, los de Vigo lograron vencer en siete de los once primeros partidos, lo que les permitió instalarse en la zona noble de la tabla. A las órdenes de Jabo Irureta el equipo funcionaba como un reloj y conjugaba la vistosidad de su fútbol con una excelente rentabilidad en cuanto a resultados. Y, aunque con Víctor Fernández se iban a alcanzar cotas de juego nunca vistas, el verdadero gérmen de aquel inolvidable Celta se sembró durante la campaña 1997/98. Mosto, sin mostrar una gran capacidad realizadora —ocho goles en liga y uno en copa, todos ellos en Balaídos— encontró por fin su sitio y, con la libertad de movimientos que le otorgaba Jabo, se convirtió en el gran director de orquesta que buscaba el Celta para su parcela ofensiva. El toque, el cambio de ritmo, los regates en una baldosa… El coliseo vigués iba a comenzar a malacostumbrarse durante aquella temporada, la primera desde que se regresó a la máxima categoría en la que se dejó de mencionar la palabra permanencia.

Un Celta superior

El ejemplo del gran momento de forma que vivió el Zar en aquel curso lo sufrió en sus carnes un Real Madrid que un par de meses más tarde se iba a proclamar campeón de Europa. El equipo merengue llegó a Balaídos el 11 de abril de 1998, consciente de que el título de liga ya estaba prácticamente perdido. El Barcelona de Louis Van Gaal sumaba once puntos más que los de la capital, por lo que los de Jupp Heynckes habían depositado todas sus esperanzas en ganar la Champions, algo que no conseguían desde 1966. El Celta, que dos semanas antes ya había derrotado por 3-1 al Barcelona en Balaídos, buscaba tres puntos que le mantuviesen en la carrera por Europa.

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Once del Celta frente al Real Madrid (11/04/98)

El partido se jugó siempre al ritmo que propusieron los de casa. Irureta, que no podía contar con Mazinho, situó a Valery Karpin al lado de Ito y desplazó a Juan Sánchez a la banda derecha. Con Jorge Cadete como referencia arriba, Mostovoi campaba a sus anchas por la medular. Por la izquierda Haim Revivo se encargaba de dar trabajo casi permanentemente a Christian Panucci. Desde el primer minuto el Celta impuso su fútbol de toque y apenas sufrió las acometidas blancas —azules en aquella tarde de sábado—. Fernando Redondo y Clarence Seedorf se las veían y deseaban para detectar a un Mostovoi que aparecía por cualquier parte y que desestabilizaba permanentemente a la zaga madridista. Con todo, hubo que esperar al minuto 38 para que llegase el 1-0. El Zar, en un alarde de desequilibrio, giró sobre sí mismo para reventar primero a Fernando Sanz y después a Christian Panucci, justo antes de soltar un zurdazo imposible para Bodo Illgner. Una jugada de verdadero genio, todavía más extraordinaria que la que había protagonizado quince días antes frente al Barcelona.

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Mostovoi y Raúl durante un Celta-Real Madrid (Foto: sports.ru)

El Real Madrid iba a empatar de penalti justo antes de llegar al descanso pero en el segundo tiempo el campo continuaba inclinado hacia el marco del arquero alemán. En el minuto 56 Iturralde decretaba una pena máxima por falta de Redondo a Goran Djorović. Mostovoi se fue a por la pelota y, a pesar de los intentos de Fernando Hierro por desestabilizar su lanzamiento, consiguió engañar a Illgner y colocar el balón a su izquierda. De ahí al final el Celta dominó a placer aunque la expulsión de Cadete en el minuto 69 complicó un triunfo más que merecido. Un disparo al larguero de Seedorf supuso la mejor oportunidad para un Real Madrid que salió de Balaídos a 14 puntos del Barcelona.

A Europa con el Zar

El Celta se situaba a tan solo dos puntos de la segunda plaza, que daba acceso a la Liga de Campeones. Sin embargo los de Irureta tan solo pudieron ganar uno de los últimos cinco partidos de liga y hubieron de conformarse finalmente con la sexta posición. En cualquier caso el premio —la clasificación para la Copa de la UEFA— no era menor. 27 años después el club olívico regresaba a Europa, donde iba a escribir páginas brillantes en estadios en los que apenas unos meses antes la afición celeste no podía ni soñar con visitar.

La clase, la calidad y el porte de aquel finísimo volante parecían a todas luces diseñados para mayores empresas que las que por entonces abordaba el club olívico

Aquella fue la primera gran temporada de Aleksandr Mostovoi en el Celta. El ruso también había marcado un gol en la remontada ante el Deportivo en Balaídos, lo que le permitió saborear su primer triunfo sobre el equipo blanquiazul. Aunque su llegada a Vigo se produjo a principios del curso anterior, la leyenda del Zar empezó realmente durante la campaña 1997/98. Posteriormente llegarían todavía muchos derbis, grandes tardes de gloria y también algunas tristes. Seguramente no faltarán oportunidades para revivirlas con toda la tinta celeste que sea necesaria. Porque zares hubo muchos pero en Vigo al único que se recordará durante décadas es a Aleksandr Vladimirovich Mostovoi.

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