Difícilmente se podrá olvidar aquella madrugada en Vigo. La tarde del 20 de agosto de 1988, en plena pretemporada, un centrocampista bravo y luchador lucía la elástica azul cielo en un amistoso frente al Botafogo. Nadie podía imaginar que pocas horas después un accidente de coche le iba a condenar a vivir permanentemente unido a una silla de ruedas. Y es que si hay una historia que merece ser contada con tinta de color celeste esa es la de José Manuel Alvelo.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Alvelo, nacido en Taboada (Lugo) en 1962, se formó en las categorías inferiores del Celta. Con 21 años Luis Cid Carriega le ofreció la oportunidad de debutar con el primer equipo y el canterano no la iba a desaprovechar. Fue el 10 de septiembre de 1983, en partido disputado en el Estadio Insular de Las Palmas, en el que los de celeste arrancaron un empate a un gol. Alvelo fue el hombre más destacado del partido gracias a su fútbol sencillo, que sirvió para que el mediocampo céltico impusiese su ritmo a pesar de jugar a domicilio. Aquella actuación marcó la pauta de aquella temporada, en la que el volante lucense jugó 32 partidos de liga en los que, a pesar de su inexperiencia, siempre partió en el once inicial.

La tónica se iba a mantener en el curso siguiente, en el que con Félix Carnero en el banquillo, se logró el ascenso a Primera. Alvelo rozó los 3.000 minutos disputados en la competición liguera, en la que aportó seis tantos dentro de un equipo sin un goleador destacado. De hecho fueron un total de nueve futbolistas de la plantilla céltica los que lograron cinco o más goles a lo largo del curso.

Estreno en Primera

Llegaba la temporada 1985/86 y para el canterano céltico comenzaba una campaña tremendamente ilusionante, ya que por primera vez iba a jugar en la máxima categoría. Por desgracia el curso se saldó con un rotundo suspenso y el regreso por la vía rápida a la División de Plata. En el apartado individual las cosas no fueron tan mal para Alvelo, que se mantuvo como una pieza estructural para Félix y también para García Traid y Pepe Villar, sus sucesores en el banquillo olívico. Como anécdota cabe señalar el gol que anotó al Real Madrid en Balaídos en abril de 1986, en una clara derrota frente a los Hugo Sánchez y compañía por 1-5.

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Alvelo frente a Schuster (Foto: yojugueenelcelta.com)

De nuevo en Segunda, tocaba afrontar una temporada atípica. El objetivo del ascenso se dejaba en manos de Colin Addison, que debía preparar una ‘fase regular’ de 34 partidos, a la conclusión de los cuales se definirían las posiciones finales por medio de unos curiosos play-off. El Celta pronto se metió en la zona alta de la tabla, en la que se mantuvo siempre cerca de Valencia, Deportivo y Logroñés, los otros ‘gallitos’. La cuarta posición final le permitía evitar en los diez partidos suplementarios a levantinos y riojanos, quedando los coruñeses y el Sestao como rivales más peligrosos.

Pañuelos en Balaídos

El play-off se iniciaba en Balaídos con el Málaga como rival. El equipo andaluz, duodécimo al término de los primeros 34 partidos, no contaba con opciones reales de ascenso. Alvelo, como en casi toda la temporada, fue titular dentro de una medular que contaba también con Manolo Agujetas, Cándido y Vicente. Arriba Camilo y Baltazar formaban la dupla encargada de llegar al gol. Por delante de Javier Maté, Jimmy Hagan comandaba una línea de zagueros que completaban Atilano, Gustavo y Nacho.

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En la temporada 1986/87 Alvelo fue protagonista en los play-off de ascenso (Foto: anotandofutbol.blogspot.com)

La primera mitad dejó constancia de las dificultades que iban a plantear las diez jornadas finales del campeonato. Un Málaga que no se jugaba más que la honrilla situó una defensa zonal —no tan habitual por entonces— que complicó la vida a los de Addison. La afición, un tanto sensibilizada tras la derrota sufrida ante el Recre una semana antes, manifestaba su impaciencia en forma de silbidos al ver que los minutos pasaban sin oportunidades realmente claras para los suyos. Hubo que esperar al minuto 40 de juego para que llegase el primer gol, obra de Baltazar al recoger un balón en el área pequeña y fusilar al guardameta Burgueña. El tanto sirvió para apaciguar los ánimos y llegar al intermedio con una relativa calma.

