Retroceder hasta los últimos años de la década de los 80 implica de manera ineludible evocar la samba brasileña. Con Baltazar y Amarildo se tocó techo al rozar la clasificación para la Copa de la UEFA. Después, junto con los fiascos de Mauricio y Nilson Esidio, llegaría un centrocampista para dotar de calidad técnica al mediocampo celeste. Su nombre no era otro que Fabiano Soares Pessoa.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Natural de Río de Janeiro, Fabiano vivió sus primeras experiencias relevantes en el fútbol en las filas del Botafogo. Después de pasar por el Cruzeiro y conseguir una liga paulista con el San José, decidió cruzar el charco en 1989 e intentar la aventura europea. El Celta, que venía de completar dos magníficas temporadas en la máxima categoría, perdía a dos hombres del carisma y la importancia de Jimmy Hagan y Amarildo. Por desgracia los fichajes no respondieron y el equipo que dirigía José Manuel Díaz Novoa pronto cayó a zona de descenso. El técnico vasco fue reemplazado por Delfín Álvarez, quien en el último tercio de la competición también cedería el relevo a José María Maguregui.

Aquel curso, el 1989/90, resultó desastroso en lo colectivo pero también lo fue en el apartado individual para Fabiano. El brasileño, con problemas de inadaptación derivados de la muerte de su padre y de que su madre se encontraba a miles de kilómetros de distancia, apenas pudo enseñar la calidad que mostraría más adelante. Y eso que no le faltaron ni minutos de juego —cerca de los 2.000 en liga— ni titularidades. Eso sí, participó en cada una de las cinco victorias que el equipo sumó a lo largo del curso y consiguió su único tanto en el que, seguramente fue el mejor partido de toda la temporada. Fue en Balaídos ante el Cádiz y Fabiano marcó el tercero de los cinco goles que se llevaron los andaluces en aquella tarde de enero de 1990. Pero aquel pequeño oasis no impidió un rotundo descenso a la División de Plata, en la que Fabiano iba a ganar peso dentro del centro del campo céltico.

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La samba de Fabiano fue decisiva para lograr el ascenso de 1992 (Foto: yojugueenelcelta.com)

Eje en Segunda

En cualquier caso, la campaña 1990/91 no iba a resultar fácil. El equipo no funcionó a las órdenes de José María Maguregui y, aunque en la quinta jornada se alcanzó la tercera plaza, los de celeste iniciaron una caída que finalizaría con la destitución del técnico vasco en la jornada 17. Con tan solo tres victorias a esas alturas pensar en ascender parecía una auténtica utopía pero la llegada de Txetxu Rojo serenó en cierto modo al equipo. La mejoría, aunque tibia, permitió estabilizar la situación y que al menos se consiguiese mantener la categoría sin excesivos sobresaltos. Fabiano superó los 3.000 minutos de juego y convirtió diez dianas —siete de ellas desde el punto de penalti— pero durante esta campaña echó en falta a compañeros que pudiesen potenciar su fútbol de toque y transformar su calidad en un mayor número de goles.

Con 26 años Fabiano se marchaba para Santiago a jugar en el Compostela de Fernando Castro Santos

En abril de 1991 el Celta recibía en Balaídos a la UD Las Palmas. Con tan solo ocho jornadas por delante el choque se antojaba clave para encarar el tramo final de la temporada para dos equipos que se encontraban separados por tan solo dos puntos en la tabla. Los de Vigo, que sumaban 28, eran decimocuartos mientras que los canarios se encontraban en puesto de descenso. Txetxu Rojo dispuso un once con Maté bajo palos. La defensa estaba formada por Otero, Cantero, Mandiá y Atilano, mientras que en mediocampo Fabiano estaba acompañado por Ferrando, Mosquera y Sanromán. Arriba Salvador Mejías y Mario Moraes formaban una dupla con menos pólvora que la que puede atesorar el mismísimo Karim Benzema en la presente temporada. La alineación permite hacerse una idea de lo complicada que resultó la campaña para un equipo que se consideraba aspirante al ascenso pero cuya calidad distaba muchísimo de la exigible para afrontar tal objetivo.

Dos puntos de oro

Con todo, el 5-3-2 que planteó Roque Olsen favoreción un tanto a los locales, que dominaron el partido. En el primer tiempo el mediocampo celeste consiguió generar fútbol y las irrupciones de Mandiá y Otero sorprendían a la zaga amarilla. A pesar de ese dominio las ocasiones de gol brillaron por su ausencia y se llegó al intermedio sin goles. Jimmy Hagan, espectador de lujo aquella tarde en Balaídos, comentó a la prensa que echaba en falta de manera especial un nueve con capacidad para transformar en goles el mejor fútbol de los olívicos. Vamos, nada que pudiese sorprender a cualquiera que por entonces siguiese al Celta.

