A la deriva. Así se puede considerar la trayectoria del Celta de finales de los 70. La historia del ‘equipo ascensor’ que comenzó en 1975 no vislumbró su final hasta más allá de una década más tarde. Ni siquiera algún que otro fichaje de relumbrón pudo aportar un poco de estabilidad a un club que se acostaba en Primera y al día siguiente se levantaba en Segunda B. Buena fe de ello puede dar el brasileño Ademir, gran futbolista de la época que, al igual que el equipo, no consiguió ofrecer un rendimiento constante durante los cinco años que jugó en Vigo.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Ademir Vieira nació en São Paulo en octubre de 1951 poco más de un año después del maracanazo que supuso el último título mundial conseguido hasta la fecha por la selección uruguaya. Del Santo Andre brasileño pasó al Olhanense portugués, en el que participó de un ascenso a Primera y logró que varios de los equipos más importantes de Portugal se fijasen en él. Allí jugaba como delantero, algo que iba a cambiar tras dejar el club del Algarve.

De cara a la temporada 1975/76 Benfica, Sporting, Vitoria Guimarães o Boavista peleaban por hacerse con sus servicios. Pero sería finalmente el Porto quien se llevaría un fichaje que durante las primeras campañas no consiguió brillar. Futbolistas como Teófilo Cubillas o Antonio Oliveira le cerraban el paso y no le permitían alcanzar un protagonismo que llegaría por fin en el curso 1977/78. El equipo del norte de Portugal, que llevaba 19 años sin conquistar el título liguero, iba por fin a cambiar su dinámica perdedora. El próximo día 28 se cumplirán 40 años de un partido histórico que le situaba de nuevo en lo más alto del fútbol luso. Aquel día el Porto recibía en Das Antas al Benfica en un choque que se le complicó con un gol en propia meta nada más sonar el pitido inicial. El mal fario parecía cebarse con los Dragões, que se estrellaban contra la zaga visitante una y otra vez. Tuvo que ser en el minuto 82 tras una jugada a balón parado cuando Ademir enganchó una volea que se incrustaba en las redes del Benfica. El empate servía a los locales, que certificarían el título dos semanas más tarde tras golear al Sporting Braga. El brasileño retrasó durante esta época su posición en el campo para jugar como centrocampista, algo que funcionó muy bien y que le serviría para el futuro.

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En el Olhanense comenzó el periplo europeo de Ademir (Foto: paixaopeloporto.blogspot.com)

Lesión de rodilla

Precisamente en aquel Porto-Sporting Braga los ojeadores del Celta tomaron buena nota de aquel medio volante que conjugaba la técnica propia del fútbol brasileño con una innegable visión de juego y un cierto olfato goleador. El objetivo del Celta era Bernardo Francisco da Silva, delantero angoleño del Braga más conocido como Chico Gordo pero el foco de atención se desplazó desde aquella tarde hacia Ademir. El Celta pagó un traspaso de 13 millones de pesetas y el de São Paulo llegaba como el fichaje estrella de cara al retorno a Primera. De Chico Gordo nunca más se supo.

En la categoría de bronce el Celta se paseó y Ademir consolidó su continuidad, tras disputar 34 encuentros y añadir cinco tantos más a su cuenta

El 12 de octubre de 1978 Ademir debutaba con el Celta en partido de copa frente al Alondras. El brasileño marcaba su primer tanto con la casaca celeste, que servía para colocar un 0-4 inapelable en Cangas. Después encadenó cuatro partidos de liga como titular pero el 5 de noviembre, día en que el Real Madrid visitaba Balaídos, la mala fortuna se iba a cruzar en su camino. Diez minutos después de batir a Miguel Ángel —su primer gol en liga— se rompió los ligamentos de la rodilla derecha, lo que le obligó a pasar toda la temporada en blanco. Mientras tanto el Celta perdía la categoría, por lo que Ademir pasó en pocos meses de conquistar un título de liga en el país vecino a verse por sorpresa en la División de Plata. Y, tal y como suele suceder en estos casos, el regreso se volvió mucho más duro.

Regreso en Segunda

Un mal estreno del equipo en el curso 1979/80 no favoreció la continuidad del brasileño, perjudicado por la pronta sustitución de Pedrito por Carmelo Cedrún. Con todo, no le costó demasiado convencer al técnico vasco de sus cualidades y, a partir de la jornada 17, se convirtió en habitual dentro de las alineaciones de aquel Celta. Sin embargo, a pesar del ‘efecto gaseosa’ que el equipo experimentó tras la llegada de Cedrún, la cosa no rodaba y a principios de la segunda vuelta los de celeste caían a puestos de descenso.