Alvelo, aunque inició una lenta y larga recuperación, nunca pudo recuperar la capacidad de volver a caminar

A la vuelta de vestuarios el Celta bajó revoluciones y supo esperar su oportunidad para matar el partido. Esta llegaría en el minuto 67, tras una magnífica jugada de Alvelo, quien tras regatear a varios rivales se plantó en la frontal malacitana. Una vez allí, y tras realizar una pared con Baltazar, retó a Burgueña y lo batió para colocar el 2-0. Los pañuelos se dejaron ver en la grada celebrando la sensacional jugada del volante lucense, que prácticamente sentenciaba el choque. Un disparo cruzado de Arteaga —quien había reemplazado a Camilo en la primera mitad— y una vaselina de Baltazar establecieron un 4-0 que fue mitigado a 12 minutos del final por Benito, con un cabezazo tras —cómo no— un saque de falta de los andaluces.

Ascenso y consolidación

El triunfo, unido a la derrota del Deportivo en Sestao, colocaba a los de Vigo a un solo punto de sus rivales del norte con nueve jornadas por delante. Los de Colin Addison jugaron unos play-off muy sólidos, en los que sufrieron solo dos derrotas ante rivales —Rayo Vallecano y Málaga— que no contaban con opciones de ascender. Alvelo también fue protagonista en el partido disputado el 6 de junio en Riazor, en el que Deportivo y Celta se jugaban el ascenso casi ‘a cara de perro’. En un partido bronco y trabado, el asturiano Díaz Vega señaló como penalti una falta cometida fuera del área sobre el centrocampista lucense del Celta. Baltazar no falló y permitió que el Celta encarase con ventaja las dos últimas jornadas de liga. Luego vendría el empate en Las Llanas y el celebrado ascenso, mientras que el Deportivo hubo de quedarse un año más en Segunda. Aquel derbi, con numerosos disturbios entre las dos aficiones, encendió la llama de los incidentes, que irían a más a lo largo de los siguientes años.

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Alvelo con su técnico y compañeros poco después de sufrir el accidente (Foto: fameceleste.com)

De nuevo en Primera, Alvelo viviría la que por desgracia iba a ser su última campaña vestido de corto. Durante la primera vuelta, con José María Maguregui en el banquillo, apenas gozó de oportunidades como titular. Después su situación mejoró, lo que le llevó a superar los 1.500 minutos de juego a lo largo de una campaña excelente para el Celta. A continuación llegó el verano, con un mes de agosto en el que se empezaba a cocer la temporada siguiente. La marcha de Baltazar y las incorporaciones de Amarildo en punta y José Manuel Díaz Novoa como técnico parecen ahora meras anécdotas al lado de lo que sucedió en la madrugada del día 21 de aquel mes. El vehículo en el que Alvelo viajaba de Sanxenxo a Vigo con otros tres jóvenes se estrellaba violentamente y le causaba un traumatismo vértebro-medular con consecuencias irreversibles.

Entereza

Alvelo fue trasladado el lunes 22 de agosto al centro de parapléjicos de Toledo, donde se confirmó el diagnóstico que había emitido el doctor Borrás. Joaquín Fernández Santomé Quinocho alababa por entonces la entereza con la que el futbolista estaba asimilando el trago. Apenas un par de meses más tarde el gerente del Celta sería asesinado en las dependencias del club, en la otra gran tragedia que tocó directamente a los de celeste en 1988. Alvelo, aunque inició una lenta y larga recuperación, nunca pudo recuperar la capacidad de volver a caminar.

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La vida sigue para José Manuel Alvelo, quien de vez en cuando se reúne con antiguos compañeros (Foto: foro.delcelta.com)

El 28 de diciembre de aquel año se celebró un homenaje en el que el Celta se enfrentaba a una selección nacional en Balaídos. Aquella noche navideña no faltaron los Zubizarreta, Míchel, Martín Vázquez, Julio Salinas o Butragueño. El ya ex futbolista lucense mostró su emoción por ver Balaídos con más de 25.000 personas reunidas en torno a su figura y recibió la medalla de oro al mérito deportivo del club por parte de José Luis Rivadulla, por entonces presidente céltico.

En un partido bronco y trabado, el asturiano Díaz Vega señaló como penalti una falta cometida fuera del área sobre el centrocampista lucense del Celta

Hoy en día, más allá del recuerdo que dejó como futbolista, José Manuel Alvelo sigue recibiendo muestras de cariño allá por donde va. El de Taboada mantiene una muy buena relación con antiguos compañeros como Maté, Pichi Lucas, Atilano o Vicente. Y con la misma actitud con la que se enfrentó a su desgracia continúa en la actualidad su lucha diaria con la vida.

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