A un puñado de kilómetros de los Pirineos, el Celta volvió a ser llanura. Lo fue en el juego, lo fue en intensidad y lo fue en ideas. El Girona solo necesitó de quince minutos a bloque en el comienzo del partido y de una buena organización defensiva para anular a un equipo que volvió a caer en sus propias contradicciones: quiere llevar el peso de los partidos a través de la posesión con una disposición táctica hecha para el contragolpe.
Borja Refojos | Tinta Celeste

Girona 1-0 Celta 

Girona: Bono; Maffeo, Ramalho, Bernardo , Juanpe, Planas; Pere Pons, Àlex Granell, Borja García (Aleix García, min. 70), Portu (David Timor, min. 89); y Stuani (Choco Lozano, min. 83).
Celta: Rubén Blanco; Hugo Mallo,  Roncaglia, Sergi Gómez, Jonny ; Wass (Lucas Boyé, min. 74), Lobotka, Jozabed (Radoja, min. 74), Emre Mor; Iago Aspas y Maxi Gómez.
Árbitro: Trujillo Suárez (C.T. Tenerife). Amonestó a los locales Pablo Maffeo (m. 25), Cristhian Stuani (m. 52) y Aleix García (m. 86) y a los visitantes Jonny Castro (m. 59) y Emre Mor (m. 79).
Gol: 1-0 Portu (min. 14) .
Montilivi. 6.392 espectadores.

Tres salidas consecutivas, tres derrotas consecutivas y, sobre todo, tres sensaciones de incapacidad consecutivas. Tanto en Vitoria, como en Getafe como esta vez en Girona, el Celta se vio superado por equipos inferiores en lo técnico, que le dieron un baño en lo táctico. Y también en intensidad. Porque si bien en el sur de Madrid el equipo celeste se vino abajo, tanto en Euskadi como en Catalunya se vio penalizado por un mal inicio para luego intentarlo sin suerte ni armas para lograrlo.

Sucedió de nuevo en Montilivi con una salida en tromba del Girona. Como en una especie de demostración al Ministerio del Interior, el Celta capeaba como podía el temporal rojiblanco, que no de nieve, aunque seguramente con éxito parecido al del Director General de Tráfico –los de celeste, al menos, estaban en el lugar de la tormenta-. Tras varios avisos, Portu aprovechó un balón suelto tras un córner para batir a Rubén. Cierto que el mosense estaba tapado, pero pudo hacer más con un balón que le pasó por debajo.

El Celta quiere ser sheriff con vestimenta de forajido

Solo fue la primera de las numerosas acciones a balón parado que ganó el equipo local durante el partido. No tuvo puntería en las demás, ni falta que le hizo. Cuando el Celta quiso ponerse manos a la obra, ya estaba por detrás en el marcador. Fue entonces cuando apareció el guion previsto, con los muchachos de Unzué acaparando la pelota y los de Machín perfectamente colocados en un bloque bajo. Sucede que en estas situaciones de partido nunca sabes quién domina. No sabes si el que tiene el balón está obligando a su rival a echarse atrás o es precisamente el que se echa atrás lo entrega voluntariamente el balón para robar y salir. Los misterios del fútbol.

El caso es que la situación era ya la que Unzué quería, con su equipo acumulando grandes porcentajes de posesión. Porque esta es la idea que transmite el técnico navarro desde que llegó: un equipo que quiere ser protagonista a través de la pelota. Sin embargo, para ello emplea un sistema contragolpeador y defensivo en esencia como es el 1-4-4-2, que está genial para estar juntos y salir rápido sobre los dos puntas, pero que es inefectivo para atacar bloques bajos. Quiere ser sheriff con vestimenta de forajido. Volvió a pasar contra el Girona. Y eso que Emre Mor se pasó por el arco del triunfo la penalización de jugar tan lejos de la portería, de recibir de espaldas rodeado y de que la asociación no sea su mejor virtud, detalles que estaban lastrando a Sisto –y a cualquier extremo puro- en esa banda izquierda del 1-4-4-2.

Colina en la planicie

El turcodanés fue el rayo de sol en medio de la tormenta. Con su desparpajo habitual pero con una gran mejoría en la toma de decisiones, Mor fue el único elemento desestabilizador de la defensa local. Igual que otros días es Aspas u otros es Maxi. Y seguramente ahí esté el problema, que el Celta desequilibra a partir de la inspiración individual de sus jugadores y no de la construcción colectiva. Otra contradicción con el estilo que promulga Unzué.

En la segunda parte el equipo vigués lo intentó. Tuvo alguna opción, pero siempre a partir de acciones puntuales, como una contra a partir de un saque de esquina local, que Aspas bajó y prolongó para Maxi. El uruguayo remató al lateral de la red. Desde ataques posicionales, el Celta volvió a ser horizontal como un anochecer en el mar, anodino como una etapa de primera semana del Tour –y encima sin la emoción de los últimos kilómetros- y plano, terriblemente plano. La Terra Chá del fútbol. Es un virus contra el que Unzué no encuentra vacuna y que se viene repitiendo toda la temporada cuando toca jugar contra equipos replegados. Unas veces peor, otras mejor y algunas incluso saldándose con puntos a favor. Pero a nivel de juego, las sensaciones no han terminado de ser buenas. De la plenitud a la planitud en apenas unos meses.

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