En esta temporada de locos, en la que el Celta es capaz de alternar buenas y lamentables actuaciones, uno ya no sabe a qué atenerse. Cuando parecía que el equipo podía volver a engancharse al pelotón que lucha por entrar en la próxima edición de la Europa League, justo cuando más cerca lo tenía, ¡zas! el descalabro de Leganés no ha podido ser más significativo. Podemos aferrarnos al discurso de Unzué, que ve la tierra prometida solo un punto más lejos que el día anterior al partido. Pero, como ya se ha dicho muchas veces aquí, el problema no parece matemático, sino futbolístico. Puede que incluso mental. El Celta no es capaz de competir durante dos o tres partidos seguidos. Y la confianza del entorno se resiente a la misma velocidad que lo hace la tabla de puntuaciones de la Liga.
Miguel Gallego | TintaCeleste

Es difícil de explicar por qué un equipo es capaz de dar un nivel en un partido y otro totalmente distinto en el siguiente. Podríamos decir que el Celta de Unzué está ofreciendo mejor rendimiento como local, pero eso chocaría con la tendencia de la primera vuelta, en la que el equipo vigués naufragaba sin remedio en Balaídos mientras iba sacando puntos (a cuentagotas, eso sí) lejos de su estadio. Así que parece más acertado deducir que todo es casual. Que no se puede saber qué esperar del Celta. Que lo mismo consigue una goleada que se lleva un mamporro cuando más confianza ha generado. Porque es justo decir que tampoco en sus victorias ha arrasado a sus rivales.

El naufragio de Leganés

En Butarque alcanzó nuevas cotas la teoría de que este Celta, cuando está mal, es irreconocible. El equipo jugó mal en conjunto y sus jugadores, a nivel individual, también. No combinaron, no crearon excesivo peligro y, sobre todo, no dominaron el partido. Justo la clase de cosas que hacen que uno no confíe en la victoria. Por momentos hasta parece que los propios futbolistas no lo hacen.

Por una parte está el optimista discurso de los protagonistas; por otra, el dubitativo desempeño de los mismos sobre el campo

Más allá de lo que diga el entrenador, en Butarque se perdió mucho más que un partido de Liga. Se perdió todo el efecto positivo de la goleada de una semana antes contra el Sevilla. Si el fútbol es una cuestión de ánimo y de tendencias, que lo es, en el Celta ninguno de esos dos factores está claro: Por una parte está el optimista discurso de los protagonistas; por otra, el dubitativo desempeño de los mismos sobre el campo. Y en el mes escaso que queda para terminar el campeonato no parece que uno de ellos se vaya a imponer claramente al otro.

Sin plan

Juan Carlos Unzué había destacado hasta ahora por intentar defender sus ideas al máximo. Eso sí, también había mostrado cintura a la hora de adaptarse a la realidad de su equipo, como hace un mes, cuando se echó a los brazos del juego directo para sacar un par de partidos difíciles en casa. Sin embargo, ahora mismo no parece que esté siguiendo un patrón. Devolvió a Iago a la punta de lanza cuando Maxi tuvo que volver a parar por tarjetas, y el moañés respondió con otro hat trick. Hasta ahí, todo normal y estupendo. El problema es que Unzué defendió en la previa su apuesta por una delantera con Maxi y Aspas en el campo a cualquier precio. Por eso resultó más chocante que, en Butarque, Maxi se quedara en el banquillo. Parecía que el técnico se había rendido a la evidencia del rendimiento del moañés como punta, o a los seis partidos sin marcar que arrastraba el uruguayo. Sea por lo que fuere, chirrió todavía más el cambio en el descanso, con 0-0, para que Maxi y Aspas volviesen a coincidir en el terreno de juego. Y después, cambio de cromos: Emre Mor por Sisto y Radoja por Lobotka.

Un pronóstico basado en el estado real de este Celta parece imposible

Puede que el Celta al final consiga el difícil objetivo de volver a Europa. Que incluso consiga golear otra vez al Barcelona en Balaídos. Quizá le de otra alegría a su afición en lo que queda de Liga. No hay que olvidar que le falta por jugar cuatro partidos en casa, aunque sea ante rivales complicados, por solo dos lejos de Vigo, donde está mostrando su peor cara. En cualquier caso, un pronóstico basado en el estado real de este Celta parece imposible.

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