El Celta barrió al Real Madrid del terreno de juego de Balaídos en una magnífica segunda parte en la que faltó esa pizca de suerte necesaria para lograr un botín mayor. Como las quitanieves que echaron en falta los miles de afectados por la bochornosa gestión de las nevadas en la AP6, el equipo vigués sí se deshizo de la amenaza blanca, más frío que el manto que dejó tiradas a tantas personas la noche anterior.
Borja Refojos | Tinta Celeste

Celta 2-2 Real Madrid

Celta: Rubén; Hugo Mallo, Cabral, Roncaglia, Jonny; Wass (Jozabed, min. 91), Radoja (Lobotka, min. 73), Pablo Hernández, Pione Sisto (Emre Mor, min. 73); Iago Aspas y Maxi Gómez.
Real Madrid: Keylor Navas; Achraf, Varane, Nacho, Marcelo; Casemiro, Kroos, Modric (Lucas Vázquez, min. 76), Isco (Kovacic, min. 77); Bale (Asensio, min. 84) y Cristiano Ronaldo.
Árbitro: Jaime Latre (Comité aragonés). Amonestó con tarjeta amarilla a los jugadores locales Hugo Mallo y Iago Aspas y a los visitantes Casemiro y Keylor Navas.
Goles: 1-0 Wass (min. 33). 1-1 Bale (min. 35). 1-2 Bale (min. 38). 2-2 Maxi Gómez (min. 82).
Balaídos. 20.872 espectadores.

Es inútil negarlo. Cuando el Madrid visita Balaídos, hay que prepararse para lo peor. Cuando lo hace inmerso en un mal momento, incluso más, porque estos equipos son más peligrosos cuando están heridos. Una peligrosa tormenta blanca al acecho, como la que dejó tiradas a miles de personas la noche anterior, a lo largo de muchos kilómetros en la AP-6. Pero a diferencia del Director General de tráfico, el Celta no le echó la culpa al empedrado ni buscó excusas peregrinas para escapar de hacer su trabajo –y las había, empezando por una durísima eliminatoria de Copa en juego ante el Barça-. Unzué matizó el once con tres cambios y a por todas. Fue el primer mensaje a los iluminados que desde Barcelona sí buscaron excusas en su perpetua guerra con la misma facción capitalina para ver quién la tiene más grande. Y aunque les joda, el Celta y el resto de equipos de Primera División no son figurantes ni atrezzo en su Chiringuito.

Así pues, manos a la obra desde el principio y tras unos minutos de disputa en los que costaba entrar en calor, Aspas estampó un balón contra la madera. Fue el pistoletazo de salida, el click para darse cuenta –una vez más- que son de carne y hueso y que se les puede competir de igual a igual. Ni un paso atrás. El Celta ganó presencia en campo contrario a medida que Radoja y Pablo Hernández subieron sus prestaciones, algo timoratas al principio. Wass avisó de lo que vendría con un disparo fuera desde la frontal poco antes de que una estampida celeste atropellase al Madrid. Toque, toque, Aspas a la profundidad de Wass y sutil toque de un caballo loco que sabe cuándo ser tierno.

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“En Dinamarca sí que sabemos barrer la nieve, Gus”.

Pero el Madrid es el Madrid. Y uno solo de sus jugadores franquicia vale más que el presupuesto del Celta. Uno de ellos es Gareth Bale, que en un mar de dudas, criticado, con la sombra de las lesiones siempre sobrevolando, demostró que tiene una enorme calidad. Dos fogonazos le bastaron para darle la vuelta al marcador en un suspiro. El primero tras un grave error de Maxi, que provocó una contra en la que Kroos tuvo todo el tiempo del mundo para servir en profundidad y el galés para correr. El segundo, con Isco suelto asistiendo para el remate de primeras del extremo de Cardiff.

Justicia poética

Los goles fueron mazazos directos a la línea de flotación de la ilusión céltica. Pero la segunda parte dejó ver al equipo que hizo soñar al celtismo en los últimos años. Un equipo valiente, que siempre va al frente, que presiona y que corre, que no mira atrás, que salta sin red. El Celta recuperó una versión más reconocible en el último trienio para jugar a toda velocidad. Una máquina quitanieves con el caballaje de un fórmula 1. Un homenaje a Eduardo Berizzo horas después de que el Betis le hiciese otro en el derbi sevillano. Así, el equipo vigués comenzó a estrechar el cerco sobre el campeón de Europa y convirtió la segunda parte en un monólogo.

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O Keylor está para ser pívot de la NBA o se adelantó dos metros.

Hugo y Jonny impecables, Roncaglia solidificando la defensa y demostrando que tiene mucho que dar, Radoja y Pablo Hernández crecidos y Wass y Aspas desatados. Los muchachos vestidos de azul cielo estaban sometiendo al Madrid y Juan Carlos Unzué demostrando que crece semana a semana y que su idea de fútbol es perfectamente compatible con los conceptos que hicieron grande a este equipo.

La pelota le duraba apenas un suspiro al Madrid. Una presión tras pérdida agresiva y efectiva permitía a los celestes seguir atacando. Seguir generando. Un goteo de ocasiones cada vez más claras era golpes en la puerta. Y este equipo interiorizó que para derribar la puerta hay que insistir e insistir. Jonny disparó arriba y Maxi remató de espuela a las manos de Navas. Fue el preludio del penalti del portero Tico sobre Aspas en una nueva transición vertiginosa. Idénticos protagonistas en la ejecución de la pena máxima, que el meta madridista desbarató con una intervención a dos metros de la línea de cal. Que sí, que todos lo hacen, pero legal no es. Fue el primer penalti fallado por Iago en Primera.

No quedaba demasiado y un nuevo mazazo dejaba tocado al Celta. Pero el carácter irreductible que nos admiró a todos estaba en efervescencia y los hombres de Unzué siguieron atacando con fe, sin miedo a nada. Así, en una nueva presión sobre Marcelo, la pelota llegó a Wass en la derecha, Aspas se llevó a Varane con un fantástico desmarque de arrastre y Maxi solo tuvo que empujar el maravilloso centro del danés. Era el premio a la insistencia y al carácter irreductible. El premio a tener claro que aunque la diferencia de poder sea como la noche y el día, el Celta juega siempre de tú a tú. Los minutos finales sirvieron para constatar que Rubén Blanco da garantías y que Cristiano Ronaldo pasó como una sombra sobre la nieve. Una nieve que apartó el Celta con su personalidad y con su fútbol.

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One response to “Máquina quitanieves

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