Siempre que se recuerda al gran Celta de finales de los 90 vienen con facilidad a la mente nombres ilustres como los de Karpin, Mostovoi, Mazinho o Makelele. Pero aquel equipo también sobrevivía gracias a otros actores que, sin alcanzar el rango de principales, permitían sumar en apartados como el de las rotaciones y las variantes tácticas. En este papel cabe situar a Tomás, zurdo asturiano que jugó en Vigo durante tres campañas.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Tomás Hervás Girón, a pesar de haber nacido en Ponferrada, se formó en la inagotable cantera de Mareo. Con apenas 21 años consiguió llegar al primer equipo del Sporting en un mes, el de septiembre de 1991, en el que también debutó con la selección española sub 21. Centrocampista con una zurda de seda, no encontró regularidad con los de rojiblanco hasta diciembre de 1992. A partir de ahí tampoco consiguió hacerse con un puesto de titular indiscutible hasta el curso 1995/96, en el que superó la barrera de los 2.400 minutos entre liga y copa. Su mejor campaña con la elástica rojiblanca llegaría un año después, lo que se tradujo en 38 partidos de liga y cuatro de copa disputados, con cuatro tantos anotados. Caso aparte fue el de la temporada 1997/98, que a título individual fue buena para Tomás pero que finalizó con un rotundo descenso de un Sporting que tan solo pudo sumar 13 puntos.

El 14 de julio de 1998 Tomás firmaba por el Celta, que fue el primer club que se interesó por sus servicios. El berciano firmaba un contrato por tres temporadas y su cláusula de rescisión ascendía a 5.000 millones de pesetas. Eran momentos en los que el club olívico iniciaba un curso tremendamente ilusionante, en el que tocaba afrontar, después de casi 30 años, tres competiciones diferentes. La llegada de Víctor Fernández iba a potenciar la mentalidad ofensiva de un equipo que, con Jabo Irureta en la temporada anterior, ya había ofrecido momentos realmente brillantes. Las incorporaciones de Fernando Cáceres, Claude Makelele y Lubo Penev suponían un salto de calidad verdaderamente notable para un bloque ya muy hecho.

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Tomás, tercero por la derecha en la fila superior (Foto: todocoleccion.net)

Carrilero

Tal y como cabía esperar, a Tomás le resultó muy complicado entrar en el once. Con la batalla semanal entre Revivo y Sánchez por partir de inicio, el zurdo leonés jugó 17 minutos en el empate sin goles ante el Deportivo en Balaídos. Pero pronto Víctor Fernández pareció encontrarle un rol como carrilero izquierdo en el contexto de una defensa de cinco hombres, en la que Oskar Vales quedaba flanqueado por Cáceres y Djorović, con Míchel Salgado como carrilero diestro. Fue aquella una variante táctica que el técnico maño empleó en diversas ocasiones, frente al más habitual 4-2-3-1. Cuando utilizaba carrileros, Víctor prefería a Tomás antes que a Rafa Berges, ya en su declive como jugador del Celta. Y a decir verdad terminó jugando más minutos que los aguardados en un principio, al intervenir en un total de 45 partidos entre todas las competiciones que disputaron los de celeste. Su doblete ante el Arges Pitesti rumano en Copa de la UEFA fue quizás su mejor momento del curso, aunque aportó también otros tres tantos, ante Extremadura, Betis y Real Sociedad. Fue titular en la memorable victoria por 3-1 ante el Liverpool y jugó también 45 minutos en el partido que cerraba la temporada ante el Atlético de Madrid en Balaídos. Aquel día no se pudo conseguir el punto que faltaba para clasificarse para la Champions —algo que Tomás recuerda con amargura— en la única derrota liguera del Celta en toda la temporada.

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Tomás jugó durante tres temporadas en el Celta (Foto: yojugueenelcelta.com)

El curso siguiente comenzaba en Casa Celta con un aluvión de fichajes propio de la época anterior a la crisis. La llegada de dos zurdos como Juanfran y, sobre todo, Gustavo López, complicaba enormemente el panorama para el futbolista de Ponferrada. Y es que, a pesar de afrontar tres competiciones, las titularidades de Tomás durante la campaña 1999/00 se pueden contar con los dedos de las dos manos. Al final apenas pudo superar los 1.100 minutos de juego y tan solo fue capaz de sumar un gol, en la jornada 38 en el Camp Nou.

