Donde las dan, las toman. El Celta le devolvió la moneda de la primera vuelta a la Real Sociedad en un duelo en el que se invirtieron los papeles del estreno liguero. Fueron los de Unzué los que supieron aguantar, los que fueron capaces de remontar y los que basaron su victoria en golpear. Encajar, aguantar, golpear. Pam, pam. Dos fogonazos de Aspas y Maxi anularon el de William José y certificaron la primera remontada de la temporada, la primera vez que el equipo celeste suma dos victorias consecutivas y la mejor clasificación liguera del curso. Diez puntos de los últimos doce para una séptima plaza que huele a Europa. La tamborrada fue celeste.
Borja Refojos | Tinta Celeste

Real Sociedad 1-2 Celta

Real Sociedad: Rulli; Odriozola, Llorente, Raúl Navas, Kevin Rodrigues; Illarramendi, Zubeldia; Canales (Oyarzabal, min. 60), Xabi Prieto (Aguirretxe, min. 82), Juanmi (Januzaj, min. 69); y Willian José.
Celta: Rubén Blanco; Hugo Mallo, Roncaglia, Sergi Gómez, Jonny; Wass, Lobotka, Jozabed (Radoja, min. 67), Pione Sisto (Brais, min. 78); Iago Aspas y Maxi Gómez (Cabral, min. 88).
Árbitro: Mateu Lahoz (Comité valenciano). Amonestó con tarjeta amarilla al jugador local Zubeldia y a los visitantes Jozabed y Lobotka.
Goles: 1-0 Willian José (min. 10). 1-1 Iago Aspas, de penalti (min. 20). 1-2 Maxi Gómez (min. 75).
Anoeta. 19.000 espectadores.

Dice el chiste que Chuk Norris en euskera se dice “Don Hostia”. Más allá del humor popular que tanto nos gusta y sin querer compararse con el poderío divino de Chuck, el Celta fue Don Hostia en Donostia. Un partido sin demasiado lustre, de los que no dejan acciones brillantes para youtube, pero en el que a los muchachos de azul cielo –esta vez de negro- les bastó su tremenda pegada para llevarse la victoria.

Una victoria novedosa en todos los sentidos para el Celta 2017/18. La primera que llega precedida de otra y la primera que llega tras ir por detrás en el marcador. Tornas cambiadas. No solo con el partido de ida, en el que Unzué se estrenó como entrenador en Primera División con un baño futbolístico que duró 70 minutos para terminar perdiendo. También con otros muchos partidos de la primera vuelta en los que la tropa palmó puntos tras dar la primera dentellada al marcador: Betis, Getafe, Girona, amén del ya mentado partido inaugural contra el equipo txuri-urdin y de los partidos contra Barça y Madrid, si bien aquí todos dimos por bueno el punto. El resultado de todo esto es un equipo maduro, con diferentes matices y facetas dentro de la idea de su entrenador, que está descubriéndose como un gran competidor a domicilio –ya van tres victorias consecutivas- y que ya está en puestos europeos –en los últimos años, la séptima plaza siempre ha dado acceso a la Europa League-.

La Real mostró un juego real sin peligro real

El caso es que el partido empezó de cine, con Aspas filtrando un balón profundo para que Maxi errase el mano a mano. No habría segundo error de la tanqueta uruguaya, que anotó el tanto de la victoria para tornar en trascendencia goleadora su intrascendencia en el juego. Pero mucho antes de eso resultó que la Real asumió el mando con un Odriozola que iba en moto. El menudo lateral derecho local fue un dolor de muelas, sobre todo para un Sisto que continúa desdibujado, casi apático, en un estado de forma bastante flojo para el punzón danés.

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Gancho al aire.

Así, con un envío desde la derecha, Willian José atacó el segundo palo, le ganó la partida a Hugo Mallo y cabeceó imparable el primer gol del envite. Dicen que el que golpea primero, golpea dos veces. Y en el caso del Celta siempre ha sido así este curso, en el que nunca ha sumado cuando empezó perdiendo un partido. Pero para todo hay una primera vez. Una buena reacción llevó a visitar el área donostiarra en un par de ocasiones antes de que una mano de Juanmi persiguiendo a Mallo le diera la oportunidad de empatar a Iago Aspas desde el punto de penalti. El moañés venía de fallar su primera pena máxima en Primera ante el Madrid. Una y no más, Santo Tomás. No, perdón, era San Sebastián.

Se ve que el Celta no gastó toda la suerte en Valencia la semana pasada porque solo cuatro minutos después, Lobotka devolvió el penalti a la Real en un agarrón sobre Canales. Willian José tragó saliva antes de comer madera: su zambombazo dejó temblando el larguero de la portería de Rubén a modo de broche final a la tamborrada del día anterior, el día de la ciudad.

Al día siguiente también hubo tamborrada: la tamborrada celeste

Pero ese día fue el sábado y este sarao fue en domingo, así que quizá San Sebastián estaba de resaca y no pudo ver el partido. Rubén tuvo su aparición de rigor para desbaratar un intento de Canales poco antes de que Sisto marrase un mano a mano con Rulli. La pelota, enloquecida cual conejo, fue a parar a Maxi primero y a Wass después; sus disparos se toparon con el mar de piernas de los defensas.

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Crochet a la mandíbula.

De esta forma y con varias aproximaciones locales más, el partido entró al segundo tiempo con cierta sensación de igualdad a pesar del claro dominio de la posesión de los chicos de Eusebio. Ese dominio se volvió mucho más patente en un segundo acto en el que el Celta tuvo que apretar los dientes. No fue el mejor partido de los centrocampistas –Lobotka incluido-, que se vieron superados por la calidad y el juego combinativo. Pero ocasiones, poco o nada. Unos cuantos saques de esquina y rondar y rondar sin atreverse a besar. Juego real sin peligro real.

Era el momento de buscar mudar de dirección desde los banquillos. Unzué lo logró con un Radoja que cementó la medular y anuló el juego txuri-urdin. Eusebio todo lo contrario: retiró a Canales, el más clarividente del cuadro realista y Oyarzabal y Januzaj no tenían la pimienta otras veces mostrada.

Con la sensación de que el punto estaba en la buchaca, al Celta le quedaba la posibilidad de que le cayera una ocasión que rubricase la tarde. Una segunda hostia, reservada al campeón de los pesos pesados: Maxi Gómez apareció en un córner, giró el pescuezo y batió a un Rulli mal colocado, lento de reflejos e inefectivo en su estirada hacia un primer palo que debería tener cubierto. Si no te proteges contra un pegador, besas la lona. KO. Con Brais y Cabral, Unzué terminó de blindar la victoria en unos minutos finales en los que sus hombres jugaron con mucha solvencia hasta que sonó la campana y en los que incluso Iago pudo poner el broche de oro a la tarde con una jugada de antología que no acabó en gol por poco.

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