Dos tiros y una colosal actuación del portero. El Espanyol no necesitó nada más para llevarse un punto de Balaídos en un partido que el Celta dominó de cabo a rabo pero que no supo cerrar ni en una área ni en otra.
Borja Refojos | Tinta Celeste

Celta 2-2 Espanyol

Celta: Rubén Blanco; Hugo Mallo (Boyé, min. 89), Roncaglia, Sergi Gómez, Jonny; Wass Lobotka, Radoja (Pablo Hernández, min. 75), Pione Sisto; Iago Aspas, (Emre Mor, min. 75) y Maxi Gómez.
Espanyol: Diego López; Marc Navarro, Naldo, David López, Aarón; Víctor Sánchez, La Roca Sánchez, Darder (Didac Vilà, min.72), Jurado (Sergio García, min. 60); Leo Baptistao (Piatti, min. 72) y Gerard Moreno.
Goles: 0-1 Leo Baptistao (min. 10). 1-1 Maxi Gómez (min. 32). 2-1 Maxi Gómez (min. 79). 2-2 Gerard Moreno (min. 87).
Árbitro: González González (Comité castellanoyleonés). Amonestó a los jugadores locales Pablo Hernández,  Hugo Mallo y Maxi Gómez y a los visitantes Víctor Sánchez y Marc Navarro.
Balaídos. 15.750 espectadores.

El fútbol es aquello que pasa entre las dos áreas y el resultado es lo que pasa en las dos áreas. Según esta máxima, el Celta puso el fútbol en Balaídos y el Espanyol el resultado. Un gol de Gerard Moreno en el 88 y otro de Leo Baptistao en la primera parte convirtieron los dos únicos tiros a puerta de los pericos en un punto. Ave que vuela, a la cazuela. Aunque en este caso sería más apropiado decir que la cazuela se la comieron las aves que vuelen en sus dos únicos aleteos de duelo.

Porque a ver cómo se le explica al personal que un equipo con el 78% de posesión, que tiró 18 veces, sacó nueve córneres y vivió en campo contrario casi todo el partido se llevó el mismo premio que otro con el 22% de balón, dos tiros y un único saque de esquina. Pero esto es fútbol. Por eso lo amamos. Por eso lo odiamos. Dos picotazos y el candado que Diego López le puso a su jaula fueron suficientes para frustrar un gran partido del Celta, que acarició con los dedos la primera remontada del curso.

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¡Plato! ¡Pum!

Baptistao pegó primero aprovechando a la perfección una indecisión en el medio y que Sergi Gómez estaba mal perfilado. Balón al espacio, tiro cruzado y gol. Quedaba mucho pero había que ver cómo el Celta era capaz de atacar la muralla catalana. Los chicos de Unzué aceptaron el reto y movieron la pelota con velocidad para buscar darle la vuelta al marcador. Manos a la obra.

El Señor del área

Siempre se dice que el fútbol es de los futbolistas y por algo será. Unzué llegó a Vigo con una idea de juego pero con el paso de las jornadas la ha ido modificando. Primero en el dibujo, para colocar a Aspas en su hábitat natural; segundo en el estilo, subiendo la línea de presión y el nivel de agresividad para encontrar un formato en el que estos jugadores se sienten más cómodos; y últimamente, y de manera más marcada ante el Espanyol, en el plan de juego. Un rematador tan letal como Maxi Gómez convierte en demasiado tentadora la idea de llevar el balón a banda lo antes posible y meter centros al área desde cualquier altura. Así, el Celta se transformó en una especie de equipo inglés de ritmo alto, con constantes envíos al corazón de la jaula de los pericos, donde el cazador uruguayo tenía la escopeta preparada para capturar aves de caza.

Un balón servido por Hugo Mallo desde la derecha acabó en el fondo de la red después de que el martillo que Maxi tiene por cabeza lo rematase. Poco antes, otro envío del marinense, esta vez con la testa, lo había cabeceado el charrúa a las manos de Diego López. Poco más tarde, idénticos protagonistas repitieron focos: el uruguayo disparó con la derecha y el lucense sacó una mano espectacular abajo. El guardameta espanyolista había empezado su exhibición.

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Emre va a Mor (e). Tu, tum, pash.

La cita entre Maxi y Diego volvió a repetirse en la segunda parte, con un nuevo centro de Hugo Mallo en el papel de Beckham. Cabezazo de Gómez y paradón de López. Aspas cazó el rechace pero su intento murió en un mar de patas de periquitos. 

El acoso y derribo era ya absoluto y Unzué decidió meter más picante con Emre Mor por un diluido Sisto que, aparte de su mal momento de forma personal, está siendo el más perjudicado por el cambio a 1-4-4-2 que le deja muy lejos de la portería. El menudo jugador danés entró muy bien al partido, con mucha más finura en la toma de decisiones. En progresión. Sus buenas sensaciones en Vitoria tuvieron continuidad y Mor se convirtió en el típico niño travieso que le tira piedras a los pájaros. Un desequilibrio, dos, tres. Percutiendo una y otra vez, el ex del Dortmund se inventó una fabulosa conducción en la que dejó atrás a tres rivales y puso un centro al área. Una vez el balón entró en los dominios del cazador, pasó a ser trabajo suyo. Control, giro y remate. Esta vez no falló. Maxi Gómez firmaba su doblete particular y acercaba la primera remontada en un ambiente de locura en Balaídos.

Pero es que al Celta sí que se le amargan los dulces. Una jugada más vieja que el propio fútbol. Un melonazo desde Cornellà Barcelona atravesó la estratosfera viguesa y le botó delante a Gerad Moreno, que se sacó un zurdazo que sorprendió a un Rubén demasiado pasivo. Minuto 87. Un mazazo que explica a la perfección por qué el fútbol es el deporte más seguido de mundo: porque es el único en que un equipo tan inferior a otro puede llevarse el mismo premio o incluso uno mayor. 

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