El Celta se ha instalado en las últimas fechas en un discurso quizá excesivamente triunfalista. Sus resultados, alternando victorias y derrotas, con algún empate por el medio, no parecen suficientemente buenos para atacar la zona europea con la exigencia que se proclama. Y las sensaciones que deja su juego definitivamente no son las de un candidato a la Europa League. Sin embargo, desde el vestuario vigués se aferran a cada buen resultado como a un clavo ardiendo para mantener viva la esperanza de seguir escalando posiciones. No es mala filosofía, pero para mejorar también es necesaria algo de autocrítica, y esta parece resistirse a pesar de que la imagen que está dejando el Celta en los partidos dista mucho del modelo buscado, como quedó claro otra vez contra Las Palmas.
Miguel Gallego | TintaCeleste

Contra Las Palmas, el Celta consiguió remontar su segundo partido en toda la Liga tras el de Anoeta, y cerró la jornada a dos puntos del séptimo y a tres del sexto. Hasta ahí todo lo bueno, que no es poco.

El juego no mejora

El problema es que el equipo de Unzué, que durante la temporada ha atravesado fases de buen juego, especialmente contra los equipos punteros del campeonato, no termina de carburar. Su idea de juego sigue sin estar totalmente clara, y el equipo se sigue encomendando a la pegada de sus delanteros. Y eso, contra rivales que se cierran y salen a la contra, resulta muy peligroso.

Que el Celta está bien clasificado, con matices, es obvio. Que juega a lo que quiere y que la mala suerte ha impedido que esté más arriba es mucho más cuestionable

Las Palmas llegaba a Balaídos sometido a una necesidad imperiosa de sumar pero, por momentos, se vio más ansioso aun al equipo local, incapaz de enlazar tres pases seguidos en el centro del campo, que es de donde debería emanar su juego. El caudal de juego, o su ausencia, no coincide con el discurso que después (y antes) se vende en la sala de prensa. Que el equipo está bien clasificado, con matices, es obvio. Que juega a lo que quiere y que la mala suerte ha impedido que esté más arriba es mucho más cuestionable. Porque precisamente parece que en las dos últimas victorias, contra el Eibar y Las Palmas, la suerte jugó su papel a favor del Celta. Y las últimas derrotas, en Getafe o Girona, son inapelables.

Las matemáticas mandan

Lo cierto es que estamos en ese tramo de la temporada en el que se decide todo, y donde lo más importante es conseguir resultados para acercarse a los objetivos de principio de temporada. Y en ese sentido el Celta lo está haciendo bien, ya que ahora no parece el mejor momento para seguir experimentando y buscando adecuarse a la propuesta de juego de aquel momento. Pero, si se mira exclusivamente a los resultados, estos tampoco parecen llevar a la tierra prometida.

Parece difícil que todos los candidatos a Europa vayan a dejarse puntos de aquí al final de la temporada al mismo ritmo que lo está haciendo el Celta

Mucho se ha insistido en que la lucha por Europa será una carrera de fondo, con muchos equipos implicados, y que el Celta estará en ella hasta el final. Ahora bien, precisamente por el hecho de que haya muchos equipos implicados, parece difícil pensar que todos ellos vayan a dejarse puntos de aquí al final de la temporada al mismo ritmo que lo está haciendo el Celta, que ha perdido tres de los últimos seis partidos y solo ha ganado dos. Esos 7 puntos en seis jornadas no son guarismos que a uno le sirvan para aguantar el ritmo de los cinco candidatos que le rodean, por más que la sexta plaza también esté ahora a tiro por culpa de la crisis del Villarreal.

¿A mayor exigencia, mejor Celta?

Si queremos aferrarnos al optimismo imperante en Casa Celta, podemos coger el calendario con el mayor de los optimismos, y pensar que ahora vienen los partidos más exigentes para el equipo: Atlético, Sevilla, Barcelona, Valencia, Villarreal y Real Madrid, todos los equipos que pueblan ahora mismo la zona europea directa, esperan en el horizonte de los once partidos que quedan. Y, como ya se ha explicado más arriba, parece que en los partidos de más exigencia fue donde el Celta de Unzué dio su mejor medida, consiguiendo empatar, por ejemplo, contra Barcelona y Real Madrid.

Una cosa es jugar bien contra los grandes, y otra conseguir ganarles

Seguramente en las próximas fechas este será un argumento que escucharemos en la sala de prensa de A Madroa y de Balaídos de manera recurrente. Son equipos que dejan jugar, que permiten alternativas en el juego y que, con alguna excepción, no se cierran. Todo esto debería favorecer al juego que pretende desarrollar el Celta. Claro que, ateniéndonos a lo explicado anteriormente, los resultados son lo único que puede llevar al Celta a Europa, y una cosa es jugar bien contra los grandes, y otra conseguir ganarles. El partido de la primera vuelta contra el Atlético de Madrid, próximo rival liguero, es el mejor ejemplo de ello.

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