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En Oporto se recuerda mucho el gol que consiguió Ademir frente al Benfica en 1978 (Foto: cuerosytacos.blogspot.com)

A finales de marzo de 1980 visitaba Balaídos el Levante por primera vez en su historia en partido oficial. El equipo dirigido por Enrique Pérez Pachín aventajaba en un punto al Celta, que se encontraba igualado con un Racing de Santander que ocupaba puesto de descenso. Carmelo dispuso una formación encabezada por Fermín Hortas bajo palos. La zaga venía integrada, de derecha a izquierda, por Suso Santomé, Gelo, Manolo y Noly. Pereira, Vicente, Antonio Gómez y Culafić se repartían la medular, con Mori y Del Cura como hombres más avanzados.

Cabezazo y victoria

El Celta no comenzó mal y dispuso en las botas de Culafić y Mori de dos buenas oportunidades para adelantarse en el primer cuarto de hora. En el minuto 26 de juego llegaba un clásico de la época, que consistía en cambiar a un jugador sub 20 que debía partir de inicio para cumplir con la normativa. En esta ocasión le tocó al rubio y apático —tal y como era calificado por la prensa del momento— Vicente marcharse al banquillo y dejar su sitio a Ademir. Justo entonces se ponía por delante el Levante tras aprovechar el delantero Cazaurang para cabecear —esta vez se trataba de un clásico atemporal— una jugada a balón parado. Afortunadamente el Celta iba a empatar nada más sacar de centro en una jugada no exenta de polémica. Un balón enviado por Mori a Del Cura fue cabeceado por este a gol. El guardameta Lanas detuvo el esférico pero el árbitro interpretó que el balón había traspasado completamente la línea de meta. Entonces los nervios nublaron la mente de los locales, quienes a pesar de haberse sobrepuesto al gol encajado, no conseguían carburar. Ademir, sobrepasado por la gran cantidad de funciones que debía asumir, no daba abasto. Cerca ya del descanso un lanzamiento de falta ejecutado por el brasileño se marchó pegado al palo. Y justo antes del paso por la caseta un cabezazo de Mori dejaba ver síntomas de recuperación en los de celeste.

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Ademir completó dos grandes temporadas con el Celta entre 1980 y 1982 (Foto: alineacionesinternacional.blogspot.com)

Durante el segundo tiempo los protagonistas acusaron la pesadez del terreno de juego, muy castigado por las lluvias. Un par de acercamientos de los visitantes y alguna que otra jugada embarullada en área levantinista fueron de lo poco que se puede rescatar. En el minuto 75 de juego Vavá, quien se había incorporado poco antes en sustitución de Mori, se fue por banda y colocó un gran centro que Ademir cabeceaba a las mallas granotas. Era un gol importantísimo que iba a conceder los dos puntos a los de Carmelo y les permitía adelantar al Levante en la tabla. El brasileño totalizó 10 tantos en liga en aquella campaña que, lamentablemente, no iban a servir de mucho. Cinco derrotas en los últimos diez partidos condenaron a los de Vigo a lo que parecía imposible, el descenso a Segunda B.

Doble ascenso

En la categoría de bronce el Celta se paseó y Ademir consolidó su continuidad, tras disputar 34 encuentros y añadir cinco tantos más a su cuenta. Llegaba el curso 1981/82 y los de Vigo regresaban con fuerza a la División de Plata situándose muy pronto como claros candidatos al ascenso. El centrocampista brasileño, pieza fundamental para Pavić, superó los 2.500 minutos en liga y contribuía con un buen número de asistencias al regreso a Primera, dentro de una montaña rusa que no iba a parar. Por desgracia el de São Paulo, tras haber disputado con el Olhanense un amistoso en Boston sin permiso del club, llegaba lesionado en su tendón de aquiles en el verano de 1982, lo que le obligaba a pasar por el quirófano en el mes de julio. Su no presencia seguramente tuvo mucho que ver en que el Celta no lograse mantenerse en Primera en aquella temporada, en la que Ademir tan solo pudo jugar 45 minutos. Fue en el Helmántico, en partido que los de celeste perdieron por 1-0 y en el que el centrocampista sudamericano sufrió molestias que derivarían en una tendinitis crónica. El club, vistos los precedentes del verano anterior, decidía rescindirle el contrato y Ademir regresaba al Olhanense, equipo donde jugó dos años más y con el que extendería su vínculo una vez finalizada su carrera como futbolista.

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El curso 1982/83 fue el último con la elástica celeste para el jugador brasileño (Foto: todocoleccion.net)

Es una de tantas historias de aquel Celta que vivía permanentemente instalado en una montaña rusa. A Ademir Vieira le tocó llegar justamente en un momento crítico que le permitió ser testigo de una circunstancia tan atípica como la de vivir de carrerilla dos descensos consecutivos seguidos de otros tantos ascensos. Dos graves lesiones le impidieron brillar como realmente le hubiese correspondido ya que sus características como centrocampista con calidad técnica, equilibrio y gol elevaban y mucho el nivel medio de cualquiera de las plantillas con las que contaba el Celta por entonces.

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