El Celta necesita un golpe de autoridad para poder seguir vendiendo la idea de que es un aspirante serio a entrar en Europa. No es suficiente con las victorias (y no todas) en casa; hay que conseguir también puntos fuera para poder mantener el ritmo del resto de equipos que siguen en la pelea. Claro que conseguirlo en un escenario como el Wanda Metropolitano, donde nadie ha ganado aun en Liga, no parecía el camino más fácil para conseguirlo. Y no lo fue. Los de Unzué recibieron la misma receta que les había servido para derrotar a Eibar y Las Palmas: esta vez fueron ellos los que desperdiciaron sus ocasiones, y el rival el que no lo hizo.
Miguel Gallego | TintaCeleste

Tal y como se preveía, la visita del Celta al Wanda Metropolitano fue como las de todos sus predecesores: un tormento. Y no lo fue por el caudal de juego de su rival, al contrario. Lo fue por la frustración que produce un intercambio de golpes con muy poquito glamour que se salda con una goleada, sin haber podido aprovechar ni una sola de sus opciones, y haciendo aguas en defensa ante un adversario que aplica todo su talento a la tarea de ganar partidos.

Las áreas

Es inevitable empezar este análisis por dos de las cosas más importantes que pasaron en las áreas del Metropolitano. Dos decisiones del árbitro cuando estas aun tenían importancia: la validez del gol inaugural de Griezmann tras un codazo de Giménez al Tucu que no vio, o no pitó, y el penalti al Tucu con 1-0 que tampoco vio o tampoco pitó. Ya que se habla de áreas, y de los errores que cuestan partidos, es justo señalar los de Alberola Rojas, que a lo mejor no costaron el partido, pero tampoco despejaron precisamente el camino.

Centrados ya en los que juegan, el Celta no estuvo bien donde mejor hay que estarlo, es decir, en las áreas. No es excesivamente noticiable el hecho de que no lo estuviera en la propia, ya que por desgracia le ocurre más de lo deseado. Sin embargo, es cierto que durante un tramo de la temporada, el que coincidió con sus mejores resultados, la defensa había dado un paso al frente. Parece que han vuelto las dudas. A excepción de los laterales, que sí han mejorado palpablemente su rendimiento en los últimos meses, los demás siguen dando facilidades en momentos clave de los partidos. A veces, el rival es capaz de aprovecharlo. Como por ejemplo el Atlético de Madrid.

Ya que se habla de áreas, y de los errores que cuestan partidos, es justo señalar los de Alberola Rojas

El otro gran problema de este Celta, que subsiste a base de pegada, es la falta de acierto en el área rival. Y en el Metropolitano quedó claro que sus atacantes no siempre van a estar en estado de gracia, ese que les permite codearse con las mejores delanteras del continente. Cierto es que las mejores ocasiones las tuvieron hombres poco habituales en estas lides, como Radoja, Roncaglia o Sergi Gómez. Pero los delanteros tampoco resisten este análisis.

La larga sombra de Lopetegui

Es inevitable poner el foco en Iago Aspas, el faro que guía este equipo. Y si él no está fino, las posibilidades de que el barco céltico acabe en las piedras se multiplican. Con matices, eso es lo que le está pasando al equipo en las últimas jornadas, desde que el moañés parece un poco más nervioso sobre el campo. Se había especulado ya aquí con la cercanía del Mundial y el debate sobre los delanteros seleccionables que se alimenta desde la capital, y en el que no dejan de aparecer nuevos nombres. Pues bien, el caso es que el seleccionador se ha dejado ver en un par de partidos del Celta: el de Montilivi y el del Wanda, y en las dos ocasiones Iago Aspas estuvo lejos de su mejor nivel.

Iago Aspas es el faro que guía este equipo; si no está fino, las posibilidades de que el barco céltico acabe en las piedras se multiplican

La posibilidad de ir a un mundial es algo que ningún futbolista suele tomarse a la ligera. La de hacerlo con apenas un par de años como internacional, y rebasada la treintena, adquiere tintes heroicos. Así que es normal que Aspas la tenga entre ceja y ceja. Pero no le conviene obsesionarse. Goza de la confianza de Lopetegui y, en las últimas temporadas, ha demostrado con creces por qué. Así que, por más dudas que se intente sembrar sobre los candidatos idóneos para la lista final, sus posibilidades están en sus piernas. Solo tiene que seguir haciendo lo que sabe, no intentar ser el salvador de la patria en cada jugada, y no debería haber problemas para que siga dando un rendimiento fantástico en el Celta y esté en Rusia. A no ser que pase algo raro. Peores cosas se han visto. En ese caso, poco iba a influir su rendimiento desde aquí hasta el final de la Liga.

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