El dulce momento futbolístico que vivió el Celta a finales de los años 40 también se cobró alguna que otra víctima. Como suele suceder cuando un club modesto brilla más de la cuenta los ‘grandes’ no tardan en aparecer para intentar reforzar su plantilla a costa de debilitar al humilde y devolverlo a su ‘posición natural’. Un claro ejemplo se vivió en 1948, cuando el Real Madrid dejó al mejor Celta que se había visto en sus 25 años de historia sin piezas como Pahiño o Miguel Muñoz. También lo intentó —sin éxito— con Gabriel Alonso, que hubo de esperar tres años para dar el salto a la capital.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Gabriel Alonso llegó al mundo en la localidad vasca de Hondarribia en 1923. Jamás conoció a su progenitor, fallecido antes de su nacimiento, por lo que adoptó el apellido de su madre. La Guerra Civil le pilló en plena adolescencia, en la que desempeñó trabajos de aprendiz de farmacia y fontanería en su localidad natal. El Servicio Militar resultaría clave en su vida, ya que por puro azar le llevó hasta Ferrol recién cumplidos los 20 años. Allí iniciaría de manera seria una carrera como futbolista en la que desde siempre soñó con vestir la casaca del Real Madrid. El Racing disfrutó de sus servicios hasta 1946, justo cuando el conjunto merengue eliminó en la competición copera a los de Ferrol por un global de 7-2. Entonces se fue al Celta, que tras haber recuperado la categoría en 1945 comenzaba a conjuntar a un grupo de futbolistas que harían historia.

La llegada de Alonso a Vigo coincidió con la de otras dos inolvidables figuras: Ricardo Zamora y Miguel Muñoz. Pero la primera temporada del defensor vasco no iba a resultar tan brillante como la siguiente en cuanto a resultados. Como venía siendo habitual, el Celta se movió en la zona media-baja de la tabla con el único objetivo de lograr la permanencia. Esta se consiguió con cierta solvencia y fue en la Copa del Generalísimo en la competición en la que se empezó a vislumbrar el nacimiento de un equipo histórico. Y es que aunque los focos no se centrarían en el club olívico hasta la campaña siguiente, en 1947 ya se alcanzaron los cuartos de final de la competición del KO. Allí los de Zamora se llevaron un maltazo —12-1—en toda regla en San Mamés que les dejó fuera pero un año más tarde iban a aprovechar el aprendizaje. Alonso formó habitualmente en el costado derecho y mostró en todo momento raza, empuje y fogosidad.

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Gabriel Alonso, grandísimo zaguero y centrocampista del Celta de finales de la década de los 40 (Foto: yojugueenelcelta.com)

El curso 1948/49 comenzó de manera excelente en Vigo y se sumaron nueve de los primeros diez puntos en juego. La victoria por 4-1 en Balaídos sobre el Real Madrid dejó paso a una etapa más irregular, a pesar de la cual el Celta nunca bajó de la sexta plaza. Al paso por la jornada 18 los de Vigo visitaban Chamartín tras haber goleado al Nàstic de Tarragona y mantenido esa sexta posición.

Superioridad celeste

El 1 de febrero de 1948 los de Ricardo Zamora llegaban a la capital de España para enfrentarse a un equipo que, con siete puntos menos que los de Vigo, luchaba por no caer a puestos de descenso. El gol que conseguían los locales por mediación de Luis Molowny a los 14 minutos de juego no descompuso a los de celeste, muy superiores a lo largo y ancho de los 90 minutos. En el minuto 25 una buena jugada colectiva entre Hermidita, Retamar y Aretio concluyó con un remate por alto de este último que batió al guardameta Bañón. El Celta, ambicioso y con una gran intensidad en su fútbol, consiguió adelantarse antes del intermedio cuando Hermidita recogió un rechace del larguero a disparo de Pahiño y estableció el 1-2.

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Alineación del Celta en Chamartín (01/02/1948)

Chamartín asistió durante la segunda mitad a un ejercicio de impotencia de los de casa, que muy pronto vieron como Pahiño incrementaba la ventaja establecida justo antes del descanso. Vázquez y Retamar, extremos del equipo, participaron en la jugada y posibilitaron que el nueve céltico ‘mojase’. El propio Pahiño cerraría la cuenta de los de azul cielo al cabecear un centro de Juan Vázquez y colocar un contundente 1-4 que dejaba clara la superioridad de aquel gran Celta. El equipo al completo mostró un gran nivel pero las crónicas de la época señalan a Gabriel Alonso como el hombre más destacado. Impresionaron y mucho durante aquella tarde el poderío y el carácter de la medular olívica, motor de una delantera con dos extremos rápidos e incisivos y un gran nueve como Pahiño. Probablemente aquel 1 de febrero nació el interés del club blanco por incorporar a varios futbolistas del club vigués, circunstancia que cristalizaría pocos meses después.

