Quien más, quien menos, todo el mundo tenía ya bastante claro que lo del Celta en Europa era, esta temporada, un brindis al sol. Puede que no al principio pero, con el paso de las jornadas, se iba viendo cada vez más claro que el equipo no asimilaba la idea de juego de Unzué y, lo que es más grave para este tipo de objetivos, los resultados tampoco acompañaban. En las últimas semanas, incluso meses, el técnico ha insistido sin descanso en que el séptimo puesto está a tiro y que su equipo debe seguir peleando por él. Pues en el Estadio de la Cerámica su Celta dio todo un máster sobre los problemas que lo han lastrado durante el año. Y ante un rival directo. A pesar de que las matemáticas aun no lo han descartado, hoy parece claro que el Celta no estará en Europa la temporada que viene.
Miguel Gallego | TintaCeleste

La visita a Vila-real era la enésima reválida para un equipo que esta temporada no ha conseguido convencerse a sí mismo de sus propias posibilidades, y mucho menos a su masa social. Y, a pesar de la insistencia, las últimas jornadas no han contribuido mucho a paliar esa sensación de fracaso que sobrevuela Vigo, hasta el punto de que ya ni siquiera un buen partido aislado sirve para cambiar la dinámica.

Los mismos errores

No fue el caso, desde luego, en el Estadio de la Cerámica, de donde el Celta se fue goleado y con el rabo entre las piernas. Aderezado con un par de errores garrafales del equipo arbitral que condicionaron la salida en tromba del Celta, el partido se convirtió enseguida en lo que el celtismo ya se ha cansado de ver. Un ejercicio estéril de posesión de su equipo, y una auténtica autopista a sus espaldas para que Bacca se ganara el paraíso en media hora.

El Celta de esta temporada no ha conseguido convencerse a sí mismo de sus propias posibilidades, y mucho menos a su masa social

Y, por si todo esto fuese poco, el Celta se marchó al descanso habiendo cometido dos faltas. Menos faltas que goles en contra. Puede que este sea el problema más grave de todos, precisamente porque el equipo de Unzué venía de dos partidos en los que no ganó, pero puso en apuros a dos rivales de Champions a base de presión y confianza. El Celta de Vila-real no pareció confiar en sí mismo en ningún momento, y menos en poder derrotar a un contrincante europeo. Ante un desenlace tan contundente se puede insistir en que el séptimo puesto sigue a cuatro puntos, pero no va a haber mucha gente que compre dicho argumento.

Temporada finiquitada

Llegados a este punto, es sintomático que ya se esté hablando más del futuro que de una temporada a la que aun le quedan tres partidos, incluyendo nada menos que un derbi y una visita al Bernabéu. No es habitual algo así, aunque la temporada pasada se dieron unas circunstancias parecidas tras dejarse ir el equipo completamente centrado en la Europa League. De hecho, los números son parecidos, a pesar de que este Celta no ha tenido más que un frente desde hace meses. El de Unzué tiene ahora mismo 45 puntos, exactamente los mismos que sumó hacer un año el Celta de Berizzo. Sin copas.

La fractura de Unzué con la grada era evidente, y parece que también existe con el Consejo de Administración

Con todos estos condicionantes, no es extraño que ya se hable del Celta 2018-19, que parece que no dirigirá Unzué. La fractura con la grada era evidente, y parece que también existe con el Consejo de Administración. Así que el proyecto podría tocar a su fin antes de lo deseado por todas las partes hace un año, cuando se dijo que se firmaban dos años. No es la primera vez que pasa eso en Vigo.

¿O noso derbi como terapia?

A pesar de que ya quede muy poco y todo el pescado parezca ya vendido, lo único que podría dejar un buen sabor de boca al celtismo parece otra victoria en el derbi. Y esto trae a la memoria el clásico de Riazor, al que el proyecto de Unzué llegó tambaleándose para salir muy reforzado. Tanto, que le sirvió para iniciar una serie de cinco partidos sin perder que lo catapultó definitivamente lejos de los puestos calientes.

El Celta de la temporada que viene será otro Celta, pero lo seguirá siendo en Primera. Y eso, hace no tantos años, parecía un sueño imposible

Ya no queda tanta Liga como para iniciar una reacción así, pero un triunfo en o noso derbi serviría para confirmar la hegemonía gallega y, de paso, para comparar la situación del Celta con la del eterno rival, ya descendido. Porque puede que la temporada de Unzué no haya sido como se esperaba, pero el objetivo irrenunciable, el mínimo al que se debe aspirar siempre, está conseguido. No hay que olvidarlo nunca, o se corre el riesgo de repetir dramas pasados. El Celta de la temporada siguiente parece que será otro Celta, pero lo seguirá siendo en Primera. Y eso, hace no tantos años, parecía un sueño imposible de alcanzar.

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