No será hoy la primera vez que en estas páginas se rememore un momento próximo a los orígenes del Real Club Celta. Y regresar a la tan lejana —casi un siglo ha pasado— década de los años 20 permite recordar a personas a las que les tocó abrir camino y consolidar un proyecto que por entonces acababa de nacer. Una de ellas fue Francis Cuggy, el primer entrenador que dirigió al club olívico tras su fundación.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Nacido en 1889 en la localidad británica de Walker, Northumberland, Frank Cuggy se dedicó al mundo del fútbol desde muy joven. El Sunderland lo descubrió mientras jugaba en el Willington Athletic cuando todavía no había cumplido los 20 años y se lo llevó para que desempeñase la función de centrocampista. En la temporada 1912/13 se proclamó campeón de liga y subcampeón de copa con los Black Cats, dentro de una temporada en la que alcanzó la internacionalidad con Inglaterra en una derrota de los suyos por 2-1 ante Irlanda en Windsor Park. Con 25 años conseguiría vestir de nuevo la casaca de la selección de fútbol más antigua, en una nueva derrota ante los irlandeses.

En su mejor momento como futbolista estalló la Primera Guerra Mundial, por lo que Cuggy no volvió a competir con su club hasta el curso 1919/20. Dos años después dejó el Sunderland y se marchó al Wallsend Boys Club para ejercer el cargo de jugador-entrenador. Allí continuó hasta 1923, año en el que aceptó fichar por un club del noroeste de España que acababa de ser fundado.

Solución al caos

A finales de aquel 1923 el Celta afrontaba la primera competición de carácter oficial en toda su historia, el Campeonato Regional de Galicia. Un torneo que se inició en el mes de octubre, cuando el técnico británico todavía no había aterrizado en Vigo. En la primera fase el Celta quedó emparejado con el Unión Sporting de Lavadores, al que derrotó por 0-2 en Barreiro y por 7-0 en Coia. Resulta curioso ver reflejado en la prensa de la época el pobre fútbol que exhibió el club olívico en esos dos choques a pesar de la contundencia de los marcadores. Lo cierto es que la plantilla del equipo vigués se consideraba de un nivel enormemente superior al de sus rivales en la competición gallega pero su juego colectivo no transmitía trabajo ni coordinación alguna. Algo lógico si se tiene en cuenta que, tras la fusión de Fortuna y Vigo Sporting, se habían incorporado más de 60 futbolistas al recién creado club olívico.

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Así era Frank Cuggy durante su época de jugador en el Sunderland (Foto: yojugueenelcelta.com)

De cara a la segunda y definitiva fase de aquel campeonato el Celta se las veía con el Eiriña y con el Racing de Ferrol, verdugos respectivos de Pontevedra Athletic y Deportivo. El 28 de octubre de 1923 se consiguió ganar en Ferrol por 2-3 aunque los problemas colectivos del equipo continuaban sin solución. En noviembre, por fin, el Celta contaba ya con un entrenador que iba pronto a poner orden. En la lista de pasajeros del RMS —Royal Mail Ship— Andes que partía el 2 de noviembre de Southampton hacia Vigo figuraba como pasajero Francis Cuggy. El día 11 de aquel mes, tras ganar por 5-0 al Eiriña en Coia, ya se encuentran referencias de la llegada del nuevo técnico, quien apenas había contado con tiempo para comenzar a trabajar. Un trabajo que comenzaría a dejarse sentir en el juego del equipo, que durante el mes de diciembre derrotó al Racing por 7-1 y al Eiriña por 0-5, tras ofrecer un fútbol mucho más convincente. El Celta se hacía con facilidad con su primer título de campeón de Galicia, algo que se iba a repetir en años posteriores y que le permitía clasificarse para la Copa de España, única competición de rango nacional a la que tenía acceso por entonces.

Llaman la atención las nulas referencias de la prensa española de la época al técnico británico del Celta

Aquel equipo contaba con futbolistas como Isidro, Pasarín, Balbino Clemente, Reigosa, Chicha o Polo. Llegaba entonces el momento de comparar su nivel con el de otros equipos que dominaban en diferentes regiones de la península. Por desgracia, al Celta le tocó como rival en la primera ronda el Athletic de Bilbao, uno de los grandes favoritos al triunfo final. Los de Vigo plantaron cara en Coia y consiguieron un meritorio empate a un gol una semana antes de visitar San Mamés.