Héroe rebelde

El Celta finalizó aquella campaña en una extraordinaria cuarta plaza, con un Real Madrid que se salvó del descenso por tan solo dos puntos. Los de Zamora completaron una temporada inolvidable, en la que alcanzaron la final de la Copa del Generalísimo. En el mismo escenario en el que había goleado al Real Madrid, el Celta no pudo con un Sevilla más fresco y que disfrutó de superioridad numérica durante media hora larga. La lesión de Simón justo cuando encajaba el 2-1 obligó a que Gabriel Alonso se situase bajo palos durante el tramo final del choque. Los de Vigo, mermados en lo numérico y agotados tras haber necesitado cuatro partidos para eliminar al Espanyol, claudicaron y cayeron por 4-1. Terminaba así una temporada histórica, en la que Alonso superó los 3.000 minutos de juego y consiguió jugar con la selección española frente a Portugal e Irlanda.

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Alonso, entre Gaitos y Yayo en la fila central, en una instantánea del equipo que jugó la final de copa de 1948 (Foto: celtahistoria.blogspot.com)

Durante aquel verano el Real Madrid tendió sus redes sobre Vigo y consiguió pescar a Pahiño y a Miguel Muñoz. Lo intentó también con Gabriel Alonso pero el Celta, que no quería desmantelar el equipo, consideró que era suficiente con vender a dos de sus estrellas. Esto provocó que el por entonces centrocampista céltico, frustrado por no poder cumplir su sueño de fichar por el equipo blanco, se declarase en rebeldía. De hecho no volvió a vestir la casaca celeste hasta finales de noviembre de 1948, cuando reapareció en Balaídos ante el Deportivo. Durante los meses anteriores se vivió un verdadero culebrón, con el futbolista intentando mejorar su sueldo si finalmente no era traspasado y con el club que no daba su brazo a torcer. Todo ello a costa, eso sí, de perder al jugador durante buena parte de la primera vuelta. Mientras la afición, muy enfadada con el club por haberse desprendido ya de dos grandes figuras, veía que el inicio de la nueva campaña volvía a colocar al equipo lejos de los de arriba. Con todo, el magnífico nivel de Alonso, en esta ocasión como zaguero diestro, le devolvió la titularidad y le permitió seguir acudiendo a las convocatorias de la selección española. Un nivel que mantuvo también durante la campaña 1949/50 y que le garantizó acudir al mundial de Brasil.

De Brasil a Chamartín

En tierras sudamericanas Alonso se convirtió en un baluarte dentro del esquema del seleccionador Guillermo Eizaguirre. Titular indiscutible en los seis partidos que jugó la selección, se le recuerda especialmente por su estrecho marcaje a Stanley Matthews y por haber iniciado la jugada que terminó con el histórico gol de Zarra. España completó la mejor actuación de su historia —a excepción, lógicamente, del título de 2010— en los mundiales y finalizó en cuarta posición. Dos meses después de la derrota ante Suecia en Sao Paulo, Gabriel Alonso vestía de nuevo la elástica celeste e iniciaba la que iba a ser su última campaña en Vigo. Muy asentado en la zaga junto con los Lolín, Gaitos y Otero, el de Hondarribia vivió, sin lugar a dudas, su época dorada como futbolista vestido de azul cielo.

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Alonso, cuarto por la derecha en la fila superior, con la selección española en el mundial de Brasil de 1950 (Foto: equiposdefutbol2.blogspot.com)

Al finalizar el curso vio, por fin, cómo su sueño de firmar por el Real Madrid se hacía realidad. Se incorporó a tiempo para jugar con los blancos la competición copera, en la que los de la capital no pudieron superar las semifinales. Durante los tres años siguientes vistió de blanco aunque su nivel ya no se aproximó al que se le había visto en Vigo. Ya cumplida la treintena, Gabriel Alonso viviría sus últimos años vestido de corto en el Málaga y el Rayo Vallecano.

La llegada de Alonso a Vigo coincidió con la de otras dos inolvidables figuras: Ricardo Zamora y Miguel Muñoz

Fueron aquellos unos años en los que el Celta se vio muy cerca de conseguir un título nacional. Un título que, casi 70 años después, todavía no figura en las vitrinas del club. Gabriel Alonso, que falleció en 1996, formó parte de todo aquello como actor principal. Y, aunque finalmente consiguió hacer realidad su sueño de fichar por el Real Madrid, no cabe duda de que sus mejores prestaciones las ofreció en Vigo. Su carácter y su combatividad se dejaron ver durante varias temporadas en Balaídos y en el resto de estadios de Primera División. Como sucedió en Chamartín, en aquella gran goleada conseguida en el mes de febrero de 1948.

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