Goleador en Butarque

Todavía menos iba a participar en la campaña 2000/01, la última en la que Tomás lució la elástica celeste. La cuarta parte de los minutos en los que permaneció sobre el terreno de juego correspondieron a partidos de la Copa Intertoto, en la que el Celta consiguió billete para la Copa de la UEFA. En liga tan solo intervino en 11 partidos aunque sí se registraron participaciones suyas de cierta importancia en la Copa del Rey, en la que el Celta alcanzó la final ante el Zaragoza.

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Alineación del Celta en Butarque (10/01/2001)

Concretamente en la eliminatoria de octavos de final, en la que tocaba medirse a un ‘segunda’ como el Leganés, Tomás desempeñó un papel crucial para poder avanzar a la siguiente ronda, justo en un momento en el que el Celta no encontraba ni su juego ni los resultados. Apenas tres días después de tocar fondo en la competición doméstica con una derrota en Balaídos por 0-1 ante Las Palmas llegaba la visita a Butarque.

Víctor Fernández optó en esta ocasión por un 4-2-3-1 en el que Tomás se situaba como extremo izquierdo. Las lluvias caídas en Madrid no fueron obstáculo para que los visitantes se adelantasen muy pronto. Un balón servido por Mostovoi era aprovechado por el de Ponferrada que, con un impecable zurdazo, establecía el 0-1 a los siete minutos de juego. El Celta, animado tras el gol, dominaba el choque basándose en el fútbol y las ganas que ponían tanto el Zar como el zurdo goleador en aquella tarde. Pero la fragilidad moral del equipo quedó retratada a los 21 minutos de juego cuando, tras un saque de esquina, Morales colocaba el empate en el electrónico. El partido se enredó entonces y la diferencia de categoría entre los dos equipos apenas se notó durante la siguiente hora de juego, en la que tan solo un cabezazo de Edu puso en aprietos a la zaga pepinera. A ocho minutos del final llegaría la jugada que desequilibró definitivamente el partido, tras un remate de Fernando Cáceres que Eduardo Berizzo terminó de introducir en la portería local. Se trataba del primer gol del zaguero argentino, que sumado al tanto de Tomás, facilitaba un pase a cuartos de final que se concretaría de manera un tanto agónica en Balaídos.

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Tomás fue destituido en 2016 como técnico del Sporting B (Foto: sportleon.com)

De Sevilla a Oviedo

En el partido de ida de los cuartos de final Tomás repitió titularidad frente al Mallorca. El berciano disputó 45 minutos en la victoria por 3-1 que permitió avanzar a unas semifinales ante el Barcelona en las que, aquejado de una lesión que le mantuvo fuera de los terrenos de juego durante cuatro meses, ya no pudo participar. Físicamente recuperado, tampoco jugó en aquella final de La Cartuja en la que el Celta no fue capaz de hacer valer su condición de favorito ante el Real Zaragoza.

El berciano firmaba un contrato por tres temporadas y su cláusula de rescisión ascendía a 5.000 millones de pesetas

Con 30 años Tomás dejaba el Celta y se marchaba al recién ascendido Sevilla, equipo en el que ganó protagonismo en la segunda vuelta del curso 2001/02. Durante la temporada siguiente y ante la falta de minutos decidió buscar una oportunidad en la UD Las Palmas, que se encontraba en la División de Plata. Allí se mantuvo hasta 2005, momento en que decidió regresar a Asturias para vivir sus últimos meses como futbolista en el Universidad de Oviedo. En junio de 2007 colgó definitivamente las botas para buscarse la vida como técnico. También el Sporting le serviría como trampolín en su nueva carrera aunque en abril de 2016 fue destituido —precisamente tras una derrota del filial sportinguista ante el Celta B— de su cargo como entrenador del Sporting B.

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Tomás, desde sus inicios vinculado al Sporting de Gijón (Foto: vigo.eldesmarque.com)

No cabe duda de que para una plantilla del nivel que poseía la del Celta de finales del siglo pasado la incorporación de Tomás Hervás suponía reforzar un fondo de armario muy necesario para poder hacer frente a la exigencia deportiva del momento. Su perfil de futbolista nada egocéntrico y siempre alejado de cualquier polémica lo convertía en una pieza muy importante para poder dar descansos a otros futbolistas y sorprender a los rivales con variantes tácticas. Sin ningún tipo de aspavientos, su funcionalidad quedó más que clara a lo largo de las tres temporadas que pasó en Vigo.

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