Demasiado Athletic

El 30 de marzo de 1924 los de Frank Cuggy llegaban a Bilbao con la ilusión de intentar eliminar a uno de los equipos más potentes de España. Nada más llegar a la capital vizcaína surgió el primer contratiempo. El guardameta Isidro, aquejado de malaria, no iba a poder jugar por lo que el club vigués debió telegrafiar de inmediato a Vigo para que acudiese Lilo y pudiese llegar a tiempo para situarse bajo palos. Sobra decir que en los años 20 no debía de resultar sencillo realizar con rapidez el viaje Vigo-Bilbao pero lo cierto es que Lilo consiguió presentarse en Bilbao a tiempo para el partido.

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El campo de Coia dejaría paso a Balaídos en 1928 (Foto: fameceleste.com)

La alineación que presentó el técnico británico aquel 30 de marzo de 1924 respondía al típico esquema 2-3-5 que tanto se llevaba por entonces. Juanito y Pasarín protegían a Lilo de las acometidas rivales, con Balbino, Pepe Hermida y Torres en una medular que buscaba dar continuidad al juego y permitir que la bola llegase en condiciones a los Reigosa, Gerardito, Chicha, Polo y Correa. Y lo cierto es que el Celta salió muy bien al campo, atacando sin complejos y dominando durante los primeros diez minutos de juego. Poco a poco los locales comenzaron a neutralizar a los extremos célticos y a nivelar una balanza que, con el paso de los minutos, iba a teñirse de rojiblanco. A los 24 minutos de juego Larracoechea conseguía el 1-0 para los de casa, tras deshacerse de los zagueros visitantes y disparar a las redes de Lilo. El gol descentró totalmente a los de rojo —el celeste todavía tardaría unos meses en llegar—, que fueron claramente superados hasta el intermedio. Tan solo el buen trabajo de Lilo y los dos zagueros evitó una debacle en el marcador. Con todo, justo antes de que el árbitro enviase a los dos equipos a la caseta, el Athletic incrementaba su ventaja tras un disparo lejano de Larracoechea.

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Una alineación del Celta en 1924 (Foto: fameceleste.com)

En la segunda mitad el Celta salió con nuevos bríos pero el Athletic no daba tregua. Los ataques visitantes apenas generaban peligro mientras que Lilo continuaba con su recital de paradas. A los 61 minutos, en cambio, no pudo hacer nada ante un disparo de Laca. Dos nuevos tantos de Larracoechea colocaron un doloroso 5-0 para los de Vigo, quienes al menos consiguieron el tanto del honor a tres minutos del final, por mediación de Moncho Polo. En el último suspiro Carmelo colocaba el definitivo 6-1 para los de Bilbao, que demostraron con claridad la superioridad que se les presumía. El Athletic, no obstante, no iba a pasar de semifinales tras caer ante un Real Madrid que sucumbió en la final ante el Real Unión. 

Semifinalistas

En la temporada 1924/25 el campeonato gallego se afrontó frente a los mismos cinco rivales del año anterior pero en formato de liguilla con doble vuelta todos contra todos. Aunque se sufrieron dos derrotas —ante Eiriña y Deportivo como visitantes— el título se fue de nuevo para Vigo. En la competición del KO también se estrenaba formato y el Celta, tras imponerse a Ovetense y Español en su grupo, accedía a semifinales. Allí le esperaba el Arenas de Getxo, equipo que eliminó a los de Frank Cuggy por un global de 2-1. Fue lo máximo a lo que llegó el Celta mientras fue dirigido por el técnico británico, quien a pesar de haber fichado para cinco temporadas, iba a dejar su cargo a la finalización de aquel curso. Andrés Balsa ocuparía su hueco a partir de entonces para continuar colocando ladrillos en la historia de un Celta que cumplía ya sus dos primeros años de vida.

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Cuggy, segundo por la izquierda en la fila trasera, antes de jugar la semifinal de la FA Cup de 1913 (Foto: pressreader.com)

No existen muchas más referencias de la vida de Frank Cuggy tras su paso por Vigo. Se sabe que trabajó en los astilleros de Wearside, en el noreste de Inglaterra y que falleció en marzo de 1965, un año antes de que su selección consiguiese proclamarse campeona del mundo en Wembley. En el año 2002 se subastó la casaca rojiblanca del Sunderland que lució en la final de la FA Cup de 1913, por la que se recaudaron nada menos que 5.875 libras esterlinas, más de 4 veces su valor estimado. Llaman la atención las nulas referencias de la prensa española de la época al técnico británico del Celta, en una clara muestra de que la importancia mediática de los preparadores todavía no había dado un salto cualitativo relevante. Pero lo cierto es que Francis Cuggy fue el primero en poner orden dentro del lógico caos que reinaba en un equipo recién nacido y que tenía décadas por delante para escribir su historia.

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