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La llegada de Vlado Gudelj permitió traducir en goles el buen fútbol del centrocampista brasileño (Foto: elfutbolesceleste.com)

Tras el paso por la caseta el equipo insular se quedó en inferioridad numérica tras una doble amonestación a su zaguero Tino. Cuatro minutos más tarde, en el 55 de juego, iba a llegar la jugada que desniveló el partido. Un saque de banda de Jorge Otero encontró la cabeza de Mario Moraes, quien cabeceó hacia atrás y encontró la llegada de Fabiano. El brasileño, a la media vuelta, empalmó un gran disparo que se coló en la portería del guardameta Belza. Tal y como popularizaría durante sus años en Santiago, Fabiano celebró el gol con su peculiar samba. La ventaja no se iba a incrementar porque los de Txetxu Rojo, quizás agarrotados por la importancia de los puntos, jugaron peor que en la primera mitad. Pero tampoco hubo sufrimiento ya que los visitantes demostraron con creces su posición en la tabla y no inquietaron a Javier Maté.

La victoria acabaría por revelarse como fundamental para los de Vigo, que salvaron la categoría con un margen de tan solo dos puntos sobre el Elche, último equipo que descendió. La UD Las Palmas hizo un mejor tramo final que el Celta y también logró la salvación, con la misma puntuación que los de celeste.

Brillo antes de la despedida

Al año siguiente sí se acertó de lleno con los fichajes y el once tipo que pondría en liza Txetxu Rojo a lo largo del curso 1991/92 poco tendría que ver con el que en aquella tarde de abril de 1991 jugó frente al conjunto canario. Fabiano Soares sería uno de los pocos que se salvó de la quema y su juego agradecería enormemente encontrar a un gran goleador como Vlado Gudelj. Lógicamente, el brasileño se prodigó menos —cinco goles, tres de ellos de penalti— de cara a la portería rival pero su aportación en mediocampo resultó absolutamente vital para que el equipo regresase por la puerta grande a la Primera División.

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En el Compostela de mediados de los 90 Fabiano alcanzó su cima como jugador (Foto: laliga.es)

Por desgracia, Fabiano no llegó a un acuerdo para renovar su contrato con el Celta y se marchó al finalizar la temporada. La falta de seriedad de la directiva céltica y la impaciencia del de Río de Janeiro impidieron que se pudiese prolongar la relación contractual. Con 26 años Fabiano se marchaba para Santiago a jugar en el Compostela de Fernando Castro Santos, que por entonces estaba en Segunda. Ni él mismo podía imaginarse la gloriosa época que le esperaba en la capital de Galicia, como estandarte de un equipo que conseguiría exhibir un gran fútbol durante cuatro temporadas en la máxima categoría del fútbol español. En total Fabiano jugó durante diez temporadas en el Compos, antes de marcharse en 2003 al Racing de Ferrol, donde un año más tarde se retiró como futbolista en activo. Tenía por entonces 38 años.

Después de pasar por el Cruzeiro y conseguir una liga paulista con el San José, decidió cruzar el charco en 1989 e intentar la aventura europea

Posteriormente llegaría a entrenar a un Compostela mucho más modesto que aquel en el que jugó. De sus experiencias en los banquillos cabe destacar su paso por el Estoril, equipo del que fue destituido a finales de 2016. En el verano de 2017 fichó por el Atlético Paranaense brasileño, al que dejó en la Primera División aunque con unas cifras que no dejaron satisfecha a la torcida. Sus diez victorias, seis empates y 12 derrotas suponen los peores números de un técnico en el club desde 2011 y precipitaron su no renovación durante el pasado mes de diciembre.

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Fabiano no ha tenido mucha suerte como técnico durante su paso por el Estoril y el Atlético Paranaense (Foto: EFE/AFP)

Y es que la historia de Fabiano Soares Pessoa con el Celta pudo haber sido mucho más duradera. El equipo emprendió una gran aventura en Primera sin él pero el rendimiento del brasileño en el Compostela hace pensar que su concurso hubiera reportado grandes beneficios a los de celeste. Su toque, su calidad y su samba fueron claves para que el equipo de la capital de Galicia viviese los mejores años de su historia.

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