Que Galicia es tierra de emigrantes no necesita ser recordado en estas líneas. Aunque de emigración también saben bastante en las Islas Afortunadas. Al menos en clave balompédica, durante la primera mitad del siglo XX esa era la única posibilidad de que los futbolistas canarios pudiesen disputar una competición nacional. El tinerfeño Joaquín Cárdenes Dumpiérrez cuenta con el honor de haberse convertido en el primer jugador tinerfeño en formar parte de un club que participaba en las competiciones nacionales. Lo hizo, cómo no, en el Celta.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Nacido en 1902 en Santa Cruz, Cárdenes marcó una época en el CD Tenerife durante la primera mitad de los años 20. Por entonces las únicas competiciones en las que podía medir su calidad como mediocentro eran las insulares ya que los clubes canarios recibían en contadísimas ocasiones —y siempre para jugar algún amistoso— la visita de algún equipo importante de la península.

Quizás fue por eso que Joaquín Cárdenes se lanzó a una aventura que por entonces ningún chicharrero había experimentado y fichó por el Celta. Valor no le faltaba porque el club olívico, con apenas tres años de recorrido, tan solo disputaba por entonces la competición copera a nivel nacional. Y, obviamente, el cambio de vida de Canarias a Galicia en aquella época no debía de resultar fácil. El caso es que el 7 de noviembre de 1926 el buen mediocentro insular se embarcaba rumbo a Vigo y la prensa de la época se hacía eco del buen ojo del club olívico y del acierto del nuevo fichaje. Una semana más tarde, el día en que el Celta derrotaba por 5-1 al Eiriña en el Campeonato Regional, Cárdenes desembarcaba en Vigo. Su debut se produciría a principios de diciembre en un choque en el que los de celeste consiguieron arrancar un empate a un gol en Riazor. Con todo, el partido del mediocentro canario no resultó brillante y, a pesar de su buen manejo de balón, se le reprochó toda una serie de carencias en tareas destructivas.

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Joaquín Cárdenes jugó en el Celta a finales de los años 20 (Foto: yojugueenelcelta.com)

Pronto cambiarían las tornas para el tinerfeño, que en muy poco tiempo consiguió ganarse la confianza de club y afición. Sin embargo las tres primeras campañas no fueron del todo buenas a nivel colectivo ya que no se consiguió el título regional, que fue a parar a manos del Deportivo —en dos ocasiones— y del Racing de Ferrol. En abril de 1928 Cárdenes fue convocado por José Ángel Berraondo, seleccionador nacional, para un amistoso disputado en Gijón frente a Italia aunque no llegó a jugar minuto alguno.

Penalti decisivo

Con la llegada del año 1929 el Celta disputaba su primera liga de rango nacional. Una vez fracasaron las gestiones para intentar que los de celeste partieran de inicio en la máxima categoría del fútbol español se asumió que el objetivo debería pasar por intentar el ascenso desde la División de Plata. Con Moncho Encinas como técnico se afrontó la visita del Valencia, que llegaba a Balaídos el 31 de marzo de aquel año. El coliseo vigués, de cuya inauguración habían transcurrido apenas tres meses, recibía por primera vez en su historia al equipo che en la que era la sexta jornada de liga. Una competición en la que los de Vigo no habían comenzado bien y ocupaban la última posición de la tabla.

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Cárdenes, rotulado con el número 5, en un Celta dirigido por Andrés Balsa (Foto: fameceleste.com)

El técnico local situó a Lilo bajo palos, con Sarasqueta y Pepe Hermida como zagueros. Vega, Cárdenes y Paredes ocupaban la medular, mientras que el quinteto atacante venía integrado por Reigosa, Chicha, Rogelio, Polo y Guevara. El Valencia, que había sumado tres victorias en cinco jornadas, saltó al terreno de juego con una actitud dominante, que Lilo se encargó de frenar. A los 16 minutos de juego llegaba el primer tanto, obra de Moncho Polo, tras una buena combinación del ataque céltico. El Valencia se lanzó a por la igualada, que llegó a los 44 minutos de juego por mediación de Picolia. Cuando parecía que la primera mitad iba a concluir con empate unas manos del zaguero Torregaray en área levantina fueron sancionadas con penalti. Joaquín Cárdenes fue el encargado de transformar la pena máxima y llevar el encuentro al descanso con 2-1 para los de celeste. El centrocampista canario lograba así uno de los dos goles que convirtió durante aquella temporada.

