Es un fenómeno habitual que afecta a los aficionados de los equipos grandes, atormentados siempre porque los suyos no ganan el triplete, o el sextete, o como se diga. O porque lo ganan los de enfrente. Aun peor. En Vigo, y en el Celta, la épica se ha ido instalando en una afición que, año tras año, veía alguna machada ante estos equipos. Cuatro golitos al Barcelona, eliminación copera al Real Madrid, y tres empates esta temporada, o lo que es lo mismo, ninguna derrota. Esto ha sido así hasta el punto de que ya se veía perfectamente normal plantarse en el Camp Nou con un empate a uno y contar con que la eliminatoria iba a caer de lado vigués. Pues no, esta vez no. Una dura goleada devuelve al Celta a la realidad, y le recuerda que lo anormal era lo que estaba sucediendo, no lo que sucedió en la vuelta de Copa. Ahora bien, a pesar de la malísima imagen del equipo tampoco hay que quemar la casa, ni a los que en ella habitan. Es una mala noche, una manita y una eliminación, solo eso. El problema es que ya no estábamos acostumbrados.
Miguel Gallego | TintaCeleste

Quien más, quien menos, todos los aficionados del Celta veían opciones de que su equipo eliminase otra vez a un grande y repitiese cuartos de final de Copa. Aunque fuesen pocas. Además, esta temporada ya había rascado un empate a dos en campo del Barça, resultado que sería suficiente. El problema, o uno de ellos, quizá fue ese. El Barcelona no está acostumbrado a que un equipo de los denominados modestos le tosa de esa manera. Y tenía ganas de resarcirse. Así lo reconoció Valverde tras el choque. Y también hay que intuir, quizá, un pequeño exceso de confianza por parte del vestuario vigués, que creía más que nadie. Eso, en general, es bueno. En el Camp Nou se puede volver contra uno, como así ocurrió.

A por ellos

Juan Carlos Unzué era el primero en creer. Tanto que apostó por su variante de toque, sazonada con Jozabed y Emre Mor, sorpresa en la alineación. Quizá por ahí empezó a desangrarse el equipo, ya que el turco, con muy pocos minutos desde su llegada, no es un especialista en la presión, y tampoco está especializado en las ayudas. Esta afirmación nace apoyada en los tres primeros goles y la participación de Alba en ellos, pero no es más que eso, una afirmación a toro pasado.

No hay que olvidar que Unzué maneja una plantilla diseñada para atacar, y no para defender resultados

El Celta estuvo mal, se vio desbordado por todos lados y por un rival que se tomó muy en serio el asunto. Si el equipo hubiese conseguido salir como acostumbra y adelantarse en el marcador con un gol de, por ejemplo, Emre Mor, Unzué sería un genio. Es lo que hay, los resultados mandan, dan y quitan razones. Y este se la quita a la valentía de Unzué, que no hay que olvidar que maneja una plantilla diseñada para atacar, y no para defender resultados. Eso si que está totalmente demostrado que no le resulta.

Golpe anímico

Lo que sí debería trabajar el técnico es el aspecto mental, una cuestión en la que el Celta nunca ha destacado. Y esta temporada, tampoco. De ahí vienen las abundantes remontadas que ha sufrido un equipo que acostumbra a adelantarse en el marcador. Esta vez la situación no fue la misma, está claro. Pero es sintomático que, tras el par de goles que dinamitaron la eliminatoria, el Celta se convirtió en un juguete en manos de los locales.

En una Liga loca en la que el décimo quinto está más cerca de Europa que del descenso, hacia dónde mire el vestuario se antoja un aspecto clave

Es muy poco habitual que un equipo profesional pierda un partido con solo dos faltas cometidas y otro par de manos. Significa, claramente, que bajó los brazos de manera drástica. Vale que la remontada se antojaba imposible, pero el 5-0 puede afectar a esa confianza que el Celta llevaba crecida a Barcelona, y que ahora tiene que trasladar al complicado escenario liguero y al Ciutat de Valencia. Y, en una Liga loca en la que el décimo quinto está más cerca de Europa que del descenso, hacia dónde mire el vestuario se antoja un aspecto clave.

La hecatombe

Está claro que del partido del Camp Nou no se pueden sacar muchas conclusiones positivas. Es una derrota que hace daño y que desnuda las carencias de un equipo que las tiene. De eso no cabe duda. Pero es una goleada contra un grande, y eso normalmente no es motivo para poner patas arriba al celtismo. Es un hecho objetivo que el equipo está algo mejor que durante el tramo inicial de la temporada, cuando no conseguía resultados positivos. Ahora tampoco es que esté encadenando triunfos. ¿Es suficiente el rendimiento que le ha sacado Unzué a su plantilla?¿Debería estar más arriba?Desde el vestuario defienden que sí casi unánimemente. También desde la dirección deportiva. Entre la afición hay opiniones para todos los gustos. Y es normal que los críticos hayan alzado la voz tras el cinco a cero. Las próximas semanas, superado el tramo más difícil del calendario, serán claves para saber quién tiene razón.

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