El 7 de noviembre de 1926 el buen mediocentro insular se embarcaba rumbo a Vigo

A lo largo de la segunda parte las interrupciones fueron constantes y ninguno de los dos equipos consiguió hilvanar buenas jugadas. La gran actuación de Lilo permitió mantener el 2-1 ante un Valencia que probablemente fue superior pero que no logró reflejar sus oportunidades en el marcador. El Celta, a pesar de la victoria, se mantenía en el fondo de la tabla, de donde no conseguiría salir en las siguientes semanas. Tras las 18 jornadas de las que constó el campeonato el Celta sumó 15 puntos, uno menos que el Deportivo, primer equipo que no descendió a Tercera. Fue una temporada decepcionante que obligó al club olívico a purgar sus penas en una categoría de la que escaparía finalmente en 1931,  tras la renuncia a jugar en 1930. Con todo, el ascenso a Primera no se iba a producir hasta pasado un lustro, justo antes del estallido de la Guerra Civil y tras no poco sufrimiento.

Fichajes canarios

Joaquín Cárdenes abandonaba el Celta en 1931 para regresar a su tierra y vivir nuevos éxitos con su Tenerife. En Vigo dejó una hoja de servicios con un total de 68 partidos disputados y tan solo dos goles anotados, los ya mencionados anteriormente. Tras su retirada dirigió su carrera hacia los banquillos y empezó por entrenar a históricos equipos insulares como el Hespérides o el Price.

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Jugadores de las selecciones de España e Italia, antes de que se diese inicio al amistoso de 1928 en Gijón (Foto: equiposdefutbol2.blogspot.com)

En 1940 retornó a Vigo para reemplazar al inolvidable Ricardo Comesaña, primer técnico en lograr un ascenso a la máxima categoría con el Celta y también el primero en lograr la permanencia en la División de Honor. El regreso del ya técnico canario propició la llegada de cinco futbolistas —Mundo, Roig, Del Pino, Victoriero y Sabina— de origen insular a Vigo, que se unían a Antonio Fuentes —fichado durante el curso anterior— para imprimir un sello netamente canario al club olívico. Joaquín Cárdenes tan solo dirigió a los de celeste durante una temporada, en la que se pudo ver a un Celta de corte más técnico pero también más inconstante. Los barrizales del norte de España no reunían las condiciones ideales para el fútbol pausado y de toque de los futbolistas procedentes de las Islas Afortunadas. Los de celeste terminaron la liga en décima posición, lo que implicaba la disputa de un play-off por la permanencia que finalmente no fue necesario jugar. La ampliación de la máxima categoría hasta un total de 14 equipos permitió evitar la angustia de una eliminatoria que ya se había vivido un año antes, cuando un gol de Nolete envió al Deportivo a Segunda y evitó el descenso del Celta. En la competición copera se eliminó a Deportivo, Real Madrid y Oviedo, antes de caer en semifinales ante el Valencia.

Regreso a las islas

Baltasar Albéniz tomaría con éxito el relevo de Cárdenes y, con unos pequeños retoques, situó al Celta en la parte alta de la tabla durante dos campañas consecutivas. El técnico canario regresó de nuevo a las islas, donde dirigió al Tenerife. En 1947 el club chicharrero, bajo la batuta del preparador tinerfeño, derrotó por 2-0 en un partido amistoso al Real Madrid, en una victoria muy recordada en la isla. En la temporada 1947/48, un año antes de la integración definitiva de los equipos de las Islas Canarias en las competiciones nacionales, Joaquín Cárdenes sería destituido al no pasar el Tenerife de la quinta plaza en el Campeonato Insular.

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Futbolistas del Celta de 1928 (Foto: articulo.mercadolibre.com)

Y es que el fútbol de hace casi un siglo deja innumerables historias para recordar. La de Joaquín Cárdenes Dumpiérrez con el Celta tuvo lugar en dos actos, primero como jugador y después como técnico. Su calidad y su porte en el mediocampo de finales de los años 20 dejó paso a un sello de fútbol técnico que imprimió al equipo en el curso 1940/41, algo que no debía de resultar sencillo en los patatales de la época. Pero la semilla germinó y en la década de los 40 el Celta consiguió convertirse por méritos propios en uno de los grandes animadores de la máxima categoría del fútbol español.

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